Un tesoro semioculto en la armería del palacio Real

La armería del palacio Real, entre numerosos tesoros, conserva uno especialmente singular. Se trata de una espada hoy sin empuñadura, de brillante hoja, con dos filos, 92,4 centímetros de longitud y 4,8 centímetros de anchura. Aparece cifrada con las sigla G y el número 180.

Se encuentra expuesta en el extremo de la primera vitrina del museo, junto a grandes estoques pontificios medievales. De algo menos de kilo y medio de peso, pertenecía al ajuar de los Reyes Católicos depositado en el Alcázar de Segovia. El ajuar fue recibido por Felipe II, que decidió integrarlo en las colecciones reales de armas, posiblemente las más ricas del mundo. Integra asimismo una espada Lobera de Fernando III el Santo y otra de Alfonso X el Sabio.

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Según Gaspar de Graci, autor del inventario de bienes regios, tal arma era la celebérrima Colada, la otra espada heroica de Rodrigo Díaz de Vivar, complementaria de la controvertida Tizona. Lo más singular de la Colada es que en el primer tercio de su hoja unos signos coinciden con los que se encuentran en la cenefa del tapiz de Bayeux, de 1073-1083, que refleja escenas de la batalla de Hastings, librada en Inglaterra en el año 1066. Asimismo, se asemeja mucho al estoque de Richard Wallace, ya del siglo XII, según el conde viudo de Valencia de Don Juan, titular de la armería madrileña en 1898. Él creía muy probable que el Cid fuera su propieario y que Colada fuera, en verdad, la mítica Tizona.

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