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Análisis:

El patio de butacas, irrenunciable

Ojalá pudiéramos producir en nuestro país series pensadas para target específicos, con gustos acordes a los nuestros y sin preocuparnos por la audiencia. Ojalá pudiéramos hacer productos como The wire, A dos metros bajo tierra o Sexo en Nueva York, que logran altas rentabilidades en el mercado americano con share de un dígito (similares a los de su emisión en cadenas españolas). Ojalá, pero el escenario aquí no puede ser más dispar.

Como saben muy bien en EE UU, el canal idóneo para este tipo de series es la televisión de pago. Y esa es la principal dificultad a la hora de exportar el modelo. En nuestro país, los canales de pago no pueden afrontar aún la producción de ficción, tanto por razones de rentabilidad como de negocio. Mientras llega ese momento, los creativos debemos escribir sin olvidar nunca para quién y dónde trabajamos: un mercado reducido y un espectador dividido al 50% entre mayores y menores de 45 años. Ambos elementos condicionan la producción, y no necesariamente para mal. Grandes personalidades de la ficción han buscado siempre que sus obras alcanzaran el mayor eco posible. Tenían muy claro que escribían para el pueblo. Ese mismo deseo ocupa a los creativos hoy.

Debemos llegar a públicos mayoritarios. Ese es el gran reto de la ficción televisiva. Éxito y calidad no son términos antagónicos. Desde esa premisa, existen similitudes con el modo de actuar del cine americano, una industria que por sus altos presupuestos está obligada a satisfacer a gran número de espectadores. Las televisiones pagan 10 veces menos por la "lata" de un episodio de una serie americana que por un capítulo de una ficción local. Nuestra única fortaleza reside en la audiencia que seamos capaces de atraer. Solo así cobra sentido la inversión.

Lo que parecía una utopía hace 15 años es ahora una realidad con un enorme vigor. El origen de la buena salud de las series nacionales se sitúa a mediados de los noventa. Entonces se produjo una eclosión de títulos muy bien acogidos. Su éxito desterró la obra norteamericana del prime time e inyectó en las cadenas una gran confianza en el producto nacional. Periodistas, Cuéntame, Siete vidas, Los Serrano o Un paso adelante triunfaron dentro y son todavía un referente en el mercado internacional.

Nuestro desafío creativo pasa, pues, por el desarrollo de géneros y conflictos universales que sean muy reconocibles. La comedia, el drama, el amor, los personajes perdedores, los sentimientos... La emoción es el gran punto de conexión con el público. Actores y directores hechos en televisión llenan cines y teatros. La ficción es hoy una de las industrias más pujantes del país, con miles de empleos creados y una gran capacidad para aunar éxito y rentabilidad. La explicación hay que buscarla en el propósito que guía su actuación: llenar el patio de butacas. Un objetivo irrenunciable.

Daniel Écija es presidente de Grupo Globomedia, productor y director.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de junio de 2010