Tormenta en el Thyssen de Málaga

María López, directora del museo, y Tomàs Llorens, miembro del patronato, dimiten en protesta por las injerencias de la baronesa y del alcalde de la ciudad

Las cosas de la gestión cultural en un país llamado España. Solo han transcurrido 20 días desde que el Museo Thyssen de Málaga abrió sus puertas con pompa y circunstancia y con Antonio Banderas incluido como maestro de ceremonias... y el proyecto ya hace agua. Todo un récord en la historia de los museos.

Lo que se inauguró en el recuperado palacio Villalón con 230 obras del XIX español prestadas durante 15 años por Carmen Cervera al Ayuntamiento ha entrado en una crisis de complicada solución. La directora del centro, María López (Madrid, 1975), y el asesor y patrono Tomàs Llorens (Almassora, 1936), ex conservador jefe del Museo Thyssen de Madrid, dimitieron ayer por lo que consideran injerencias de la baronesa y del alcalde de la ciudad, el popular Francisco de la Torre Prados, en la vida del museo. La controversia estalló el pasado 23 de marzo en forma de nombramiento de un director gerente, Javier Ferrer, "coordinador" de la alcaldía desde hace 10 años y persona ajena al mundo del arte, al que se ha dado todo el poder sobre el centro.

"La colección es mía y hago con ella lo que quiero", dice Carmen Thyssen
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Un museo sin credibilidad

Carmen Cervera restó ayer importancia a las dimisiones con el argumento de que, en el caso de Llorens, su labor de asesor había concluido con la apertura del museo. En el caso de la directora, anterior responsable de exposiciones de la Fundación Mapfre, la baronesa llegó a declarar a este diario que María López se marchaba por asuntos personales, entre ellos su falta de aclimatación a Málaga. "En todo caso, la colección es mía y hago con ella lo que quiero. Soy la presidenta del patronato y el alcalde es el vicepresidente. No son necesarias las excusas. Hay montones de grandes profesionales en este país que estarán deseando venir al museo", añadió.

Carmen Thyssen aseguró: "Si decido hacer un orden cronológico, así se va a hacer, y si lo prefiero de otra manera, también... y siempre con total limpieza y pagando todos mis gastos. Cada desplazamiento y cada factura las pago de mi bolsillo. Espero que nadie sugiera ninguna otra cosa".

Ni Tomàs Llorens ni María López hablan de despilfarros por parte de la baronesa. Sus argumentos se ciñen a lo estrictamente profesional y a unas funciones que tenían y que se han visto alteradas desde el nombramiento del gerente. Ferrer, un hombre de perfil puramente político, ha asumido todas las funciones tradicionalmente gerenciales y también las artísticas, las que hasta ahora correspondían a María López en función del concurso de buenas prácticas al que se presentó y ganó.

En su escrito de dimisión, Tomàs Llorens explica que se designó como gerente "de modo discrecional y sin proceso de selección alguno" a una persona que "carece de experiencia en la gestión de museos o instituciones artísticas". Por su parte, la hasta ahora directora del museo explicaba ayer que se presentó al concurso porque había un atractivo plan de aproximación al arte del siglo XIX. "Avalado por alguien como Tomàs Llorens, el proyecto me pareció magnífico", argumentó María López, quien admitió sentir "un disgusto atroz". Especialmente dolorosa fue para ella la salida de José Garín, jefe de promoción del Museo. "Se le cesó sin darme ninguna razón. Envié una carta al alcalde y no sirvió de nada. Me marcho por dignidad. Soy muy joven para tragar con cualquier situación", zanjó.

Carmen Cervera reconocía ayer el papel de Tomàs Llorens en el Thyssen de Madrid y su contribución a que el de Málaga sea hoy posible, pero insistió en que Llorens carecía de cargo formal. "Es miembro del patronato. Si se va, espero mantener mi amistad con él. Pero vino para ayudar, lo mismo que el jefe de mantenimiento del museo en Madrid. Cuando todo está en marcha, ya no son necesarios. Y me sabe mal que María se vaya, pero buscaremos a otra persona. Hay muchas".

María López y la baronesa Thyssen, en una sala del Museo Thyssen de Málaga, cuando aún no habían estallado las desavenencias.
María López y la baronesa Thyssen, en una sala del Museo Thyssen de Málaga, cuando aún no habían estallado las desavenencias.JULIÁN ROJAS
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