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El crimen del talio

Un enfermero, en prisión acusado de asesinar a su esposa y colega con una sustancia prohibida como matarratas

Laura González Aróstegui había ingresado en el hospital en varias ocasiones con muy poca diferencia de tiempo en los últimos meses. Cada vez se encontraba peor. Su familia no descartaba viajar a Barcelona para buscar un segundo diagnóstico. A partir de esa decisión, su estado empeoró. Su marido, Iván Ramírez, era enfermero en la Unidad Médica Intensiva del Hospital Insular de Gran Canaria. Ahora permanece en el centro penitenciario de Salto del Negro (en la isla de Gran Canaria), acusado de la muerte Laura González, enfermera de 32 años, fallecida el pasado domingo 11 de julio.

Así lo ha decidido la titular del juzgado de Primera Instancia número 7 y de Violencia contra la Mujer de Telde, ratificando la decisión de un juzgado de Las Palmas. El hombre es el principal sospechoso del extraño caso de la muerte de la enfermera gaditana, por intoxicación. Entre las sustancias que los forenses hallaron en el cuerpo de la fallecida había talio, sustancia conocida por su uso por servicios secretos y a la que se atribuyó la muerte del espía ruso Alexander Litvinenko, envenenado en Londres en noviembre de 2006, aunque lo que los exámenes hallaron fue polonio.

Los forenses estudian varios botes que portaba el sospechoso

"No entiende nada de lo que está pasando", dice su abogado

El talio encontrado en el cuerpo de la víctima no es radiactivo, según han confirmado a este periódico expertos comunitarios, que descartaron iniciar una investigación sobre el uso y vigilancia de productos radiactivos en las islas. En compuestos cuya venta está ya prohibida (del tipo de los matarratas), el talio actúa como citotóxico directo y consigue entrar en la célula al confundirse con potasio, según explican cardiólogos de varios hospitales españoles.

Durante la última semana antes de fallecer, los médicos que atendían a Laura González en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Insular reclamaron ayuda de otros centros de élite. "Se trabajó en varias líneas, incluido el factor tóxico". Por ejemplo, enviaron de forma urgente muestras a la delegación en Canarias del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, uno de los cuatro laboratorios de referencia de todo el país, los CSI españoles. Los forenses estudian el contenido de varios envases que portaba el acusado y que fueron retenidos por una compañera.

El secreto de sumario impuesto sobre el caso (ni la defensa tiene acceso a la instrucción) impide conocer qué otras sustancias había en su organismo, pero fuentes de la investigación aseguraron a este periódico que "muchas más", aparte del talio. "Se pusieron todos los medios disponibles en la medicina moderna", aunque no se evitó la muerte. Bastan mínimas cantidades de este metal para provocar un efecto letal y su aparición en un organismo siempre es "sorprendente".

La pareja, ambos naturales de Ubrique (Cádiz), se conoció al terminar los estudios, aunque no se casaron hasta el 24 de julio de hace dos años, la edad exacta del hijo de ambos.

"No tenemos acceso ni a la investigación", lamentaba el abogado del presunto homicida, Pedro Quintana. "Nada está claro", insistió el abogado. Según su relato, Iván Ramírez "no entiende nada de lo que ha pasado". "Él la quería mucho y nadie la ha cuidado tanto; está destrozado", asegura. La defensa ya ha recurrido el auto de internamiento, que achacan a la alarma social, porque esa misma semana hubo tres muertes por violencia machista en Canarias. "Solo en ese caso es entendible la medida del juez", aseguró Quintana.

El talio aparece en algunos productos, tipo matarratas (aunque ya está prohibida su venta) y, como isótopo talio-201, entre las sustancias que ingieren los enfermos cardíacos en las pruebas de esfuerzo a que se someten para valorar la perfusión miocárdica.

Varios cardiólogos consultados sobre este caso en distintos hospitales aseguran que se utilizan 0,6 microgramos de talio por dosis, que se administra vía intravenosa. Su efecto está activo en el cuerpo humano solo 24 horas. Los proveedores autorizados por el Ministerio de Sanidad venden estos productos únicamente a hospitales. Su precio oscila entre 107 y 337 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de julio de 2010