Reportaje:El almacén nuclear

El gran lío atómico del Gobierno

En un día frenético, Sebastián comunica a las comunidades que el almacén nuclear va a ir a Zarra, en Valencia, y La Moncloa le desaira y retrasa sin fecha la elección

El momento había llegado. Después de casi seis años en busca de un emplazamiento para el almacén nuclear, el Ministerio de Industria decidió que ayer era el día, que pese a todos los problemas políticos y manifestaciones en contra, ya tenía una decisión. Zarra, en Valencia, a 11 kilómetros de la nuclear de Cofrentes, 551 habitantes, con un alcalde expulsado del PSOE por denuncias de corrupción, era el municipio ideal para albergar una instalación clave para España.

La tarde anterior, la comisión interministerial encargada de la selección del emplazamiento fue convocada de urgencia. Allí hay representantes de Industria, Presidencia, Interior, Medio Ambiente, Sanidad, Economía y Ciencia. Fue tal la premura que varios de sus miembros no pudieron acudir. Alguno desconocía ayer que hubiese existido la reunión. Desde junio, los miembros del comité tenían orden de mantener libre su agenda los jueves por la tarde. La intención era ver una noche el informe y aprobarlo en el Consejo de Ministros del día siguiente. Rápido y limpio. El 24 de junio ya recibieron una llamada, pero fueron desconvocados a última hora porque el ministro de Industria, Miguel Sebastián, había pactado con el popular Cristóbal Montoro aplazar la decisión sobre el Almacén Temporal Centralizado (ATC) de residuos nucleares, activos durante miles de años.

El titular de Industria llamó seis veces a Camps, pero el presidente no se puso
Los socialistas valencianos implicaron a De la Vega para frenarlo
Cotino dio por hecho que el ATC iría a Zarra y anunció recurso
Los asesores de Industria no eligieron el pueblo, lo hizo el ministerio

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La comisión aprobó un informe elaborado por el Gobierno -el Comité Asesor Técnico, compuesto por profesores de Universidad, no había dado puntuaciones ni listas en su dictamen previo- en el que se concluía que había cuatro candidatos posibles con "escasas diferencias" entre ellos. Eran Zarra, Ascó (Tarragona), Yebra (Guadalajara) y Villar de Cañas (Cuenca). La primera tenía 304 puntos y la cuarta, 272. La máxima puntuación posible era de 500 puntos.

Con ese informe, Sebastián comenzó ayer por la mañana una ronda de llamadas a presidentes autonómicos afectados. Antes de las diez ya había telefoneado a José María Barreda, el presidente socialista de Castilla-La Mancha. Le dijo que estuviera tranquilo, que ya que no lo quería, el almacén nuclear no iría a su comunidad, ni a Yebra ni a Villar de Cañas, pese a que estaban "bien situados". Barreda se sintió aliviado y saboreó lo que vio como una victoria. Él se había empeñado en contra del almacén y llegó a manifestarse contra el Gobierno. "La manifestación, las pancartas, los gritos eran que no queríamos el ATC", declaró Barreda por la tarde. Barreda y Sebastián se enfrentaron públicamente en enero pasado cuando el ministro afirmó a este diario que la opinión de Barreda sobre el tema no tenía ninguna importancia.

El ministro también lo intentó con el presidente valenciano, Francisco Camps. Le llamó seis veces durante la mañana, pero Camps no se puso al teléfono, para sorpresa e irritación del ministerio. Camps presidió ayer a primera hora la reunión semanal de su Gobierno, que concluyó en torno al mediodía. Después recibió en audiencia al comité organizador del XVIII Congreso Internacional de las Familias y más tarde a los miembros de la Federación Española de Fútbol, que le presentaron la copa del Mundo ganada en Sudáfrica por la selección.

Camps ha eludido pronunciarse contra el ATC y durante meses apuntó que lo aceptaría. El pasado 17 de febrero, el consejero de Gobernación de la Generalitat Valenciana, Serafín Castellano, respondió que el Gobierno de Camps era "absolutamente respetuoso con la autonomía local" y que sobre este tema acataría "de manera escrupulosa las competencias de las distintas Administraciones, en este caso, la local y la estatal". En el proceso de alegaciones, la Generalitat no objetó.

Antes del verano, sin embargo, la Generalitat se opuso. Con la negativa de Camps, el Ejecutivo se encontraba con que, oficialmente, ninguna autonomía quería la instalación. Sí había alcaldes interesados -ocho pequeños pueblos llegaron a la última criba- pero sus presidentes autonómicos se oponían.

