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El conflicto de Oriente Próximo

Israel se muestra dispuesto a suavizar el bloqueo naval a Gaza

Netanyahu se resiste a una investigación internacional del abordaje a la flota

Jerusalén
Más información sobre Oriente Próximo en el blog de Enric González

Benjamín Netanyahu se niega a que se investigue el asalto militar a la flotilla. Rechaza de antemano, como ya ocurrió tras la Operación Plomo Fundido contra Gaza, cualquier investigación que emprenda la ONU: Israel no cooperará con ella ni aceptará los resultados . También rechaza la opción de una investigación interna israelí tutelada por un observador estadounidense, pese a las presiones de Barack Obama. Pero parece dispuesto a suavizar el bloqueo naval impuesto a Gaza, y a aceptar en el mismo algún tipo de supervisión internacional.

La idea de variar la actual modalidad de bloqueo, y abrir la costa de Gaza a un cierto tráfico marítimo que no incluya lo que Israel considera material armamentístico, no es nueva. El Gobierno de Tel Aviv lleva algún tiempo sopesando la opción, y los acontecimientos del lunes podrían pesar de forma decisiva. Netanyahu ha comunicado a Washington que estaría dispuesto a aceptar un "planteamiento imaginativo" en la modificación del bloqueo y que no se niega a una posible supervisión internacional.

El Gobierno israelí mantendrá el control de la frontera terrestre de la franja

Sí se niega, en cambio, a toda modificación en el bloqueo de la frontera terrestre con Israel.

El asunto resulta complejo, porque Israel lleva mucho tiempo intentando que la responsabilidad sobre Gaza (excepto en temas de armas) y sobre sus conflictivos dirigentes de Hamás recaiga progresivamente en Egipto, que ocupó la franja entre 1948 y 1967, y tal vez sobre alguna organización internacional. El objetivo es doble: alejar las culpas por la crisis humanitaria y mantener la separación entre los palestinos de Gaza y los palestinos de Cisjordania.

En cuanto a la investigación del asalto a la flotilla de activistas, sobre cuyo desarrollo las versiones siguen siendo absolutamente contradictorias, Netanyahu no muestra flexibilidad alguna.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, convocó el martes a dos asesores de Netanyahu y les propuso una opción amistosa, destinada a contrarrestar las probables conclusiones negativas de una investigación de la ONU (que serían, al menos, tan severas como el Informe Goldstone sobre Plomo Fundido) y a frenar el deterioro de la imagen internacional de Israel, que afecta indirectamente a su aliado de Washington. Obama planteó la necesidad de que Israel formara su propia comisión investigadora, con personalidades jurídicas de prestigio, y que aceptara la presencia en ella de un observador estadounidense para aportar credibilidad.

La respuesta de Netanyahu fue negativa. Argumenta que un país soberano no tiene por qué someter a investigación acciones que considera legales y legítimas, como la interceptación de la flotilla que intentaba romper el bloqueo de Gaza.

La presión, sin embargo, continúa. La de Washington y la europea. La jefa del Gobierno alemán, Angela Merkel, dijo el jueves que hacía falta investigar qué ocurrió y propuso que en la comisión tuviera presencia el Cuarteto (Estados Unidos, Unión Europea, Naciones Unidas y Rusia) que intenta mediar desde 2002 en Oriente Próximo.

También hay presiones internas. Varios ministros, en la reunión que el Gobierno celebró el miércoles antes del discurso de Netanyahu sobre la "hipocresía internacional", intentaron convencer al primer ministro para que anunciara una investigación de forma inmediata. Argumentaban que si Israel no investigaba, el mundo le impondría su propia investigación. El propio ministro de Asuntos Exteriores, el ultranacionalista Avigdor Lieberman, declaró a la prensa que le parecía bien que se formara una comisión investigadora israelí con observadores extranjeros.

El rechazo de Netanyahu a investigar cómo se planificó y efectuó el violento asalto tiene algunas razones de política interna. Las decisiones fueron tomadas al margen del Consejo Nacional de Seguridad, el órgano que teóricamente debía aprobar la operación, y por un pequeño grupo de personas entre las que figuraban el propio Netanyahu y su aliado laborista, el ministro de Defensa Ehud Barak. Cualquier resultado negativo de una investigación israelí, con observadores externos o sin ellos, afectaría directamente a ambos. Y ambos son quienes, hasta ahora, han mostrado una oposición más rotunda a que se investigue.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de junio de 2010