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Reportaje:

Las reinas del pop

En una industria tradicionalmente dominada por los hombres, una nueva generación de solistas femeninas se abre paso a golpe de letras descaradas y mucha personalidad. Ahora son ellas las que llevan la voz cantante.

Hace dos años, la prensa anglosajona se hacía eco del impacto en las listas de ventas que supuso la aparición de Lady Gaga, La Roux, Little Boots y un largo etcétera de cantantes femeninas electropop. Un dato que la industria interpretaba como una respuesta natural al retroceso global de las bandas rock de chicos, basándose en factores ambientales y casi esotéricos: en épocas de crisis, la gente necesita algarabía y buen rollo. Por tanto, una chica que sale al escenario subida a horcajadas de un cohete (Katy Perry) tendrá más posibilidades de triunfar que una panda de tipos peludos que actúan mirándose a los pies.

Con todo, Nick Raphael, responsable en el Reino Unido de Epic, mítico sello absorbido por Sony BMG, alertaba en el periódico británico The Guardian de lo efímero del asunto: "El mercado solo es lo bastante grande como para sostener a cuatro o cinco de ellas. En Navidad solo quedarán tres. Y en pocos años miraremos atrás y solo habrá una a la que consideremos realmente significativa, a la altura de Aretha, Whitney y Mariah. Todos estamos luchando por ese lugar".

Cada paso de Robyn invita a la reflexión. ¿Se anticipa al futuro de la industria?

La tendencia que se desprende de las cifras poco tiene que ver con su género

Por un lado están las 'pin-ups' coquetas y 'sexies', y por otro, las contestonas

Asistimos al auge de la cantautora pop que compone y decide sobre su imagen

"El mercado solo podrá sostener a cuatro de ellas", opina un escéptico

Vivimos en la era de la dictadura del 'dance'. Hoy es casi la norma

"Algunas mujeres eligen perseguir a los hombres. Otras eligen sus sueños"

"Es la dinámica del 'yo también quiero'. Como si a los cazatalentos hombres -y siempre son hombres- les hubiesen dicho que salieran a la calle y no volvieran si no era con un contrato firmado por una solista jovencita y fotogénica", corroboraba en The Observer la periodista musical y activista del feminismo Miranda Sawyer. Aunque luego matizaba: "Hay otros factores que también explican este fenómeno. Una chica se supone que es más fácil de manejar que una banda de chicos. Estasas tienen miembros, y esos miembros se pelean. Pero no solo te evitas los gritos. Llevar la carrera de un artista en solitario resulta lógicamente más barato". Por su parte, Leonie Cooper, del influyente semanario New Musical Express, simplificaba la ecuación afirmando que en un momento en el que hay "más mujeres que van a conciertos y compran revistas de música es totalmente lógico que haya más diosas del pop".

Es pronto para enterrar cualquiera de las carreras de las arriba mencionadas, pero es evidente que el mercado actual, espoleado por el ritmo que marca el nuevo escenario digital, canibaliza las nuevas apuestas a una velocidad de vértigo.

De las estrellas gestadas en los tres últimos años, sean del sexo que sean, solo el porvenir de Lady Gaga (que dos años después de debutar ha arrasado con una gira mundial comparable en volumen a Madonna o a U2) y quizá el de Rihanna parecen de momento fuera de toda sospecha. James Oldham, cazatalentos en uno de los sellos de la omnipresente multinacional Universal, advertía de que la saturación del protagonismo de lo femenino era poco menos que inminente: "Los fans de Oasis siguen ahí, esperando el momento en que llegue otra banda similar".

¿Responde el asalto de artistas femeninas a las listas realmente a una tendencia? ¿Estamos ante una moda efímera que impepinablemente sucumbirá a la preponderancia masculina natural en el pop? ¿Es inevitable que el curso de la historia obedezca a designios tan machistas? ¿No sería más preciso pensar que, simplemente, sobrevivirán las que consoliden su propuesta, como ha ocurrido siempre con cualquier banda?

La propensión a generalizar de los medios de comunicación lleva años clasificando la aparición de la mayoría de nuevas estrellas femeninas mainstream en dos apartados. Por un lado, la pin-up coqueta y sexy (Kylie Minogue, Beyoncé, Britney Spears, Christina Aguilera, Duffy). Por otro, la pin-up rebelde y moderadamente contestona (Avril Lavigne, Gwen Stefani, P!nk, Lady Gaga, Amy Winehouse).

