Análisis:EL ACENTO
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Un compromiso histórico

Los estampados de leopardo ya combinan bien con el rojo sindicalista. Así se evidenció el pasado sábado cuando se dio cita una potente variedad de invitadosen el añejo salón del Consell de Cent del Ayuntamiento de Barcelona. El motivo era asistir a la ceremonia de boda entre Óscar Cornejo y Jaume Collboni. El primero, productor de programas de éxito como Sálvame o La noria, contrajo matrimonio con el ex jefe de campaña de José Montilla y ahora diputado socialista en el Parlamento de Cataluña con prometedor futuro en el partido. Un compromiso histórico unió lo que simbólicamente han sido, al menos en teoría, dos universos antagónicos: la izquierda y los programas televisivos que atraen al gran público. La dirección del Partit dels Socialistes de Catalunya, fajada en el cinturón rojo, tuvo ocasión de confraternizar con la crema de la frivolidad mediática.

Sobre el suelo de ese salón que pisaron Jaime el Conquistador o el duque de Berwick -triunfador de la batalla de Almansa que disolvió el Consell de Cent- contrastaba el rojo de pies a cabeza del secretario general de UGT de Cataluña, José María Álvarez, con el estampado de leopardo de la mediática Belén Esteban. Y qué decir de la austeridad franciscana de un Montilla frente a los complementos fucsia de Karmele Marchante. El ensamblaje de dos mundos que han dejado de ser antagónicos fue perfecto para lo que resultó ser una boda como las de toda la vida. Los hermanos de los contrayentes fueron los encargados de dar el toque personal a la ceremonia. Los cónyuges sintieron el flechazo del amor en una fiesta en la Nochevieja de 2008. No hubo beso a la salida del Ayuntamiento, pero sí banquete y por todo lo alto.

Fue en el hotel Vela, la obra de Ricardo Bofill que se yergue en el corazón del litoral barcelonés. El edificio, uno de esos símbolos

de gran lujo de los que solía abominar la vieja izquierda, fue el broche de esa síntesis, de esa comunión de ideas de los que han dejado de ser dos mundos en conflicto: la izquierda realmente existente y aquellos que saben cómo encontrar eco entre las masas. Cosas de la modernidad líquida.

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