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Entrevista:JASPER JOHNS | Artista

"No pensaba en las subastas, no eran parte de mi vida"

El nombre de Jasper Johns (Allendale, Carolina del Sur, EE UU, 1930) es clave para entender el arte de la segunda mitad del siglo XX. Como reacción contra el expresionismo abstracto imperante en los cincuenta, junto a su amigo Robert Rauschenberg, Johns volcó su subjetividad en los objetos cotidianos y los elevó a la categoría de obras de arte. Su versión de la bandera de Estados Unidos, récord en las subastas de la última década, es su pieza más conocida, pero su universo pictórico es también un homenaje puro y duro a los números y a las letras.

Precursor del arte pop y el neodadaísmo, a punto de cumplir los 81 años, esta semana visita Valencia para recibir el premio Julio González en el IVAM, en cuyas salas se exhibe la retrospectiva Las huellas de la memoria, una exposición de más de 90 obras prestadas por coleccionistas de todo el mundo que muy raramente se han podido ver en público.

"Algunos de los propietarios de mis obras son muy reacios a prestarlas"

Desde su refugio campestre en Connecticut, Jasper Johns responde algunas preguntas por correo electrónico. Fuera de Nueva York busca la paz y la tranquilidad sin que nada perturbe su vida. "Desde 1995 vivo en una gran casa de piedra en el campo", explica, "una antigua granja lechera con unos cien acres de tierra a dos horas de la ciudad de Nueva York. Mi estudio es una antigua cochera rehabilitada. Aquí, los inviernos pueden ser especialmente duros, y suelo pasarlos en el Caribe, en mi estudio de la isla de St. Martin. Este año, que no he podido escaparme aún por culpa del trabajo, hemos tenido casi dos metros de nieve".

Inventor de los grandes ismos de la segunda parte del siglo XX y poco amante de las entrevistas (solo respondió a unas cuantas preguntas del cuestionario), Jasper Johns asegura que viajará a Valencia a recoger el premio. Y reconoce que, aunque no pudo conocer personalmente al escultor español, admira su obra desde hace mucho tiempo, "cuando vi por vez primera su Cabeza de hierro forjado en el MOMA de Nueva York", explica.

Con una obra requerida permanentemente para exposiciones y estudios, el artista estadounidense es consciente de las dificultades que entraña organizar una muestra de la envergadura de la que ahora se puede contemplar en el IVAM: "No soy un artista especialmente prolífico y, en estos momentos, algunos de los propietarios de mis obras son reacios a prestarlas, por lo que no resulta fácil organizar una exposición como esta del IVAM. La muestra apenas incluye pinturas de la etapa de los cincuenta y los sesenta. Sin embargo, el museo ha conseguido obras de otras épocas que espero consigan transmitir a los visitantes una idea de conjunto de mi trabajo".

En 1955 pintó la primera de sus célebres banderas. Con esta obra -y sus sucesivas versiones- se apropió del gran símbolo de la identidad de un país y lo convirtió en uno de lo iconos del arte contemporáneo al nivel del Guernica de Picasso o la Marilyn de Andy Warhol. En la subasta de la pasada primavera en la sala Christie's de Nueva York, su Bandera (1960), propiedad hasta entonces del escritor de best sellers Michael Crichton, superó la astronómica cifra de 28 millones de dólares (20,3 millones de euros).

¿Cómo y en qué momento se le ocurrió pintar la bandera? "Una noche de 1954 tuve un sueño muy intenso en el que me veía pintando una gran bandera americana. A la mañana siguiente, encontré materiales con los que trabajar y comencé a trasladar la imagen al lienzo o más bien, si la memoria no me traiciona, a una sábana".

Jasper Johns no fue nunca consciente de la revolución artística que supuso esa obra y de las tormentas que produciría bastantes años después entre los coleccionistas de todo el mundo. "No pensaba en absoluto en las subastas; no han formado parte de mi vida".

Pintura y amistad

Las pinturas de Jasper Johns están vinculadas a personajes tan importantes en su creación y en sus recuerdos más personales como Bob Rauschenberg, John Cage, Merce Cunningham o Mark Rothko: "Cuando regresé a Nueva York en 1953 tras servir como soldado en Japón, al final de la Guerra de Corea, los expresionistas abstractos estaban muy activos y eran objeto de un gran debate. Pronto conocí a Bob (Rauschenberg) y, a través de él, al compositor John Cage y al bailarín Merce Cunningham. Los cuatro nos reuníamos a menudo para intercambiar ideas. John Cage, el mayor de los cuatro, comenzó a interesarse por el budismo zen. Poseía un optimismo y una curiosidad a toda prueba. Era muy generoso intelectualmente, y parecía disfrutar de que otros participaran de su entusiasmo. Fue entonces cuando empecé a pintar", rememora Jasper Johns, un tipo que, antes de su consagración, se significó como alguien más bien retraído, reservado y celoso de su intimidad.

Su relación personal con Robert Rauschenberg fue una de las grandes historias de amistad del mundo del arte en la América de los cincuenta y los sesenta. Todavía hoy la recuerda con nostalgia y sabedor de su condición de electrón libre en el universo del arte: "Cuando Rauschenberg y yo nos veíamos a diario, conversábamos sobre lo que hacíamos y nos mostrábamos el uno al otro lo que hacíamos. Entre nosotros comenzaron a desarrollarse unas ideas que, más que oponerse a las de los artistas neoyorquinos más veteranos, nos trasladaban a un terreno distinto y que sentíamos como inexplorado", cuenta desde su estudio de Connecticut.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de febrero de 2011

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