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Un triunvirato femenino para Brasil

La jefa de Gabinete y la ministra encargada de las Relaciones con el Congreso ocupan los puestos clave del Ejecutivo de la presidenta Dilma Rousseff

Río de Janeiro

¿Ha llegado la hora de la mujer en el poder político en Brasil? "De repente, a pesar de su fama de machista, Brasil se despierta gobernado por mujeres", escribió ayer el famoso novelista Heitor Cony. Se refiere al golpe de mano dado estos días por la presidenta Dilma Rousseff con la creación de un triunvirato de mujeres para gobernar el gigante sudamericano tras la dimisión del jefe de Gabinete y exministro de Economía estrella de la era Lula, Antonio Palocci, investigado por haber multiplicado su patrimonio por 20 en los últimos cuatro años.

Los tres cargos más importantes del Ejecutivo lo ostentan tres mujeres: la propia presidenta Dilma Rousseff; la nueva ministra de la Casa Civil -jefa de Gabinete o de la Presidencia-, la senadora Gleisi Hoffman; y la nueva ministra de Relaciones Institucionales, la exsenadora y exministra de Pesca, Ideli Salvatti. Esta última es responsable del siempre difícil entendimiento entre la presidencia, los 10 partidos aliados del Gobierno y el Congreso.

Los colegas de Hoffmann la llaman el Tractor y a Salvatti, la Fiera

Otras ocho mujeres estarán al frente de importantes ministerios o secretarías generales como los de Medio Ambiente, Planificación, Cultura, Derechos Humanos, Igualdad Racial, Desarrollo Social y Mujeres. Con estos nombramientos, Dilma Rousseff, acusada hasta ahora de ser solo el "tercer Gobierno de Lula", acaba de reivindicar que ella es la que manda en "su Gobierno" y que los importantes nombramientos de Ideli Salvatti y Gleisi Hoffman fueron "una decisión" suya.

Sobre el triunvirato, Lula se limitó a comentar que si lo había decidido así Rousseff es porque era la mejor opción. En realidad, el expresidente insistió hasta el último momento ante Rousseff para que mantuviera en el cargo a Antonio Palocci, pero la presidenta desoyó las peticiones.

El hecho de que las tres mujeres fuertes del Ejecutivo brasileño aparezcan más como gestoras que como políticas experimentadas ha llevado a decir a los analistas que el Gobierno de Brasil será a partir de ahora más técnico que político. Al paso de esta afirmación, que ha sonado a negativa, ha salido la misma Rousseff recordando que "no puede existir una separación entre gestión y política", ya que en todas las democracias modernas "no es posible el desarrollo económico y el político sin una política de gestión moderna y el uso de las tecnologías".

Lo que preocupa a la clase política masculina, dueña hasta ahora del poder en Brasil, es que las componentes del triunvirato tienen más fama de decididas que de diplomáticas, de mujeres de hechos consumados que de articuladoras de equilibrios políticos. Las tres son conocidas por su carácter enérgico y se supone que se volcarán más en la defensa cerrada del Ejecutivo que a negociar con el Congreso.

Se cuenta a menudo en Brasil que un amigo íntimo de Lula le preguntó por qué había escogido a una mujer como candidata para sucederle. Y el expresidente le respondió: "Tienes que saber que Dilma tiene más coraje que nosotros dos juntos". Lo mismo, o más, puede decirse de las ministras Hoffmann y Salvatti, apodadas el Tractor y la Fiera, respectivamente, por sus colegas parlamentarios.

De la flamante jefa de Gabinete se cuenta que en las sesiones del Senado no tomaba decisiones sin antes saber, a través de su teléfono móvil, del que no se separa nunca, si la presidencia estaba de acuerdo o no y nunca fue excesivamente cortés con sus colegas senadores a los que les pedía que "cerrasen la boca". Tanto el Partido de los Trabajadores (al que pertenece el triunvirato femenino) como el mayor partido aliado, el PMDB, hicieron todo lo posible para que el nuevo ministro de Relaciones Institucionales fuera un hombre y que saliera de la Cámara baja. De hecho, a la toma de posesión de Salvatti acudieron solo una decena de los 505 diputados.

La estrategia tras la dimisión de Palocci y las designaciones revela una mayor autonomía de Rousseff respecto de Lula, según los analistas. Entre otras cosas, la presidenta acaba de enviar al expresidente socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso (predecesor y gran rival político de Lula) una carta con motivo de su 80 cumpleaños, elogiando lo que él hizo para la estabilización de la economía, la derrota de la inflación y la consolidación de la democracia en Brasil.

La jugada de Rousseff representa una incógnita y una apuesta arriesgada que podrá consolidar o socavar su liderazgo político. Al margen de que la política en Brasil siempre ha sido cosa de hombres, la gran polarización de grupos y líderes ha forzado a los sucesivos Gobiernos a forjar pactos y distribuir cargos y prebendas para hacer posible la gobernabilidad. Y el triunvirato no parece muy dispuesto a seguir esta tradición.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de junio de 2011