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Ola de cambio en el mundo árabe | Revolución democrática en Egipto

Primera arenga de El Baradei: "No podemos retroceder"

Islamistas y laicos cierran filas en torno al premio Nobel

"No podemos retroceder", señaló ayer en el centro de la protesta el diplomático Mohamed el Baradei. La oposición política egipcia ha constituido un comité de 10 líderes -entre los que se encuentran El Baradei, ex director del Organismo Internacional para la Energía Atómica, y los Hermanos Musulmanes-, que serían los responsables de dar los pasos necesarios para una transición pacífica. En una sesión parlamentaria de ex miembros de la Cámara legislativa egipcia, los dirigentes votaron a un grupo multipartidista que deberá estudiar con el Ejército el abandono del poder de Hosni Mubarak. Además, instan a la disolución del Parlamento, la formación de un Gobierno interino y que tanto el presidente como el ministro del Interior rindan cuentas ante los tribunales.

Los manifestantes daban vueltas ayer alrededor de la plaza de Tahrir sin un destino determinado. Un gesto que simbolizaba el bucle en el que ha entrado la situación en Egipto tras las protestas, que duran ya seis días. Era el síntoma que demostraba que era necesario un paso más en alguna dirección que reconduzca la demanda de los ciudadanos y la transforme en una propuesta política que pueda devenir en cambio. "Los jóvenes nos están liberando y debemos devolverles el favor organizándonos para llevarles hacia la transición. Solo podemos pagarles lo que han conseguido alcanzando sus demandas", señalaba el escritor y líder de la Asamblea Nacional para el Cambio Hamdy Kandil. Para conseguirlo, según manifestó en declaraciones a CNN El Baradei, "es necesario que Mubarak se vaya".

Muy contundente se mostró el diplomático durante la tarde en la plaza de Tahrir, adonde acudió simbólicamente para inclinarse "ante el pueblo egipcio con respeto". "Habéis recuperado vuestros derechos y lo que hemos comenzado no podemos hacerlo retroceder. Tenemos una sola exigencia: el fin del régimen y el comienzo de una nueva era".

En el centro de El Cairo, en una sala tapizada de rojo con escaños, los exparlamentarios habían celebrado durante la mañana la primera sesión del parlamento del pueblo. Un órgano que fundaron hace dos semanas, un mes después de las fraudulentas elecciones legislativas en las que Mubarak les dejó a todos sin escaño. En ella discutieron y aprobaron un acuerdo en un ejercicio de democracia que aplaudieron muchos de los jóvenes que se habían acercado desde la plaza donde se desarrolla la protesta.

Entre las bancadas se sentaban intelectuales como Alaa Al Aswany. Y también aportaron su grano de arena los Hermanos Musulmanes, cuyo líder, Mohamed Badia, hizo una esporádica aparición en el hemiciclo y pidió poder tomar también su "taza de té" a pesar de no ser miembro del parlamento. Así lo hizo, pidiendo "seguridad, comida y apoyo al Ejército para estabilizar la situación". A su salida de la sala, donde se negó a permanecer como oyente, declaró a EL PAÍS que "esto no es ya el momento de hablar sino de trabajar" y que los Hermanos seguirían "junto a los manifestantes como uno más". Otro de sus portavoces aseguró que no quieren "un Estado islámico, sino uno civil del que formen parte, y que no ha habido ninguna ideología política ni religiosa tras la protesta". "No queremos un Gobierno nuevo, lo que queremos es el fin de un régimen", explicó Hamdy Kandil durante la sesión en referencia al nombramiento del responsable de la inteligencia egipcia, Omar Suleimán, y del general de aviación Ahmed Mohamed Shafiq, como vicepresidente y primer ministro, respectivamente. "Necesitamos unas elecciones limpias, supervisadas por organismos internacionales y judiciales", añadía el líder del Ghad, Ayman Nur, que se enfrentó al faraón en 2005, en las únicas presidenciales con varios candidatos que ha habido en Egipto en 30 años. "El pueblo no aceptará menos que la dimisión de Mubarak. El Ejército debe elegir", sentenciaba.

Pero el rais egipcio no parece tener intención de abandonar el poder a pesar de las exigencias de su pueblo. Con las calles tomadas por los soldados, que hoy han incrementado su presencia en el centro de la capital, Mubarak se ha reunido con la cúpula de sus Fuerzas Armadas sin que haya trascendido nada de ese encuentro. Aún se desconoce si los rangos más bajos siguen siendo fieles al faraón, y si este ha decidido reunirse con los generales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 31 de enero de 2011