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Diga ahorrar, no recortar

Mas se lanza a minimizar el efecto de los recortes de CiU

Muchos todavía recuerdan cuando a la crisis se le llamaba desaceleración de la economía y los pisos no bajaban de precio sino que decrecían en valor. A un mes y medio para las elecciones municipales y con las tijeras presidiendo las mesas de todos los departamentos, el Gobierno de Convergència i Unió (CiU) se ha lanzado también por la senda de los eufemismos tras constatar el malestar que comienza a instalarse en muchos sectores por el recorte de los servicios públicos. Medio en broma medio en serio, Artur Mas incluso instó a rectificar ayer a la directora de Televisió de Catalunya en la entrevista que le hizo en horario de máxima audiencia. El presidente de la Generalitat pidió a Mònica Terribas que dejara de hablar de "recortar" y sustituyera tan malsonante palabra por un eufemístico "ahorrar".

Ya sea por unas encuestas que comienzan a desinflarse o por temor a provocar más alarma de la estrictamente necesaria, el presidente de la Generalitat trató de transmitir en sus dos comparecencias de ayer el mensaje de que ni el recorte va a ser tan grave ni sus consecuencias tan insalvables. "Todo lo que estamos haciendo es una inversión para ir a mejor, tampoco hay que exagerar los sacrificios", dijo Mas en TV-3.

Horas antes, ante un nutrido grupo de empresarios en el foro Barcelona Tribuna, el presidente de la Generalitat trató de edulcorar los recortes sanitarios asegurando que la menor inversión en sanidad no tiene por qué implicar la supresión de camas que todos los hospitales públicos dan por hecha. Por la noche recurrió a la figura de Jordi Pujol, a quien atribuyó la edificación del Estado de bienestar en Cataluña, para que nadie crea que un gobierno de CiU destruirá su obra. "No somos los grandes desmanteladores del Estado de bienestar", afirmó.

Toca hacer recortes pero sin dejar de transmitir optimismo. Mas dejó claro que practicará esta máxima y alertó a la oposición que si no lo hace pagará las consecuencias. Por ejemplo, no habrá nuevas cumbres contra la crisis si los partidos de la oposición no acuden con voluntad de acuerdo. Y toca vender optimismo aunque el propio presidente crea que Cataluña se encuentre en un "vía crucis". Y es que, a pesar de que el de Jesucristo terminó mal, Mas sacó a relucir su faceta de creyente, para concluir que "al final de todo, la cosa acabó bien".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de abril de 2011