EL PROBLEMA CATALÁN

Cataluña-España: ¿tiene arreglo?

Un revisionismo frívolo de la Transición, un liderazgo político débil, unos jueces más políticos que juristas, y ya no vale todo lo avanzado. Lo dicen Felipe González y Miquel Roca

Algo se ha roto entre Cataluña y el resto de España. Esto ha sucedido en un contexto de dificultades económicas y desarrollo tecnológico que obligan a preocuparse de un marco más amplio: el desplazamiento del poder mundial hacia países emergentes y el compromiso de Europa en ese nuevo escenario. De ello conversan Felipe González, socialista, expresidente del Gobierno, y Miquel Roca, figura importante del nacionalismo catalán y uno de los siete padres de la Constitución, en un libro coordinado por el periodista Lluís Bassets. Aquí hablan políticos veteranos e inmunes a la antipatía que se insufla hacia Cataluña en un sector de los españoles y la que una parte de los catalanes alimentan hacia España: "Yo no logro sentirme incómodo en Cataluña", afirma González. "Ni yo en Madrid", remata Roca.

González y Roca no ahorran críticas al Partido Popular por la situación creada, ni alfilerazos a Zapatero

Ambos defienden a capa y espada la Transición y consideran un desastre la pérdida del espíritu de diálogo y voluntad de acuerdo de entonces. ¿Y por qué ha sucedido esto? A su juicio, la falta de un buen liderazgo político ha contribuido a la crisis. Ninguno de los dos ahorra críticas muy duras al PP, ni alfilerazos a José Luis Rodríguez Zapatero, el actual presidente del Gobierno.

Lo cierto es que Cataluña ha llegado al más alto grado de incomodidad con el Estado autonómico, cuando dispone del nivel de autogobierno mayor de su historia. Roca se explica esta paradoja por la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, adoptada sin consideración alguna al voto que lo había refrendado: "Ha abierto una herida muy complicada". En su opinión, el recurso del PP contra el Estatuto fue "una deslealtad que dificulta enormemente que la gente pueda olvidar y genera una gran desafección, un sentimiento de irritación". A Felipe González le parece aún más increíble que el eslogan "se rompe España" alcanzara el clímax cuando había "cuatro puntos de crecimiento de la economía, un 5% de desempleo, una sensación de que todo es fácil en la vida hedonista y todo el mundo vive bien". "Hemos entrado en una dinámica absolutamente disparatada", sentencia.

"Hicimos toda la Transición hablando de nación de naciones y no pasaba nada ni había problema alguno en que así fuera. Ahora ya no es así", constata Roca, quien se rebela contra un periódico que dijo: "Ya en la época de la Constitución cedimos demasiado".

Roca. ¿Qué quiere decir "cedimos demasiado"? ¡Como si fuera suyo lo que han cedido!

González. Lo que vivimos es una regresión.

Bassets. Un revisionismo.

Roca. Todo se centra en "lo que cedimos". Y claro, este discurso unos lo notan más que otros. En Cataluña se nota más, porque se vive más intensamente en la ambición, en el deseo y en la realidad del autogobierno. Yo creo que ha hecho mucho más daño esto que el discurso de contenidos competenciales.

Los dos políticos hablan extensamente del Constitucional y de la actitud del PP:

Roca. Los jueces del Tribunal sabían que estaban allí exclusivamente por una razón política. Eso descalifica totalmente el resultado.

González. No todos.

Roca. Sí, pero hay unos razonamientos políticos que dominan por encima de los razonamientos jurídicos. A los nuevos magistrados, a los que deseo suerte, les va a costar mucho rehacer el crédito de la institución, que ha quedado tocada.

González. No es que el recurso [del PP] esté atacando al nuevo Estatut. Está atacando a la autonomía, incluido el anterior Estatut. Está haciendo un ajuste de cuentas con una historia que no les gusta.

Roca. La gran legitimación del PP, y lo pongo entre comillas, es este argumento: "El pacto del salón del Tinell fue un pacto terrible". Ya lo discutirán entre ellos, quiero decir entre los firmantes y el PP, puesto que yo no estaba... Ni yo, ni Convergència, porque también se hizo al margen de Convergència. Pero, claro, hay un límite a cualquier reacción contra un pacto que no te gusta. Y lo que no puedes hacer ante un pacto que no te gusta es poner en crisis toda la estructura constitucional.

En opinión de Roca, lo que está en juego es "la pervivencia de todo un sistema en democracia, en libertad y en progreso". Lo argumenta así: "Los valores constitucionales forman un paquete. No puedes comprarlos trocito a trocito, coger uno y rechazar el otro".

Roca. Esto a lo que llamamos problema catalán no nos lo inventamos nosotros. Está ahí y nunca había estado tan cerca de arreglarse como lo ha estado ahora. Nunca. Y esto es lo que molesta más, que cuando se habían dado pasos fabulosos para empezar lo que pudiera ser una normalización, resulta que en los últimos años se destroza todo. La cierta radicalización que se está produciendo en Cataluña solo tiene dos soluciones: o prospera la radicalización, o prospera la integración en la realidad política. Ahora ya no nos valdrán los términos medios. O adelanta la radicalización y progresa lo que llamaríamos la vía independentista, o tenemos que forzar desde la participación que la política que se realice desde el Estado sea de mayor comprensión hacia lo que se está planteando desde Cataluña.

González. No tengo más remedio que pronunciarme. Yo lo respetaré sea cual sea la deriva. Si la deriva por la que se va es la equivocada, todos perderemos 30 años.

Para el expresidente, el contenido de la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto "sería casi irrelevante" con un liderazgo fuerte. Pregunta a Roca si está de acuerdo: "Totalmente", le responde. No mencionan nombres, pero es evidente que se refieren a Zapatero.

Roca. Felipe no tenía mala acogida en Cataluña, los resultados no le iban mal. No tuvo necesidad nunca de decir que lo que aprobase el Parlamento catalán él lo votaría íntegro [se refiere a la promesa de Zapatero en 2006].

González. Ni que lo que aprobasen los interlocutores sociales lo iba a llevar adelante.

Roca. Estos errores se pagan, porque generas ahí una frustración enorme.

González. No es una frustración, Miquel, llamemos las cosas por su nombre.

Roca. O una irritación.

González. La irritación es posterior, pero en el momento en que dices eso generas una especie de subasta entre los grupos para ver quién pide más para su tierra y quién lo lleva más al límite. ¿Por qué? Porque el régimen es de subasta.

¿Las dificultades políticas pueden deberse a un mal relevo entre generaciones? "Eso lo hemos hecho mal. Siempre", reconoce González. Tercia Roca: "Yo creo que el relevo generacional se produce en la política y se produce en todos los campos. Convertirlo en dogma es una imbecilidad". Para González, el relevo político en España "no se ha hecho bien, no se han intercalado generaciones, a diferencia, por ejemplo, de Alemania, donde las distancias generacionales de un líder a otro no son de 20 años; eso resulta allí muy excepcional". Bassets les presiona: "¿Tenemos una clase política de baja calidad?". "Felipe no sé si te podrá contestar", responde Roca, "pero yo sí. Hombre, si en ese momento, después del relevo generacional que representa Zapatero, la esperanza es que vuelva Rubalcaba, pues ya está todo dicho, ¿no?". -

Miquel Roca y Felipe González, en uno de sus  encuentros para el libro.
Miquel Roca y Felipe González, en uno de sus encuentros para el libro.GORKA LEJARCEGI

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 03 de abril de 2011.

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