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La burbuja revienta

162.000 millones de dólares probablemente no valen nada ni nadie, pero a principios de 2000, una empresa puntocom, AOL, los pagó para comerse el imperio Time Warner. La Nueva Economía, que primaba los futuribles más que los activos, alcanzó su cúspide. En marzo la bolsa del Nasdaq llegó a los 5.048 puntos (hoy, diez años después está a 2.300). Las puntocom como AOL cotizaban por encima de empresas tangibles, de toda la vida, como los coches de Ford o las películas del león de la Warner. Muchos especuladores se arruinaron y muchas puntocom, también basadas en la entrada de dinero fácil, desaparecieron.

Pero quienes fomentaron la tecnofobia durante los años de la burbuja, identificaron la buena muerte de la Nueva Economía con el fallecimiento de Internet y de las Nuevas Tecnologías. Y se equivocaron por segunda vez. No hubo más dinero para financiar la expansión de comidasparaperrospuntocom, pero sí para sentar las bases de empresas y tecnologías que hoy son las que nos dominan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 30 de septiembre de 2010