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Reportaje:Bestiario estival

Serpientes de verano

Hubo un tiempo en el que a los ovnis todavía se les llamaba platillos volantes

Quisiera cerrar este bestiario con un clásico del periodismo. Hoy en día este recurso ya ha quedado bastante obsoleto, pero en sus buenos tiempos, las serpientes de verano fueron presencia obligada en toda publicación. Suponía la llegada anual de noticias sobre el monstruo del lago Ness, o sobre una nueva aparición del yeti, y, por supuesto, sobre las anomalías volantes en el cielo.

En sincronía con los avistamientos pioneros de Estados Unidos, en julio de 1947 se publicaba el primer caso español de platillos volantes, ocurrido en Albacete, en el que varias personas dijeron ver un objeto extraño que sobrevolaba sus casas. El siguiente caso tardó casi tres años en llegar. Fue en marzo de 1950, cuando el sereno de la plaza de España de Zaragoza dio cuenta del paso de una nave circular, que dejaba un rastro rosáceo. Y esa misma noche veían algo similar en Murcia, aunque lo describían del tamaño de un balón de futbol. Aquella primavera hubo una auténtica psicosis con este tema; se veían aparatos por todas partes. Para no ser menos, ese 25 de marzo se comunicaba el primer avistamiento conocido en Barcelona. Según parece, cerca del mediodía un peatón comenzó a gritar y a señalar hacia las nubes -en la plaza de Cataluña-, afirmando a quien quisiera escucharle que había visto cruzando el cielo un artefacto esférico y muy brillante, que se perdía a toda velocidad por el horizonte.

El verano de 1951 no se habló de otra cosa que de naves procedentes de Marte y rayos cósmicos

Cada año, con el calor, los hombrecitos verdes eran motivo para comentarios de todo tipo

El 31 de marzo la cosa se puso al rojo, con un nuevo platillo volante sobre Barcelona. Esa madrugada, varios testigos trasnochadores volvieron a observar un objeto volador, otra vez sobre las plazas de Cataluña y Urquinaona. Según contaron a la prensa, aquel aparato giraba a gran velocidad, y llevaba unas lucecitas rojas, verdes y blancas. Incluso lo llegó a ver el señor García de Castro, colaborador del servicio meteorológico barcelonés, que en la azotea de su casa disponía de una pequeña estación astronómica y pluviométrica. No había pasado ni un mes, cuando los avezados comerciales de Muebles la Fábrica inundaron la ciudad de platillos volantes de cartón, que una avioneta hizo caer sobre los desprevenidos transeúntes. La colchonería La Gloria también se anunciaba con idéntico truco. En el teatro Arnau del Paralelo se estrenaba la revista Los platillos volantes, con libreto de Bonavía y Mestre. Y en los periódicos, las bombillas Excel aseguraban ser "la lámpara eléctrica tan radiante como un platillo volante".

En febrero de 1951, se conseguía explicar por vez primera otro avistamiento ocurrido pocos días antes en Barcelona, como la caída a tierra de un meteorito. La ciencia contraatacaba y se llegaban a hacer chistes sobre el asunto. Ese verano no se habló de otra cosa que de naves procedentes de Marte, globos sonda, rayos cósmicos, meteoros, armas nazis, blancos para tiro de misiles, vehículos experimentales americanos, ingleses y rusos. Incluso se llegó a decir que se trataba de naves secretas de la VI Flota norteamericana; sobre todo cuando los inmensos cuatrimotores Superconstellation comenzaron a aterrizar en El Prat, colapsando con su presencia la carretera de Castelldefels. Mientras, en noviembre de 1952 llegaban ocho platillos volantes a Barcelona. Eran la principal atracción del Circo Americano, que empapeló la ciudad con su silueta. Y en 1954, el señor Norberto Trompeta denunciaba en comisaría -entre el choteo general-, haber sido agredido con un platillo volante que le lanzó a la nuca su madre política.

Hasta mediados de los años sesenta, el tema se fue repitiendo cada verano. El famoso oficio periodístico dio pábulo a toda clase de especulaciones. Con el calor, los hombrecitos verdes eran motivo para comentarios de todo tipo. Seres como el que todavía guarda la Fundació Miró; rechoncho, bajito, con sus ojos redondos y escuetas extremidades, que el gran pintor barcelonés fundió vagamente extraterrestre. Impresionado con tanta noticia, Camilo José Cela escribió: "El día menos pensado, uno de esos hombrecillos nos leerá un mensaje del rey de su país. Y entonces -y solo entonces- sabremos qué carta quedarnos". Ahora ya no importaba tanto saber qué eran, como de dónde venían aquellos objetos. Hasta que en 1966 aparecía por primera vez el término ovni, y con él comenzaba una nueva época. Aunque la serpiente de verano, como este agosto, empezaba a dar ya sus últimos coletazos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 31 de agosto de 2011