Como Camps no respondía a las llamadas, el secretario de Estado de Energía, Pedro Marín, llamó al vicepresidente valenciano Vicente Rambla, y le dijo que el Consejo de Ministros que estaba a punto de empezar trataría el informe y que Zarra figuraba en "buena posición". Industria sostiene que no le dio la decisión por cerrada.

Ni el presidente extremeño, el socialista Guillermo Fernández Vara, ni el de Castilla y León, el popular Juan Vicente Herrera, recibieron el aviso de que el ATC no iría a los pueblos candidatos de sus regiones. Fuentes de la Generalitat de Cataluña explican que "hace días" Sebastián le comunicó a Montilla que no iría a Ascó, aunque fuentes del sector no descartan que, si la decisión se toma después de las elecciones catalanas, el ATC termine allí.

Desde Valencia, las llamadas se multiplicaron. El secretario general de los socialistas valencianos, Jorge Alarte, admite que estuvo en contacto con Sebastián desde primera hora de la mañana. Alarte, que desde el principio se opuso a que el ATC fuera a la Comunidad Valenciana, le expresó su rechazo "frontal y contundente" a que fuera a Zarra. La conversación fue especialmente tensa.

Los socialistas valencianos han presentado una veintena de iniciativas en la diputación y en las Cortes contra la instalación y su implantación allí era vista como un tiro de gracia. "El Gobierno del PSOE nos quita el agua y nos manda los residuos nucleares", era la frase que comenzaron a lanzar los populares a los cuatro vientos.

Alarte llamó a la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, diputada por Valencia, para que intentara frenar la decisión y también contactó con el vicepresidente tercero, Manuel Chaves. Alarte les señaló que el alcalde de Zarra, el independiente Juan José Rubio, había sido expulsado del PSOE por corrupción, y que darle a su municipio una inversión de más de 700 millones de euros no era una buena idea.

Pero Sebastián estaba decidido a sacar adelante el proyecto. Él haría lo que ni Montilla ni Joan Clos, sus predecesores en el cargo, lograron. Estos, cada vez que amagaban con la decisión, terminaban por dejarla en el cajón ante el revuelo político y social. En 1987, el Gobierno de Felipe González intentó construir un cementerio nuclear en Castilla y León y la bronca hizo que los socialistas perdieran la presidencia autonómica. Gracias al cementerio llegó a la Junta José María Aznar. Desde entonces, cada intento de construir un único almacén radiactivo, como tienen Bélgica y Holanda, acabó en fracaso.

Sebastián estaba decidido a romper con eso. Estaba convencido de que "habría tortas" por acoger el almacén cuando pidió alcaldes candidatos y ayer seguía convencido de que no habría mayor problema. El tema no estaba en el orden del día del Consejo de Ministros, ni había pasado el miércoles por la Comisión de subsecretarios que prepara los temas que el viernes se tratan en La Moncloa.

Sobre lo que ocurrió dentro de la reunión del Ejecutivo hay distintas versiones. Fuentes de La Moncloa sostienen que no hubo un grave enfrentamiento. Otras fuentes señalan que De la Vega se opuso y que tras una tensa reunión impuso su objetivo.

Sobre la una de la tarde, mientras el Consejo estaba reunido, el vicepresidente tercero del Ejecutivo valenciano, Juan Cotino, salió a dar cuenta en rueda de prensa del consejo de Gobierno autonómico. Después de que le pasaran una nota dio por hecho que el ATC iría a Zarra: "Estamos en contra de una decisión del Gobierno de España tomada de una forma unilateral y la Generalitat recurrirá el acuerdo". La familia de Cotino tiene los terrenos en los que iría el ATC, así que su aparición en contra de la instalación fue especialmente disonante.

Cuando una hora después, De la Vega compareció en La Moncloa, el enredo era imparable. "El Consejo ha estudiado un amplio informe del Ministerio de Industria, pero la decisión no está tomada. Se ha pedido algún informe complementario", declaró De la Vega con su habitual ritmo pausado. "Es un debate complejo que continuaremos la semana que viene tras completar el informe que se ha solicitado", añadió la vicepresidenta primera. Una decisión difícil ya tomada había pasado a ser "un debate complejo que continuaremos la semana que viene". De la Vega ni siquiera aseguraba que se vaya a decidir en siete días.

El motivo alegado para retrasar la decisión es chocante. Oficialmente, el Gobierno quiere tener un informe jurídico que le garantice que una comunidad autónoma no puede bloquear la instalación de un almacén nuclear. Y es chocante porque desde hace más de un año Sebastián ha insistido en que no tenían ninguna opción de bloquear la selección. El argumento de Industria era que esto es una decisión entre el Gobierno y los Ayuntamientos implicados, y que bastaba con dar audiencia a las autonomías durante la tramitación. Había precedentes. La justicia desestimó el intento de la Junta de Castilla-La Mancha de paralizar el almacén nuclear construido en la central de Trillo.

