Movilizaciones con escaso eco
Un centenar de indignados siguen las protestas bajo una fuerte presión policial
"¿No quieres ir a cantar con ellos?", le preguntó ayer una madre a su hijo, pertrechado con mochila y toalla. "¡No! ¡Quiero ir a la playa!", le contestó el crío. Estaban en la estación de metro de Ciutadella-Vila Olímpica y los que cantaban era los indignados. Ayer empezaron a movilizarse a primera hora de la mañana. El objetivo inicial era bloquear los accesos a la ciudad cortando la Diagonal y la Meridiana, pero no fueron suficientes para hacerlo.
Luego querían llegar a las doce al hospital del Mar para sumarse a las protestas por los recortes, pero no llegaron a tiempo. Una quincena de furgones de los Mossos d'Esquadra los esperaban a la salida del metro. La policía los rodeó y durante más de una hora retuvo e identificó a 77 personas. Una escena similar ya se había producido unas horas antes, sobre las nueve, en el centro de asistencia primaria (CAP) de Río de Janeiro, junto a la avenida Meridiana. Allí la policía identificó a 45 personas después de que accediesen al CAP. En ningún caso hubo detenidos.
Un portavoz policial adujo que los indignados marchaban en protestas no comunicadas y que algunos de ellos, a su paso por el paseo de Gràcia, antes de entrar en el metro, habían provocado destrozos en algunos bancos y tiendas, y los propietarios lo habían denunciado.
Finalmente, el centenar de manifestantes llegaron al centro hospitalario. La policía les impidió plantarse en la puerta. Tuvieron que conformarse con estar en la acera de enfrente. La protesta duró hasta primera hora de la tarde, con escasa participación.
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