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Reportaje:

Un siglo de tránsito por otras lenguas

Hace 100 años que abrió en Madrid la primera escuela oficial de idiomas - Hoy 400.000 alumnos en toda España aprenden en ellas a buen precio

Hoy hay 400.000 alumnos estudiando 23 lenguas en las 300 escuelas oficiales de idiomas repartidas por toda España. Una extensa red de centros oficiales en los que un curso impartido por profesores cualificados cuesta -en caso de acceder a alguna de las buscadísimas plazas- unos 100 euros. Todo empezó en unas modestas aulas en el número 3 de la cuesta de Santo Domingo, en pleno centro de Madrid. El Ministerio de Instrucción Pública pagó 6.000 pesetas anuales a la condesa de Medina y Torres para alquilar el bajo derecha, en el que echó a andar la que se llamó Escuela Central de Idiomas. Se cumplen 100 años de aquel primer curso, que fue doblemente pionero: se enseñaba mediante el "método directo" y, hecho insólito en la España de la época, en las clases se mezclaban hombres y mujeres.

La Gaceta de Madrid publicaba, el 2 de enero de 1911, esta real orden: "S. M. el Rey (que Dios guarde) ha tenido a bien disponer" la creación de la Escuela Central de Idiomas, en la que se iban a cursar estudios de "francés, inglés y alemán". Los alumnos no podían exceder de 30 por clase. Y los profesores iban a cobrar 2.000 pesetas al año, lo que, en la práctica, les obligaba a mantener otro trabajo para llegar a fin de mes. "Muchos eran periodistas o ingenieros que se habían formado fuera; otros trabajaban en facultades o cámaras de comercio", explica Pilar Díaz, comisaria de la exposición 100 años dándote la palabra, que se inauguró ayer en el Centro Cultural Galileo.

Ese primer año se matricularon más de 300 alumnos. El curso siguiente hubo que alquilar a la condesa también el bajo izquierda. "A pesar de no haber en la Escuela amplias galerías ni patios, ni holgadas estancias de espera y descanso, la corrección, respeto y formalidad son tan completos dentro de nuestro centro como pudieran serlo en las universidades norteamericanas", escribió Rodolfo Gil Fernández, director entre 1920 y 1930. Se refería básicamente a la convivencia entre hombres y mujeres. Ellas, como se puede ver en fotos de la época, superaban en número a los hombres. Un hecho bastante extraordinario si se tienen en cuanta las estadísticas sobre educación femenina a principios del siglo XX: en 1909 / 10 solo 340 mujeres estudiaban bachillerato.

En solo seis meses se abrió una clase de español para extranjeros y otra de árabe vulgar (marroquí, en respuesta a intereses comerciales). Poco después empieza a impartirse italiano, portugués y esperanto. No había exámenes ni se usaban libros de texto. A diferencia del método usado en las facultades o el bachillerato, basado en la traducción y la gramática, el primer año se empezaba con vocabulario y fonética ("método directo"). El examen final se hacía ante un tribunal, y solo después de haber terminado los cuatro cursos del idioma.

Estalló la Guerra Civil y las clases se suspendieron. El director, José Argüelles, profesor de árabe, hijo de militar destinado en Marruecos, fue detenido y encarcelado. Su hija Enriqueta, de 83 años, visitó ayer la exposición sobre la historia de las escuelas oficiales. "Mi padre hablaba poco de esa época. Fue depurado y no pudo seguir con su carrera profesional", recordaba. Argüelles, un conocido arabista y muy respetado por sus compañeros, según destaca el libro recién publicado Escuelas oficiales de idiomas 100 años: 1911-2011, murió en 1965 sin haber recuperado su puesto. No volvió a dar clases. Al acabar la guerra solo la mitad de los alumnos continuó sus estudios; el equipo directivo estaba en el exilio o en la cárcel. Todos los profesores fueron investigados: muchos tuvieron que abandonar su puesto. Poco a poco, entre penurias económicas, la escuela fue recuperando la normalidad.

Los alumnos de alemán, que se habían duplicado en 1933, tras la subida de Hitler al poder, aumentaron a principios de los años cuarenta. Tras la II Guerra Mundial, cayeron a menos de la mitad. Díaz explica otras curiosidades, como la incorporación del ruso a los idiomas de la Escuela. Fue en 1957, en plena guerra fría, cuando España ni siquiera tenía relación diplomática con la Unión Soviética. Las clases eran una singular mezcla humana: antiguos combatientes de la División Azul, simpatizantes del Partido Comunista y profesoras que habían sido niñas de la guerra. "En todas las clases había un policía secreta, que solía marcharse al mes de empezar, cuando veía que allí solo se iba a estudiar", relata Díaz.

En 1965 se empieza a impartir chino por primera vez en una institución pública española. Ya hay más de 10.000 alumnos que estudian nueve idiomas impartidos por 149 profesores. Para entonces, el inmueble alquilado a la condesa -la Escuela ocupaba ya el bajo y el primer piso- no da más de sí. En 1966 se construye un nuevo edificio en Chamberí, el que sigue ocupando la ahora llamada Escuela Oficial de Idiomas Jesús Maestro. Abren escuelas en Valencia, Bilbao y Barcelona y, con ellas, la red empieza a crecer. Siguieron incorporándose idiomas: japonés (1975), rumano (1976)... El catalán se impartía desde 1970; el euskera, desde 1975. En los años ochenta, con la adhesión a la Comunidad Económica Europea, llegan el danés, el griego y el neerlandés.

Una exposición, un libro y un congreso celebran este año el centenario de las escuelas, que hoy dependen de las comunidades autónomas y están en plena lucha para conseguir poder impartir y certificar el nivel C, el más alto según el marco de referencia europeo. "Se debe poder ofrecer al alumnado el acceso a los niveles superiores de competencia lingüística en instituciones sostenidas con fondos públicos", señalan los autores del libro conmemorativo, que han estado meses buceando en los archivos de la antigua Escuela Central de Idiomas -salvados pese a que el centro estuvo en plena zona de combates durante la guerra- y han recuperado para la exposición antiguos carnés de alumnos, cartas de los directores, recuerdos de exalumnos (María de Maeztu, Trinidad Arroyo...) y profesores ilustres (Pedro Salinas), etcétera. Entonces, como ahora, la característica de la Escuela era la heterogeneidad del alumnado. Lo explica Elena Rodríguez Halffter, profesora de inglés jubilada que dio clases casi 30 años: "He tenido alumnos policías, taxistas, gente de Embajadas, exiliados políticos... La escuela ha sido un crisol de culturas, de generaciones, de puntos de vista...".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 29 de marzo de 2011