Durante casi una década hemos asistido a un espectáculo monitorizado por blogs, televisiones y tabloides en el que tuvimos la sensación de que la única vía de la que disponían estas artistas para evolucionar se limitaba a un cambio de apartado. O en el mejor de los casos, a varios, como Madonna. Pero siempre fluctuando entre las dos mismas direcciones. Así, Beyoncé se redimía inventando a Sasha Fierce, su álter ego más faltón y agresivo. La angelical Christina Aguilera llamaba al hipervitaminado fotógrafo David LaChapelle para que le otorgara credibilidad en un videoclip semilésbico subidito de tono de nombre Dirrty. Y Britney Spears, entre escándalo y escándalo, se rapaba el pelo al cero, regalando a los paparazzi una de la imágenes más icónicas de la década anterior.

Y justo en el sentido contrario, Avril Lavigne cambiaba sus zapatillas Converse All Stars de punki de centro comercial por unas plataformas y un liguero. Gwen Stefani, los pantalones hardcoretas por una alianza fashion (y más fotografiable) con su amigo John Galliano. Y P!nk, sucumbiendo a base de tinte a la creencia universal de que los caballeros las prefieren rubias, renunciaba al rosa que le daba nombre por el platino Marilyn.

La irrupción en las listas de ventas de EE UU y Reino Unido de personalidades tan dispares como Janelle Monáe o Florence + The Machine ha demostrado estos últimos meses que las cosas no eran tan sencillas. Y aplaza, si no desmiente, la inminencia de la saturación. O acalla temporalmente a sus teóricos.

Las verdaderas tendencias que se desprenden de las cifras poco o nada tienen que ver con el género de sus protagonistas. En primer lugar, asistimos al auge y la consolidación de la cantautora pop, aquella que compone sus propias canciones y tiene la última palabra sobre su imagen (Lady Gaga, Jessie J, Nicki Minaj o Clare Maguire). Un modelo que se impone con fuerza al de marioneta al servicio de la industria. Algo que se hace especialmente evidente en la figura de Robyn. La sensación sueca del electropop es propietaria de su propio sello, Konichiwa Records. Además, la cantante y compositora ha anticipado un posible cambio de modelo en la distribución y promoción musical, publicando tres álbumes en un mismo año a la vez que giraba ininterrumpidamente.

Exceptuando el caso de Adele, que ha arrasado, a los dos lados del charco, con su segundo disco, 21, también se trasluce que el mercado ya no está obsesionado con buscar una diva soul-pop que cubra la ausencia de Amy Winehouse. En cambio, las voces particulares e inequívocamente reconocibles, como la de la barbadense Rihanna, se promueven en otros géneros, fundamentalmente bailables. Vivimos en la era de la dictadura del dance. Madonna sorprendió al mundo cuando anunció que su disco de 2005 Confessions on the dancefloor estaría completamente enfocado a las discotecas. O sea, que no incluiría ni media balada. Hoy podríamos decir que es prácticamente la norma. Y decenas de artistas confían en una reducidísima élite de productores (Dr. Luke, David Guetta, RedOne, Stuart Price...) para que les fabriquen el sonido que les sacuda la caspa en la pista el máximo tiempo posible.

Aunque hay cosas que no cambian. Que el sexo aumenta las ventas es una obviedad. Que estas féminas lo usan para incrementar las suyas, también. Así lo hizo Britney Spears allá por 2000 cuando, con su millonario debut Baby one more time, irrumpió en escena vestida de colegiala libidinosa que andaba a vueltas con Dios. Y así lo hacen las integrantes de lo que una bitácora bastante gamberra (Hipster runoff) ha bautizado como slutwave. Un término no particularmente respetuoso, pero que la blogosfera abraza con fruición y que la edición estadounidense de Rolling Stone ha nombrado género del año.

La casi ausencia de ropa y las letras explícitas son las principales características de esta etiqueta, cuya traducción al español más cercana sería "ola de fulanas". Pues menuda novedad, pensarán. Pero lo cierto es que un concepto tan arcaico como el de echar el cebo de lo carnal está experimentando su cara más extrema en manos de Lady Gaga, Katy Perry y, sobre todo, Ke$ha, la cantante que debutó con un tema orientado al público preadolescente en el que aseguraba que se lavaba los dientes con una botella de Jack Daniels.

Entre el sujetador cónico de Madonna y una foto de esta angelina de 24 años filtrada por la web de Pérez Hilton en la que sale cubierta por lo que parece semen -mientras seduce a la cámara con mirada de éxtasis poscoital- hay la suficiente distancia como para que la suspicacia se cuele por ella. ¿Es la slutwave otro fenómeno pop sin mayores consecuencias? Recuerden en qué quedó el ínclito "girl power!" de las Spice Girls. ¿O es esta nueva ola el último azote del feminismo?

