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CARTAS AL DIRECTOR

Digamos que hablamos del PP

Vivimos unos momentos que, con el tiempo, los periódicos los denominarán históricos, fuera de lo común por lo fraudulentos, que ha coincidido con la crisis de las hipotecas sucias, aquellas que se concedieron con cierta facilidad, lo que ha provocado que los usos y costumbres de ciertos políticos hayan quedado al descubierto, y que sean perdonados los delitos con benevolencia, olvidando la ética de los buenos políticos. Digamos que hablo de Valencia.

Las encuestas consideran ganadores a los gobernantes del PP, a pesar de sus muchos presuntos casos de cohecho, corrupción y facturas fraudulentas. Solo por el odio al socialismo inoculado por cientos de años de ignorancia, fobia y miedo a la libertad, se puede entender que se acepte a los presuntos delincuentes como Gobierno de la Comunidad, antes de aceptar un cambio de política, de pasar a un Gobierno socialista con más de 100 años de honradez. Cuando de nada nos sirve avisar, poner información sobre las correrías de sus corruptelas, de la gravedad de los aprovechamientos de lo público para su provecho privado, cuando los escándalos de las basuras en el bajo Segura, en la provincia de Alicante y Murcia, cuando de nada les sirve el ocultamiento de sus cuentas opacas, sus coartadas montadas para negocietes y cabezas de turco, poniendo las empresas paralelas a nombre de familiares para no aparecer los millones de euros trincados tras el viaje papal y otras bagatelas, digamos que hablo de la Comunidad de Valencia. Es entonces cuando hay que gritar con todas nuestras fuerzas ¡Basta ya! Y preguntar: ¿dónde está la honestidad y la ética en el PP?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de noviembre de 2010