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Reportaje:Catástrofe en el Pacífico

Mazazo para una economía enferma

La catástrofe amenaza con agravar los problemas financieros de un país que vive en recesión y cuyo Gobierno se muestra incapaz de reconducir la crisis

La anémica economía japonesa ha recibido el duro golpe del peor terremoto en 140 años. "Es lo peor que le podía pasar a Japón en el peor momento", disparó Nouriel Roubini, el economista llamado Doctor Catástrofe por sus siempre pesimistas predicciones. Todavía es pronto para saber cómo lo encajará. Apenas han pasado horas. Pero lo cierto es que la recuperación de Japón languidece, mientras China le supera como segunda potencia mundial.

En 2010 levantó cabeza. Creció un 3,9% en todo el año. Sin embargo, en el último trimestre volvió a contraerse. De nuevo, aparece la amenaza de recaída para una economía que ha vivido repetidamente en recesión durante las últimas dos décadas, lastrada por la explosión de una gran burbuja inmobiliaria y financiera que arrastró consigo a la banca.

Para colmo, el Gobierno del primer ministro Naoto Kan -el centroizquierdista Partido Democrático- lleva tiempo en la cuerda floja. En el cargo desde junio de 2010, la fortaleza de Kan ha sido cuestionada hasta por su esposa Nobuko. En su libro ¿Qué diablos va a cambiar en Japón ahora que tú eres primer ministro?, la primera dama cuestiona la capacidad de su marido, con el que lleva 40 años casada, para liderar con solvencia una potencia económica en serios apuros como Japón.

Mientras Kan se limitó ayer a pedir calma, el Banco de Japón, más involucrado en la política económica, se puso manos a la obra. Quiere evitar que el seísmo cercene la recuperación. Ayer mismo anunció que estaba dispuesto a inyectar liquidez para asegurar la estabilidad financiera. Es lo más que puede hacer. Los tipos de interés japoneses ya están al 0,1% para evitar la sempiterna amenaza de deflación.

La noticia de la catástrofe llegó a la Bolsa de Tokio cuando apenas faltaba media hora para el cierre. En ese corto espacio de tiempo, el índice Nikkei perdió más de 100 puntos y cerró con una caída del 1,7%. También el yen cedió terreno. Fue algo momentáneo, un espasmo. Los inversores, llevados por el pánico, deshicieron posiciones en divisa nipona nada más tener noticias del terremoto. Pero la hemorragia se frenó pronto y el yen se recuperó frente al resto de monedas de referencia.

En la economía real, las primeras consecuencias que se notaron fueron los cierres de factorías. Sony paró la producción de seis plantas; Toyota, la de tres; Nissan, cuatro; Honda, dos... La lista podría ser mucho más extensa pese a que la zona más afectada por el terremoto, la región de Miyagi, al noreste del país, apenas supone un 8% del producto interior bruto del país. "Ahora es difícil saber cuál será el impacto económico", explicaba a Bloomberg el analista Takuji Okubo, de Société Générale. "Sin embargo, estoy seguro de que el terremoto reducirá la producción industrial de Japón".

"La región es mucho más pequeña que Kobe [una ciudad en el centro de la gran zona industrial, como Tokio, Yokohama o Kyoto]. Espero que el daño sea mucho menos serio en la economía. Es pronto [para saberlo], pero no es probable que sea tan destructivo", señalaba Richard Jerram, del grupo australiano Macquiare.

Más osadas fueron las afirmaciones de Capital Economics. "El momento del desastre no podía haber sido peor", dijo la casa de análisis. "El daño social y económico es la amenaza más grande para la habilidad del Gobierno para contener la crisis fiscal", continuaba en referencia a la deuda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de marzo de 2011