Por mucho que Rihanna cante "Yo nunca hago el papel de acosada / prefiero ser el acosador", hay voces que precisamente acusan a algunas de estas poderosas mujeres de ponerse al servicio del patriarcado al hacer suyos recursos de la narrativa machista. Es el caso de la rapera Nicki Minaj, que reivindica la feminidad empleando viejos chascarrillos propios del gangsta rap más misógino. ¿Pero existe una postura feminista viable en el género sin recurrir (o incluso, parodiar) a los tópicos? Según la especialista Menda Francois, sí. Y cita como ejemplo un verso de Lauryn Hill: "Mientras tú imitas a Al Capone / yo seré Nina Simone y me cagaré en tu micrófono". La frase, asegura, representa una crítica legítima a la hipermasculinidad y el falocentrismo que domina el hip-hop.

Efectivamente, si sumamos las consignas sexistas y la actitud de mujer objeto, el resultado no se ajusta precisamente a lo que el feminismo entiende por empowerment (otorgamiento de poderes) de la mujer. Pero para Enric Palau, codirector del festival de música electrónica Sonar, la cosa no iría más allá de la anécdota. El ejemplo es el grupo Yo Majesty, un trío de hip-hop femenino de Florida que tocó en su festival en 2009: "Dan la vuelta a los tópicos masculinos reproduciendo sus actitudes. Vamos, que si 50 Cent se lleva la mano al paquete, ellas también lo hacen. Eso resulta muy chocante para el público. Aunque lo que más interesante me parece es cómo estas mujeres están consiguiendo permeabilizar el ambiente. Lo mejor será que dejemos de hablar de música hecha por mujeres y hablemos del factor femenino".

En todo caso, nadie puede negarles el alfa a estas hembras. Ya sea mimetizándose con el género masculino o haciendo lo contrario, entre todas han construido una identidad colectiva con un alentador discurso en positivo. "Algunas mujeres eligen perseguir a los hombres y otras eligen perseguir sus sueños. Si no sabes qué camino tomar, recuerda que tu carrera nunca te despertará de la cama para decirte que ya no te quiere", defiende Lady Gaga.

Será una contradicción, pero resulta que, en estos tiempos de corrección política, crear verdadera polémica no es tan fácil. Por muy deliberadamente provocadoras que sean, las componentes del slutwave son un producto de lo más vendible. Un caramelito del que dar buena cuenta desde distintos frentes. "Hoy en día, para ser una estrella del pop tienes que ser una celebridad, tener exposición en los medios. Capacidad mediática. Que si Cuore, que si Vogue...", cuenta el músico Mauro Canut. Y si algo no les falta a estas chicas es la atención.

Protagonizan la esfera social, y las marcas no dudan en casarse con ellas en régimen de gananciales. Cheryl Cole es la actual embajadora de L'Oréal para el Reino Unido; Lady Gaga fue imagen de Mac, y en el año de su centenario, Nivea ha contado con Rihanna para celebrarlo.

Santiago de Mollinedo es el director de Personality Media, una agencia de asesoría para anunciantes. Desde su posición de mediador, desvela que "las marcas que utilizan estos personajes de forma más activa son especialmente las de moda y belleza. Tienen una mayor flexibilidad creativa y capacidad de inversión. Son las artistas, por tanto, las que cuentan con un mayor presupuesto en publicidad, siendo esta la principal fuente actual de ingresos del sector musical".

"Sin ser particularmente novedosa, sí es cierto que la idea de promover a una estrella del pop como icono de un estilo de vida está más vigente que nunca", confirma David Miah, que se ocupa de las relaciones comerciales entre artistas y marcas que establece la discográfica Universal en el Reino Unido. Según este insider, estamos hablando de un nivel cero en lo que a compromiso se refiere. Por ambas partes. "Las artistas femeninas se muestran especialmente predispuestas a estrechar lazos con la publicidad porque les cuesta menos encontrar el balance entre integridad y éxito comercial. No es el caso de la mayoría de artistas masculinos. Lady Gaga usa el product placement en sus vídeos, y por algún motivo pocos ponen en duda su autenticidad. Pero si los Kings of Leon hicieran algo parecido, probablemente se les tacharía de vendidos".

