Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Sus defensas contra sus huesos

La espondilitis aparece cuando los linfocitos atacan las articulaciones de la cadera - Dos de cada mil personas padecen en distinto grado esta enfermedad

Iván Arriaga, un madrileño de 34 años, padece espondilitis anquilosante, una enfermedad autoinmune que afecta sobre todo a las articulaciones que unen el hueso sacro con la cadera. Por eso es muy invalidante: duele, produce rigidez y la persona puede acabar sin poder moverse. "Un día, jugando al fútbol me dio un dolor en la cadera que me quitó la respiración. Desde 2000 que me diagnosticaron la enfermedad hasta 2004 que empecé con unos fármacos nuevos, tomé muchas medicinas y viví momentos de crisis porque el dolor no desaparecía, y no me dejaba ni dormir", asegura. "Ahora estoy feliz. El truco, además de la medicación, es hacer ejercicio sin movimientos bruscos", afirma.

La espondilitis pertenece a un grupo de enfermedades reumáticas que afectan a dos de cada 1.000 personas, aunque hay estudios, como uno en Berlín, que lo aumentan a dos de cada 100. De ellos, el 60% padece espondilitis. Su origen es desconocido, y se manifiesta con inflamación, tumefacción y rigidez en las articulaciones.

El uso de células madre se perfila como una opción de tratamiento

Como le sucedió a Iván, la espondilitis anquilosante aparece en edades jóvenes, entre los 18 y los 30 años, y, al contrario que otras enfermedades autoinmunes, como el lupus, afecta más a hombres que a mujeres. Las terapias biológicas que bloquean la molécula alfa-antiTNF, presente en la cascada de la inflamación, son las más eficaces. En los casos más avanzados, la inflamación crónica genera crecimiento de hueso, fusión completa, e inmovilización de la articulación. Es lo que, en el caso de las vértebras, se conoce como columna en caña de bambú.

"Hasta ahora se pensaba que el hueso nuevo se formaba después de la inflamación o de forma concomitante, pero ahora hay evidencias de que son dos procesos acoplados pero separados y que, probablemente, hay otros mecanismos involucrados", explica Eduardo Collantes, jefe de servicio de Reumatología del hospital Reina Sofía de Córdoba.

La Sociedad Internacional de Expertos en Espondiloartropatías (ASAS en sus siglas en inglés) ha desarrollado unos nuevos criterios diagnósticos, todavía para ensayos clínicos, para su detección precoz. El resultado es que se pueden identificar un 15% más de pacientes.

Eugenio de Miguel, del hospital de la Paz de Madrid, es uno de los pocos expertos del mundo que utiliza la ecografía con este propósito. "Las espondiloartropatías son difíciles de diagnosticar precozmente. En 2005 empezamos a hacer ecografías en el tejido que une el tendón y el hueso en pacientes con dos años de evolución de la enfermedad. Ahora hemos comprobado que ofrece un ratio de probabilidad de pronosticar la enfermedad similar al de la resonancia", sostiene.

Pero los avances no terminan aquí. Hay muchas esperanzas puestas en las células madre. "Estas células o sus derivados pueden ser fármacos potenciales para una amplia horquilla de enfermedades que, como las artropatías, tienen como denominador común la inflamación", subraya Francisco Vizoso, jefe de la unidad de investigación de la Fundación Hospital Jove de Asturias. Algo que aún está por comprobar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de abril de 2011