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Editorial:

¿Una red neutral?

El acceso de pago para contenidos especiales abre una batalla sobre el futuro de Internet

La neutralidad en la red es ahora mismo la clave del futuro de Internet y de sus negocios. Lo primero es ponerse de acuerdo en la definición: una red neutral sería aquella en la que hubiera una absoluta separación entre el acceso y los contenidos, sin discriminaciones en el tratamiento por las operadoras entre lo que transportan unos y otros. Todos dicen defenderla, pero probablemente no todos entienden lo mismo bajo este concepto. La alarma ha sonado ante un posible acuerdo de Google con la operadora Verizon que acabaría, según las denuncias, con dicha neutralidad. Google, por supuesto, asegura que su objetivo es precisamente garantizarla. Pero, como siempre, lo que subyace bajo tanta confusión es una lucha de intereses en relación a la eventualidad del pago por acceso y por servicios en una red que se ha extendido con el motor del acceso libre y gratuito.

En la preservación de la neutralidad coinciden, junto a los activistas de la red, voces tan distintas como la de los grandes teóricos de la comunicación, Parlamentos como el chileno, grandes reguladores como la Comisión Federal de Telecomunicaciones estadounidense (FCC), pero también los ultraliberales de Bush en la Casa Blanca y, por supuesto, Barack Obama, el gran publicista de las redes sociales: "A partir del momento en que los proveedores comienzan a privilegiar determinadas aplicaciones o páginas web sobre otras, las voces pequeñas se verán excluidas, y todos perderemos. Internet es seguramente la red más abierta que hemos tenido en la historia. Tenemos que mantenerla así". La Unión Europea está preparando una legislación específica para su defensa. Parece obvio, pues, que la neutralidad es un bien a defender.

Naturalmente, las compañías telefónicas tienen una visión distinta, basada en que solo será posible el avance y aplicación de nuevas tecnologías -más velocidad, grandes y pesados paquetes de imágenes, 3D, etcétera- si las operadoras pueden financiarlo. Quieren, por tanto, cobrar más a quien más quiera. No es ocioso recordar ante este debate la necesidad de separar la idea de neutralidad de la de gratuidad: no es lo mismo cobrar más por acelerar la velocidad para descargar una película, que pagar al autor o propietario de la película. Y puesto que hablamos de contenidos, recordemos también que las operadoras de telefonía ya cobran con largueza, mientras que los propietarios intelectuales y dueños de los productos lo hacen con cuentagotas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de agosto de 2010