LAS REINAS DEL POP

JANELLE MONÁE

"La comunidad lésbica ha tratado de reivindicarme. Pero yo solo salgo con androides. Nada mejor que un androide; ellos no te engañan"

Nacida en Kansas City (EE UU) hace 25 años, Janelle Monáe fue conocida como protegida de Outkast, pero la reciente irrupción de esta cantante y compositora puede tomarse como una revelación. Su conceptual segundo álbum, The ArchAndroid, repasa de un modo tan sofisticado la historia de la música negra que consigue sonar futurista. Su registro es inconfundible, y su gusto para los arreglos, nada convencional. Dulce y contundente, clásica y contemporánea, extraña y accesible a partes iguales, por la capacidad interpretativa que muestra en sus videoclips es fácil vaticinar que estamos ante una de las grandes artistas para la nueva década.

RIHANNA

"Hay poder en mi nombre. Lo sueltas en un estadio y la gente hace la ola"

La gran triunfadora de la temporada otoño-invierno. En los últimos meses ha publicado cinco bombazos prácticamente simultáneos: Only girl (in the world) (de su último álbum, Loud), Love the way you lie (un dueto con Eminem), All of the lights (con Kanye West), What's my name? (con Drake) y Who's that chick (con David Guetta). ¿Saturación? Los popes de la industria, Jay-Z a la cabeza, no pueden estar menos de acuerdo. Hasta Bisbal ha reclamado un cachito de este talismán barbadense de 23 años y voz particular.

ROBYN

"No soy solo una artista pop, me veo como alguien que tiene un significado mayor. Hago esto porque es mi destino"

Producida por Max Martin (creador del primer sonido de Britney Spears), la artista pop contemporánea más importante de Suecia ya conoció la popularidad global a finales de los noventa. Un posterior fracaso y su afán por experimentar con músicos alejados del mainstream la apartaron de su discográfica. Desde 2004 compone y edita sus temas en su propio sello, Konichiwa Records, controlando personalmente la distribución, la imagen y la promoción. Inmersa en una gira interminable, grabó y publicó tres discos en 2010 que fueron aclamados por la crítica. El suyo es un electropop que gusta a la élite rockista. Con 31 años, cada paso que da invita a la reflexión. Para muchos, Robyn se anticipa a las reglas del negocio musical del futuro.

LADY GAGA

"Solo trato de cambiar el mundo. Lentejuela a lentejuela"

Esta neoyorquina de 24 años es la mayor estrella gestada en el siglo XXI. Sin embargo, el primer single de su próximo disco, Born this way, no ha colmado las (altísimas) expectativas. Pero Stefani Germanotta sigue controlando los tiempos como el gran genio del marketing de su era. Planeando y dosificando hábilmente sus apariciones, ya sea una gala, un vídeo o la colaboración con una firma de moda. Su próximo examen: el sencillo Judas. "Algunas mujeres optan por seguir a hombres. Otras, por seguir sus sueños", explica. "Si dudas qué camino seguir, recuerda que tu carrera nunca te despertará de la cama para decirte que ya no te quiere más".

BRITNEY SPEARS

"Que salga 'sexy' en la portada de 'Rolling Stone' no significa que sea traviesa"

La princesa del pop lo tiene complicado para reinar algún día. Con todo, la aparición de un fenómeno global como Lady Gaga parece haber sido un revulsivo para varias de las eternas aspirantes, Spears incluida. Nacida hace 29 años en un pueblecito de Misisipi (EE UU), esta exestrella de El Club Disney ha tocado fondo y se ha recuperado tantas veces que es improbable que llegue nunca a tirar la toalla. El sencillo de presentación de su próximo disco, Hold it against me, es la última prueba. Un trallazo con cuota de riesgo (coquetea con el dubstep, un subgénero electrónico impensable en la radiofórmula) que ha arrasado en descargas digitales en todo el mundo.

NICKI MINAJ

"Lucho por las chicas que nunca pensaron que podrían ganar"

Nacida en Trinidad y Tobago y residente en Nueva York, esta cantante y compositora de 26 años se hizo un nombre a base de colaborar con buena parte de las estrellas del pop negro americano, desde Will.i.am (líder de The Black Eyed Peas) hasta Drake. Exuberante y extremadamente teatral, sus fotos y sus videoclips son una explosión de color y de expresiones faciales imposibles. En su anticipadísimo álbum de debut, Pink friday, hay sitio para varios álter ego: un hermano gemelo gay, una madre con acento inglés y hasta una barbie del barrio tokiota de Harajuku. Su mayor activo es ser capaz de aunar la dulzura de Rihanna con la fiereza de Lil' Kim, con la que habitualmente se la compara. Destacan especialmente sus raps, y muy en particular el que preparó para Monster, el tercer sencillo de My beautiful dark twisted fantasy, el aclamado último disco de Kanye West.

