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Ola de cambio en el mundo árabe | Revueltas contra Gadafi

El Día de la Ira en Libia se salda con varios muertos por disparos

El régimen solo reconoce el fallecimiento de dos manifestantes en Al Baida

La jornada de protestas de ayer en Libia ha sido la mayor desde que hace casi 42 años Muamar el Gadafi se aupó al poder gracias a un golpe de Estado que acabó con la monarquía.

Cientos de libios, probablemente varios miles en Bengasi, se echaron ayer a las calles de las ciudades de Al Baida, Beyida, Ajdabiya, Derna, Yefren, Zenten, Tajoora y Aziziyah para pedir a gritos un cambio de la dictadura más antigua de África.

Y fueron brutalmente reprimidos. En Youtube y en otras webs fueron colgados ayer diversos vídeos en los que se escuchan los disparos de las fuerzas del orden y se ve a al menos dos manifestantes abatidos. Francotiradores de la policía, según las imágenes, habrían disparado desde tejados y desde helicópteros que sobrevolaban a la muchedumbre.

Jóvenes anónimos habían convocado en Facebook a las protestas

"Ni en Túnez ni en Egipto cayó tanta gente", dice un vecino de Trípoli

Jóvenes anónimos habían decretado, a través de Facebook, que ayer era el Día de la Ira, en el que los libios debían gritar que "el pueblo quiere que el régimen caiga", como en diciembre empezaron a hacerlo sus vecinos tunecinos y en enero los egipcios.

Si algunas protestas fueron pacíficas, como la de los abogados de Bengasi que reclamaban una Constitución de la que el país carece desde 1969, otras fueron violentas. En otros vídeos se ven vehículos ardiendo, coches de bomberos y de policías apedreados y al menos un edificio público en llamas.

¿Cuantos muertos hubo? En el más hermético y próspero de los países del norte de África, carente de sociedad civil y sin apenas presencia de medios de comunicación extranjeros, es difícil responder a la pregunta.

Desde Londres o Ginebra la frágil oposición libia da cifras divergentes que a veces rondan la veintena en el conjunto de las ciudades rebeldes. En Al Baida, a 1.200 kilómetros al este de Trípoli, es donde más habría corrido la sangre, con al menos cinco muertos según fuentes locales. En Bengasi, la segunda ciudad del país, los hospitales estaban desbordados.

"Cuando se conozca el número real de víctimas comprobaremos que ni en Túnez ni en Egipto cayó tanta gente en tan poco tiempo como en Libia desde el martes por la noche", afirma un vecino de Trípoli que pidió que no se publicase su nombre.

Las autoridades libias guardan silencio, pero el diario Quryna, vinculado a Saif el Islam, uno de los hijos de Gadafi, reconoció ayer que dos manifestantes murieron en Al Baida. El jefe local de la seguridad habría sido destituido, según el rotativo.

Trípoli fue la única gran ciudad que no resultó alcanzada por las protestas, aunque anoche se produjo un conato de concentración en la céntrica calle Gumhuria.

Sí hubo en la capital manifestaciones, pero de los fieles de Gadafi que en la Plaza Verde y en las grandes arterias clamaban: "¡El pueblo apoya a la Revolución y a su líder!" y "¡Gadafi, padre de todo el pueblo!". La televisión libia ignoró las manifestaciones de la oposición y retransmitió profusamente las de los leales a Gadafi.

Los cortejos de adictos a Gadafi enarbolando sus retratos forman parte de la contraofensiva del régimen, que tiene otras vertientes más amenazadoras. Cientos de miles, probablemente millones de SMS, fueron enviados a los móviles de los libios.

En ellos, unos supuestos "jóvenes de Libia" advertían el miércoles a los que se "atrevan a infringir la cuádruple línea roja", es decir, a atacar al líder, al islam, la integridad territorial y la seguridad del país.

Los comités revolucionarios, un elemento importante del aparato de seguridad implantado en cada barrio, casi en cada manzana, también anunciaron que no permitirían a nadie "adueñarse del acervo del pueblo y poner en peligro la seguridad del ciudadano y la estabilidad del país".

Pero no todo va a ser represión. El régimen estaría planteándose hacer alguna concesión. De nuevo el diario Quryna anunció ayer que el Parlamento se dispone a decidir "cambios de envergadura", incluido el de algún miembro del Gobierno.

Pero en Libia el Ejecutivo carece de poder. Solo manda Gadafi con el respaldo de algunos jefes tribales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de febrero de 2011