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COLUMNA

¡Oh cielos! Madrid

A los pies de la rotunda estatua de Minerva, en la terraza del Círculo de Bellas Artes, se despliegan las fotos de 30 artistas de la imagen agrupados bajo el epígrafe de "Madrid ¡Oh Cielos!", exposición colectiva a la intemperie enmarcada por una de las mejores vistas que la urbe ofrece a la mirada de las gentes. En coincidencia con la inauguración de la rutilante muestra, recogen los periódicos la moratoria solicitada por Ana Botella a la UE para aplazar la imprescindible limpieza del aire de la urbe, gravemente contaminada por el mefítico dióxido de nitrógeno. Los deslumbrantes paisajes celestes atrapados por los cazadores de nubes y contraluces ocultan la turbia amenaza, el venenoso y tupido velo de la polución invisible y silenciosa. En esta tarde luminosa de la renuente primavera el firmamento madrileño parece sin mácula, el sol reverbera sobre las cúpulas y barniza los tejados en apacible y engañosa armonía. Nadie diría que bajo el manto azul Purísima se agazapa el monstruo hoy disfrazado con sus mejores galas. ¡Oh Cielos!, Madrid!, claman los expertos de Bruselas, "Madrid Oh Cielos" responden desde el emplazado Ayuntamiento de la capital asediada y hay quien propone colocarle una mascarilla protectora a la Minerva sabia y armada que monta inútil guardia en la cima de su sede madrileña, foro y cenáculo, agora donde la diosa esparce los frutos de la sabiduría y protege bajo su escudo las artes y las letras. La diosa, nacida de un hachazo sobre la cabeza de Júpiter en asombroso parto, necesitaría algo más contundente que una lanza para luchar contra los peligros que se ciernen sobre la capital sitiada, su escudo, grabado con la cabeza monstruosa de la Gorgona no puede cobijar bajo el metal bruñido a los millones de madrileños que respiran bajo la insidiosa campana. "La Boina" llaman, sin tanto requilorio, los castizos a la negra nube que solo es visible cuando nos aproximamos a la ciudad. Una vez dentro son nuestras narices, nuestros pulmones y nuestros ojos escocidos los que perciben la ponzoña que se disimula, "bajo la asombrosa belleza de nuestros celajes", la frase entrecomillada pertenece al texto introductorio del catálogo firmado por el alcalde de la endeudada y envenenada capital, protocolarios párrafos sobre la "solemne serenidad" y el "intenso azul", más cianótico que velazqueño. La cianosis, describe el diccionario, es la coloración azul o amoratada de la piel debida a una oxigenación insuficiente de la sangre. Madrid se asfixia, solemnemente serena, intensamente azulada y el alcalde se recrea morosamente, la morosidad es lo suyo, con retóricas pictóricas y luminosas y tópicas pinceladas. No importa que en su prólogo celeste escriba Muñoz por Madoz, el alcalde está de paseo por las nubes y nos invita a contemplar la obra de "relevantísimos" artistas a los que esta crónica no debería aguarles la fiesta de la fotografía. Cuando visiten la relevante exposición no olviden llevar una cámara, desde la terraza del Círculo, rodeados de imágenes y circundados por el espectacular paisaje, todos nos sentimos un poco artistas.

El aire de la ciudad se mira pero no se respira y solo el vicealcalde lo encuentra "saludable"

"De Madrid al cielo y desde allí un agujerito para verlo", así se titula el texto anónimo del díptico que se entrega a los visitantes, rescatando un manido dicho que data, según el autor, de finales del siglo XVIII. Más tarde, los madrileños aclararían que desde Madrid se va al cielo porque Madrid es el Purgatorio, estación intermedia en la que penamos por nuestros pecados y sobre todo por los ajenos. A partir del año que viene la UE obliga a no superar los 40 microgramos de dióxido de nitrógeno por metro cúbico de aire y Ana Botella, concejal de Medio Ambiente (cuarto y mitad), se da por vencida. Ni la tramposa instalación de nuevas estaciones de medición en las zonas de menos polución obraría el milagro de reducir los riesgos, aunque quizás reduciría las cifras de los medidores que es de lo que se trata, pero en Bruselas no caerán en tan burda trampa y no hay moratoria que valga cuando no se afrontan las únicas medidas eficaces contra una polución que producen principalmente los escapes de los automóviles. La restricción del tráfico en las zonas de riesgo es una medida impopular y el Partido Popular prefiere que las medidas impopulares las adopten siempre los otros, en Bruselas o en La Moncloa.

El aire de Madrid se mira pero no se respira y solo el vicealcalde, Manuel Cobo, lo encuentra "saludable". Saludable y recomendable resulta sin embargo este encuentro empíreo bajo la estatua de Minerva, irrepetible cita con viejos maestros y nuevos creadores que se asomaron a los sufridos cielos y a los hermosos celajes de la urbe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de mayo de 2010