CLARE MAGUIRE

"Lo dijo Marilyn: la locura es genialidad, y es mejor ser absolutamente ridícula que absolutamente aburrida"

Con 23 años, esta británica es una de las grandes apuestas de la industria para este año: las discográficas se la rifaron para conseguir su firma en un contrato. El medio millón de escuchas que recibió Strangest thing, uno de los temas que tenía colgado en su MySpace, despertaron el interés de las figuras más diversas, desde Jay-Z hasta el líder de Pulp Jarvis Cocker. Con un perfil más comercial y electrónico que el de Florence & The Machine, pero un público potencial similar, Maguire acaba de publicar un debut que suena como si Texas fuesen producidos por Stuart Price. Aunque en principio parezca una artista de largo recorrido, todavía debe encontrar su sitio entre el público adulto para no resultar una sonada decepción.

JESSIE J

"Mis propósitos este año: ir al gimnasio y blasfemar menos en el escenario"

Compositora londinense de 23 años, reciclada en estrella del pop. A los 18 años sufrió un pequeño derrame cerebral, por lo que prometió cuidar su cuerpo. Coescribió el éxito Party in the USA, de Miley Cyrus, así como algunas canciones de Alicia Keys, Justin Timberlake y Christina Aguilera. Como intérprete, gusta de la exuberancia y los gorgoritos. Es considerada la futura Katy Perry británica, aunque a veces recuerde más a Linda Perry o P!nk. Su segundo sencillo, Price tag, le valió el primer puesto en las listas británicas. Ha liderado Sound of 2011, la prestigiosa lista que la BBC elabora cada año para señalar a futuribles popstars.

ADELE

"No te creas el fenómeno. No leas la prensa. Hazlo solo por los mismos motivos por los que empezaste"

Cantante y compositora soul londinense, de 22 años, que ha conseguido salirse del grupo de aspirantes a nueva Amy Winehouse del mismo modo en que interpreta sus canciones en directo: con maestría y sin aparente esfuerzo. Como Jessie J, lideró la respetada lista Sound of de la BBC. Fue en 2008. Con su arrebatadora actuación en la gala de los Premios Brit el pasado febrero ha conseguido que su sencillo Someone like you sea la canción oficial de todas las rupturas de 2011. Una canción que, junto con su recién publicado segundo álbum, 21 (el quinto más descargado en la historia del Reino Unido y número uno del Billboard en su semana de debut estadounidense, despachando solo en ese país 352.000 copias en una semana), le asegura por bastante tiempo el puesto de honor como diva para toda la familia.

KATY PERRY

"La línea que separa ser una zorra de tener clase es fina. Y yo camino sobre esa línea"

Esta californiana de 26 años, hija de pastores metodistas, se dio a conocer en 2007 cuando alarmó a algunas mentes pacatas con 'singles' como 'Ur so gay' o 'I kissed a girl'. Parecía flor de un día, pero una gala como presentadora en la MTV descubrió su potente bis cómica, que, unida a su matrimonio con el incorrectísimo humorista británico Russell Brand, la catapultó a la dimensión de 'celebrity'. Su arrollador éxito veraniego 'California gurls', puro 'bubblegum-pop' de nueva hornada, la confirma como una favorita tanto del público gay como del adolescente.

FLORENCE + THE MACHINE

"Soy una chica del coro que se ha torcido horriblemente"

Esta pelirroja londinense de 24 años y aire prerrafaelita empezó con fuerza en los círculos indies británicos como alternativa con credibilidad frente al aluvión de estrellas mainstream de finales de década. Con todo, fue una versión de un clásico de baile de 1986, You've got the love, de The Source Feat. Candi Staton, la responsable de que Florence Welch aumentara su reconocimiento exponencialmente. Un segundo disco en ciernes y su exitosa introducción en el mercado americano hacen de su carrera una de las más prometedoras del lote.

ALEXIS JORDAN

"Participar en un 'reality' musical te endurece la piel"

Nacida en Carolina del Sur (EE UU) hace 18 años, se dio a conocer a los 14 años en el programa televisivo estadounidense America's got talent. En oposición al perfil de cantautora pop, Jordan es una de las mayores promesas como intérprete de bubblegum-pop contemporáneo. Apadrinada por los superproductores Stargate y fichada por Jay-Z para su sello StarRoc/RocNation, acaba de publicar su debut y se postula como la nueva Rihanna. Sus sencillos Happiness y Good girl dan fe de su capacidad para despachar pop bailable e instantáneo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de marzo de 2011

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