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Crítica:

Banquete de infidelidades

La arquetípica película francesa con cena de burgueses en su interior podría haber desaparecido del mapa después de que Luis Buñuel y Jean-Claude Carrière pasaran cual caballo de Atila sobre el tópico en la insuperada El discreto encanto de la burguesía (1972). Desafiando a la lógica, la tradición sobrevivió a ese ataque frontal y llega hasta nuestros días moviéndose entre la incisiva lucidez -Como en las mejores familias (1996), sobre el texto teatral de Agnès Jaoui y Jean-Pierre Bacri- y la obviedad hipertrófica -Pequeñas mentiras sin importancia (2010), donde la cena es sustituida por un tedioso veraneo-.

Guionista al servicio de memorables comedias de Louis de Funès, como La gran juerga (1966) o Las locas aventuras de Rabbi Jacob (1973) y de ambiciosas propuestas de Patrice Chéreau, como La reina Margot (1994) o Los que me quieren cogerán el tren (1998); antes de debutar en la dirección, Danièle Thompson ha hecho de la comedia coral su particular instrumento para afrancesar lo alleniano: en Cena de amigos, la reunión sembrada de secretos, infidelidades y mentiras se resuelve en dos tiempos y, si bien no rompe con los códigos del socorrido esquema, logra algún que otro giro gratificante. Los personajes encarnados por Pierre Arditi y Patrick Chesnais aportan un estimulante contrapunto al juego de autoengaños, con la mirada del perro viejo que relativiza los desvelos de sus sucesores generacionales. Blanca Li defiende con energía un papel menos anecdótico de lo que parece.

CENA DE AMIGOS

Dirección: Danièle Thompson. Intérpretes: Dany Boon, Karin Viard, Patrick Bruel, Pierre Arditi, Blanca Li, Patrick Chesnais.

Género: comedia. Francia, 2009. Duración: 100 minutos

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de julio de 2011