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Orgasmos en campaña

Nadie garantiza que el votante experimente un orgasmo cuando palpe la papeleta del PSC y la deposite en la urna. Pero tal vez algún xenófobo haya entrado en éxtasis al cazar algún inmigrante ilegal mientras saltaba en paracaídas, según el videojuego que ha propuesto el PP. A falta de argumentos, la campaña electoral catalana busca elementos diferentes con los que captar la atención del votante.

Podría decirse que las formaciones han interiorizado la frase de que el fin justifica los medios. Con una abstención que amenaza con rondar el 50%, la intención es que no quede baja pasión por remover. El PP fue el primero en abonarse a la tesis con un videojuego que se mantuvo solo unas horas online. Cazar inmigrantes o derribar dirigibles independentistas eran dos de las posibilidades que Alicia Croft (así se llama nuestra heroína de ficción) se había marcado como objetivo. Nada que objetar a su coherencia, en línea con su compromiso ante el electorado de cambiar las leyes que favorezcan a los inmigrantes, aunque nunca diga cuáles son, porque no existen.

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El PSC, en cambio, ha optado por la vía dionisiaca con las imágenes del orgasmo que experimenta una mujer mientras vota. Con un 17% de paro y las arcas públicas debilitadas, nada mejor que proponer algún consuelo terrenal e inmediato que suponga poca inversión. Los líderes de PSC y PP aseguran que desconocían las imágenes que habían elaborado sus juventudes, entregadas a la liberación de instintos.

El último episodio de sugestivas y guerreras imágenes es la de Montserrat Nebrera, ex PP y que encabeza la lista Alternativa de Govern. Se titula El vídeo porno de Montserrat Nebrera. Esta política que había contado entre sus valedores con sectores conservadores de la Iglesia católica se pone a las puertas de la condenación, al pasarse al mundo de la lujuria.

Jadeos de una pareja haciendo el amor, un salón que sugiere un apasionado campo de batalla y la candidata cubierta solo con una toalla: "Me la podría quitar", avisa en el vídeo. Pero, no. Ciertamente, a falta de argumentos, los políticos catalanes apuestan por los mundos virtuales o paralelos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 20 de noviembre de 2010.

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