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Reportaje:FRANCIA | SUDÁFRICA 2010 | España vista desde fuera

Melancolía y simpatía

Es agradable ser español en París después del partido: el de la tienda de periódicos te saluda al entrar poniéndose en pie y aplaudiendo; el peluquero sale a la puerta del establecimiento para felicitarte entre sonrisas y el del bar se acerca a la acera para estrecharte la mano y glosarte las excelencias de un equipo, el de España, que, aquí en Francia, ha gustado mucho. Casi tanto como poco el suyo: la catastrófica aventura de Francia en este Mundial, con huelga de jugadores incluida, una clasificación miserable y una eliminación temprana, ha acarreado que los franceses, muy amantes de los deportes, obsesionados con el Mundial desde el primer día, se volcaran pronto hacia otras naciones para seguir el campeonato con interés.

Y una de ellas fue España. Los periódicos (L'Equipe, pero también Le Monde, Le parisien o Libération entre otros) hablan (y han hablado con frecuencia) de los triunfos del equipo de Del Bosque, de su manera de jugar y de su apuesta decidida por el fútbol colectivo, constructivo y ofensivo. Por su condición de favorita desde el principio.

En el fondo, en Francia, España ha servido, sobre todo, de espejo. Hartos de unos jugadores franceses acusados, sobre todo, de divos, perezosos y mantas (entre otros adjetivos mucho menos agradables), la selección española aparecía, por lo general, como ejemplo de un efectivo equipo anti-estrellas que sabe conquistar a su gente, que juega bien y cae bien y que, además, gana. Ya desde el principio, antes de que empezara a rodar el balón, algunos la pusieron como ejemplo al compararla con los algo antipáticos bleus: mientras Francia había elegido un hotel lujosísimo con playa privada, la selección española prefirió alojarse en una residencia universitaria.

Ese interés creció al final. Ayer, la noticia de la llegada del equipo español a un Madrid entregado competía en importancia en telediarios y boletines de radio con la de una notoria comparecencia de Sarkozy en televisión. La alegría de España la narraron (la vieron) en Francia con la misma mezcla de melancolía y simpatía con que nos han mirado a lo largo de todo el Mundial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de julio de 2010