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Editorial:

La maldición del FMI

Una acusación de abuso de poder complica el trabajo de su nueva directora, Christine Lagarde

El Tribunal de Investigación de la República Francesa ha aceptado a trámite un procedimiento contra la flamante directora general del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, acusada de abuso de poder. Los hechos se remontan a 2007, cuando Lagarde era ministra de Economía e intervino como árbitro en el litigio que mantenía con el Crédit Lyonnais el controvertido exministro socialista y posterior partidario del presidente Sarkozy, Bernard Tapie. El Tribunal deberá pronunciarse sobre si Lagarde perjudicó a la entidad financiera, obligada a pagar una indemnización millonaria a Tapie. Desde el entorno de Lagarde se asegura que la investigación es una "completa locura".

Que lo sea o no es lo que tiene que esclarecer el Tribunal de Investigación, un órgano encargado de las causas judiciales que afecten a aforados. El procedimiento, que podría acarrear penas de prisión, puede demorarse varios años, durante los que Lagarde seguramente será citada a declarar en varias ocasiones. Aparte de los efectos que la aceptación de la causa puede proyectar sobre la política francesa, al afectar a una dirigente próxima a Sarkozy, sus consecuencias más graves se proyectan sobre el FMI. Lagarde llegó a la Dirección General tras la dimisión de otro francés, Dominique Strauss-Kanh, acusado de violación. Los problemas de la nueva responsable llegan cuando aún no se han apagado los ecos de la polémica en torno a si, como es tradición, la dirección del Fondo debe corresponder a un europeo, algo que pusieron en duda los restantes candidatos a la sucesión de Strauss-Kahn.

La situación que atraviesa la economía mundial incrementa la gravedad de este episodio, al convertir al Fondo en noticia, no por las decisiones que está obligado a tomar, sino por los problemas judiciales de sus máximos responsables. Las razones de oportunidad no pueden pesar para reclamar el abandono del procedimiento si Lagarde hubiera incurrido en abuso de poder. Pero tampoco el tribunal francés puede actuar con los ritmos habituales en otros casos. El Fondo constituye uno de los instrumentos imprescindibles para hacer frente a la crisis que atraviesa la economía mundial, y de ahí que recaiga sobre la justicia francesa la responsabilidad de aclarar en el menor plazo posible la situación de Lagarde. Un nuevo escándalo en la jefatura de la institución representaría un grave contratiempo. Pero mantener la incógnita sería una maldición aún mayor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de agosto de 2011