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La 'abuela' de Barcelona

Hallado un enterramiento neolítico, con los restos de una mujer de hace 6.000 años, durante la ampliación del aparcamiento de la plaza de la Gardunya

De complexión menuda, estatura mediana, cráneo aplastado, mandíbula llena de caries y huesos medio destruidos por la acidez del suelo. Los restos de esta posible mujer, ni siquiera están seguros los investigadores de su sexo, habrían pasado inadvertidos de no ser por su edad: 6.000 años de antigüedad, algo que la convierten en uno de los primeros individuos que habitaron la llanura que acabó siendo Barcelona. La abuela de Barcelona ha permanecido seis milenios sepultada, bajo tres metros de tierra en la plaza de la Gardunya, junto al mercado de la Boqueria, en pleno barrio del Raval. Hace unos días, las excavadoras que removían la tierra para ampliar el aparcamiento de la plaza acabaron con su plácido descanso devolviéndola a la vida.

Los restos han aparecido en el interior de un enterramiento de fosa, formado por un pozo en vertical terminado en un espacio excavado en la roca, y en la misma postura en que fueron colocados: en posición fetal con los brazos y piernas totalmente doblados como intentando ocultar su flaca desnudez a los curiosos que estos días se acercan a verla.

Pese a su estado actual, la mujer conserva ciertos detalles de feminidad (que con el tamaño de su pelvis y de su cráneo serán determinantes para saber su sexo): luce en su muñeca derecha un brazalete de variscita (un mineral parecido a la turquesa, aunque más verdoso) que se extrajo, posiblemente, de las minas de Gavà que estaban en plena actividad en este momento, y, en el cuello, un collar realizado con minúsculas cuentas de esteatita y un colgante hecho con un enorme colmillo de jabalí (de un antepasado de los muchos que todavía viven Collserola), que ahora se confunde con sus huesudas costillas.

Parece mentira que los restos se hayan conservado intactos, no tanto por la frenética actividad que se vive en estos días en la zona, llena de excavadoras y operarios que deconstruyen la plaza, sino por la alta presencia humana que allí ha habido. La excavación arqueológica que dirige Albert Velasco y supervisa Ferran Puig, jefe del Servicio de Arqueología del Museo de Historia de Barcelona (Muhba), han puesto de manifiesto que allí vivieron y se enterraron romanos, que hubo actividad en la época medieval y se han conservado parte de los restos que han quedado del convento de Santa María de Jerusalén, en pie entre los siglos XV y XIX.

"Estos restos excepcionales nos permiten estudiar los lugares habitados por nuestros antepasados en la prehistoria, así como los rituales funerarios de los primeros payeses y ganaderos", asegura Joan Roca, director del Muhba. Los trabajos están siendo minuciosos: toda la tierra que rodea los huesos se llevará junto con los restos al centro de conservación del museo. "Se trata de saber si se depositaron flores sobre el cadáver y si el enterramiento estuvo acompañado de un ritual determinado", asegura Puig. Además, el CSIC ha facilitado un escáner en 3D que permitirá reproducir, sin tocar sus delicados huesos, todos los detalles del esqueleto de la mujer y todas las piezas que han aparecido. Lástima que la tecnología no permita saber, todavía, qué pensó y qué vivió esta abuela de Barcelona.

Desierto arqueológico

Hasta hace unos años se pensaba que la zona comprendida entre el mar y el Tibidabo era un desierto arqueológico más allá de la presencia de romanos que habitaron el llano a partir del siglo I, tras fundar la colonia Barcino junto al mar.

Pero el panorama ha cambiado. A finales del siglo XX aparecieron restos neolíticos en diferentes lugares de Ciutat Vella. Junto al monasterio de Sant Pau del Camp se excavó, en 1998, una necrópolis con más de 20 enterramientos y una gran presencia de material lítico. En 2009 se descubrieron dos enterramientos (un adulto y un niño) y un asentamiento estable donde han aparecido más de 8.000 fragmentos de cerámica y utensilios en la calle de la Reina Amàlia. A finales de 2010, los trabajos del AVE pusieron al descubierto en Sant Andreu los restos de otro enterramiento de 5.000 años de antigüedad. Los responsables del Muhba tienen previsto organizar una exposición -dentro de dos o tres años- para mostrar este rico patrimonio que no deja de sorprender sobre el pasado de la ciudad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de abril de 2011

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