El Congreso y el Senado ya habían pedido al Ejecutivo que se coordinase con las autonomías. Apenas dos días antes el Senado lo reclamó por unanimidad. La alusión a las competencias autonómicas en el último momento causó sorpresa en algunas comunidades.

Los barones socialistas llevan meses avisando al PSOE de que las formas de Industria no eran adecuadas. Barreda criticó que negociara con pueblos candidatos de su región a sus espaldas; Óscar López, de Castilla y León, conoció casi a la vez que la prensa que había convencido a alcaldes del PSOE para que optaran al almacén; Montilla insistió en que no se lo podían colocar en Tarragona meses antes de las autonómicas, y Fernández Vara amenazó con dimitir si iba a su territorio. "Industria ha actuado como si estuviéramos en la España preautonómica, como si fuera razonable tener relaciones directas sobre una cuestión tan importante con municipios pequeños puenteando a las comunidades. Los residuos nucleares son una cuestión de Estado, pero del Estado autonómico", declaró Barreda el 30 de enero en este diario Ahora, todo vuelve a estar en al aire.

Con información de Adolf Beltrán.

Panorámica del pueblo valenciano de Zarra, con las columnas de vapor de agua de la central nuclear de Cofrentes al fondo.
Panorámica del pueblo valenciano de Zarra, con las columnas de vapor de agua de la central nuclear de Cofrentes al fondo.JORDI VICENT
La vicepresidenta De la Vega y el ministro Sebastián.
La vicepresidenta De la Vega y el ministro Sebastián.GORKA LEJARCEGI

El cruce de llamadas

- 20.00 del jueves. Los miembros de la Comisión Interministerial del ATC son convocados de urgencia y aprueban el informe que fija que Zarra (Valencia) es la mejor opción para el almacén nuclear.

- Viernes. Desde primera hora, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, intenta hablar con el presidente valenciano, Francisco Camps (PP), para informarle de la inminente decisión del Consejo de Ministros. Le telefonea hasta seis veces pero el jefe del Gobierno valenciano no contesta a las llamadas. Entonces, el secretario de Estado de Energía, Pedro Marín, llama al vicepresidente primero, Vicente Rambla.

- 9.00. Sebastián telefonea al presidente de Castilla-La Mancha, el socialista José María Barreda, y le comunica que el ATC no irá a su comunidad. Le explica que la elegida es la localidad valenciana de Zarra.

- 9.30. El líder de los socialistas valencianos, Jorge Alarte, mantiene una tensa conversación con el ministro Sebastián en la que le recuerda su oposición frontal al almacén de residuos nucleares. Alarte mantiene contactos a lo largo de la mañana con miembros del Gobierno central para disuadirles de que aprueben Zarra.

- 12.30. El vicepresidente tercero valenciano, Juan Cotino, comparece para explicar que hay rumores de que el municipio elegido para instalar el almacén nuclear es Zarra. Afirma que nadie del Gobierno se ha puesto hasta el momento en contacto con el presidente Camps y sus consejeros para tratar la cuestión y expresa su rechazo a la instalación del almacén en Zarra.

- 12.45. Durante su comparecencia ante los periodistas, Cotino recibe un papel. Interrumpe su alocución y confirma que el Gobierno ha elegido Zarra. El vicepresidente anuncia que la Generalitat recurrirá la decisión.

- 13.30. El consejero de Ciudadanía y portavoz en Cortes, Rafael Blasco, emite un duro comunicado "tras la decisión del Ejecutivo de Zapatero" de instalar el ATC en el pueblo de Zarra.

- 14.45. La vicepresidenta De la Vega comparece tras el Consejo de Ministros y explica que el Gobierno no ha tomado ninguna decisión a pesar de que Industria llevara la propuesta a la reunión. Admite que Zarra está "bien posicionada".

- 16.00 La Generalitat valenciana anuncia que recurrirá en el caso de que el municipio elegido sea Zarra y "espera que la rectificación del Gobierno sea definitiva".

- 16.30. El secretario general de los socialistas valencianos, Jorge Alarte, comparece en conferencia de prensa en la sede de su partido para reiterar su oposición al emplazamiento del ATC en Zarra y criticar la postura del Gobierno de Camps, que no ha hecho nada por evitar que se apruebe la instalación y, en cambio, está dispuesto a atacar al Gobierno por ello. Alarte anuncia que su grupo presentará en las Cortes Valencianas una propuesta para rechazar el proyecto de almacén de residuos nucleares en la Comunidad Valenciana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 18 de septiembre de 2010.

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