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Mas: "La reforma constitucional rompe las reglas de la transición"

Arremete sin citarlos contra los indignados por el sitio del Parlament

Artur Mas se estrenó ayer en su discurso institucional televisado con motivo de la Diada como presidente de la Generalitat dando por rotas de manera definitiva las reglas del juego de la transición española. La causa: la reforma de la Constitución acordada por PSOE y PP, "dejando de lado a uno de los principales artífices de la transición: el catalanismo". Para el líder nacionalista, "esto supone un cambio profundo del que Cataluña ha de tomar nota y que, obviamente, no será neutral ni inocuo en la relación entre Cataluña y España".

El dirigente catalán considera que existe una visión uniformista y excluyente de España que "afecta negativamente a todos los catalanes", al margen de su origen y sus creencias religiosas, y que se ejemplifica en la reapertura del debate sobre la lengua. Para Mas, la inmersión lingüística "no es una finalidad en sí misma, sino un medio para lograr una sociedad más cohesionada". El presidente recordó que el modelo de escolarización en catalán surgió en un contexto de gran consenso y que goza de una "aceptación social muy mayoritaria".

Han pasado ya varios meses desde que los indignados sitiaran el Parlament el pasado 15 de junio, pero Mas no se estuvo tampoco en su discurso de arremeter contra ellos sin citarlos. Se trata, dijo, de "minorías que suplantan las mayorías reales" porque, argumentó, "no siempre el que más chilla tiene más razón. Y al que coacciona no se le puede dar la razón", apostilló. Era el final de un párrafo en el que el presidente llamaba a "no dejar que se instale entre nosotros una actitud destructiva hacia el sistema de representación democrática". La "apuesta de una sociedad basada en el diálogo y la deliberación colectiva no es lo mismo que la violencia y la coacción disfrazadas de demandas".

También aprovechó el discurso para justificar los recortes de su Gobierno en sanidad, educación y prestaciones sociales aunque, en su opinión, no suponen un debilitamiento del Estado de bienestar. "Creo francamente que no es así", manifestó y justificó la "contención del crecimiento del endeudamiento" como "único camino" para asegurar que las generaciones futuras puedan disfrutar del Estado de bienestar levantado en las últimas décadas. "Pido comprensión a todo el mundo para evitar que las deudas excesivas de hoy no se conviertan en una losa para las generaciones futuras. Un legado de deudas impagables no sería éticamente aceptable", defendió, aunque apostó por una actitud "de escucha atenta" de quienes viven una situación más difícil.

En tono positivo, Mas no quiso perder la oportunidad de reivindicar "los valores propios", "la fuerza de creer en nosotros mismos", contra "las variables en juego en las que nuestra capacidad de influencia es poca o nula". El presidente apeló a "los países trabajadores, creativos y de mentalidad abierta" que "están avanzando en medio de las dificultades".

En el tramo final, Mas aseguró que el futuro se presenta como "un conjunto de retos económicos, consecuencias sociales, falta de repeto a nuestra cultura y lengua, y cuestionamiento de nuestro autogobierno" e invitó a los catalanes a actuar "con inteligencia" y a "trabajar duro".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de septiembre de 2011