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El secretario de Inmigración compara al Papa con el imán salafista de Lleida

La proximidad de los comicios convierte la visita del Pontífice en un acto electoral

El secretario de Inmigración de la Generalitat, Oriol Amorós, contribuyó ayer a caldear el ambiente ante la visita del Papa a Barcelona el próximo día 7. Amorós tachó de "retrógrado" a Benedicto XVI y le comparó con el imán de Lleida. En una entrevista a RAC 1 dijo: "Entre el imán de Lleida y el Papa me lo pone difícil para escoger; son dos versiones bastante retrógradas y conservadoras de sus propias religiones. En este sentido, ganaría el imán de Lleida".

El imán, Abdelwahab Houzi, se encargaba de la mezquita de la calle del Nord, cerrada por superar el aforo permitido, y está próximo a la corriente salafista. Él asegura que no es radical y le apoya la mitad de la comunidad musulmana de Lleida. Hace unos meses fue denunciado por malos tratos por su ex mujer, aunque el juicio no se ha celebrado.

Las asociaciones de vecinos critican el coste de los "fastos" en plena crisis

Amorós, de Esquerra Republicana, fue desautorizado después de la reunión del Gobierno catalán por la consejera de Trabajo, Mar Serna, que ayer ejerció de portavoz. El Papa es una autoridad religiosa, pero también "un jefe de Estado", recordó Serna. Las palabras del secretario de Inmigración enervaron al Partido Popular y su líder y candidata, Alicia Sánchez-Camacho, pidió su cese "fulminante".

Sin tanto brío, también la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) rechazó "las prácticas y posiciones ideológicas" de Benedicto XVI y criticó el coste de "los fastos que se prevén para la visita en un momento de crisis económica que golpea a tantas personas de la ciudad". La FAVB lamentó las molestias que el dispositivo de seguridad causará a los vecinos y se sumó a las entidades "que no esperan al Papa". El cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, declaró a La Malla que el Papa "no viene para molestar a nadie. Viene a visitar una iglesia local y a confirmar a los católicos en su fe".

La visita del Papa a Barcelona está levantando pasiones: las de los que la consideran un derroche innecesario y preparan protestas, pero también las de los que no se la quieren perder. A este capítulo pertenecen los políticos que ven en la foto junto al Papa un acto electoral más al que sacar provecho. La proximidad de las autonómicas -la campaña arrancará cinco días después de la visita- ha llevado de cabeza a los servicios de protocolo de las instituciones.

Aunque no hay manera -ni después de preguntar a los partidos políticos, al Parlament, a la delegación del Gobierno, a la Conferencia Episcopal y al arzobispado de Barcelona- de tener la lista completa de invitados. "Se ha invitado a los políticos normales que se invita a estos actos del Santo Padre", respondió ayer una portavoz del arzobispado. "Las invitaciones las ha cursado el Parlament", responden en algunos partidos. "El Parlament está disuelto. Nosotros solo las recibimos", apuntan en la Cámara. "Aquí solo nos ocupamos de los cargos del Gobierno", añaden en la Generalitat. "Esto es cosa de la Conferencia Episcopal", aseguran en la delegación del Gobierno. "Lo han llevado desde el arzobispado y además hay que tener en cuenta que es una visita pastoral de un jefe de Estado", replican desde la Conferencia Episcopal y apuntan que también la Casa Real y La Moncloa cursan invitaciones.

La cuestión es que, vayan o no, están llamados a la misa en la Sagrada Familia y al recibimiento y despedida en el aeropuerto de El Prat el Gobierno catalán, los presidentes de los partidos, el presidente del Parlament y los presidentes y los portavoces de los grupos parlamentarios. Se garantiza así la presencia de los tres candidatos a la Generalitat que quieren estar: el presidente Montilla (PSC); el jefe de la oposición, Artur Mas (CiU); la líder del PP, Alicia Sánchez-Camacho, y el de Ciutadans, Albert Rivera. Joan Puigcercós (ERC) y Joan Herrera (ICV) han declinado la invitación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de octubre de 2010