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Análisis:VI Cumbre UE-Latinoamérica

La vocación iberoamericana de España

¿Por qué el Gobierno de Zapatero ha diseñado un Plan África y un Plan Asia, pero ningún Plan América Latina? La respuesta es: Iberoamérica. España se siente parte de una región que considera ámbito natural de su política exterior. Esta visión identitaria distorsiona sus relaciones con América Latina e impide que el país ocupe, como principal donante y segundo inversor, el lugar que le corresponde en la agenda latinoamericana de la Unión Europea.

Para empezar, el término Iberoamérica crea confusiones, ya que algunas veces incluye España y otras no. Pese a los esfuerzos por construir una comunidad de naciones, sigue siendo un concepto unilateral que no calará hasta que algún ciudadano al otro lado del Atlántico diga que se siente iberoamericano. Otro problema es que la identidad iberoamericana no siempre es complementaria con la europea. Por momentos, la soberanía y no interferencia iberoamericanas chocan con los principios democráticos europeos; el sentido de comunidad iberoamericana con la política migratoria de la UE; la defensa de la política agrícola común con la firma de un acuerdo de asociación con el Mercosur; y la integración iberoamericana con el trato bilateral que tanto España como la UE dan a Brasil, Colombia, Chile, México y Perú.

Más que ser una prioridad de política exterior, América Latina es un asunto interno. Si Cuba ha sido desde siempre una cuestión polémica entre los dos principales partidos políticos, ahora también lo son las relaciones de España con Bolivia, Ecuador, Honduras y Venezuela. El cansino debate anual en la UE sobre si aumentar o disminuir el compromiso con Cuba, debido a una Posición Común que ha elaborado España y que no aplica ninguna cláusula democrática, señala que la polarización política en Madrid no sólo se recrea en América Latina, sino también en Bruselas. Perderse en batallas internas sobre un grupo de países que ni siquiera concentran los intereses de España resta energía para afrontar las prioridades en América Latina.

La vocación iberoamericana también explica la prioridad de México en la política de España y de la UE. Su alianza con el país norteamericano ha impedido construir una relación más cercana con Brasil, el principal destino de las inversiones españolas en la región. Pese a la alianza estratégica, la distancia y la rivalidad prevalecen en la relación con el país. Más que ayudar, la vocación iberoamericana de España fomenta la esquizofrenia de ser, al mismo tiempo, parte de Europa y de América Latina. Un ejemplo fue la confusa política de España hacia Honduras, que no ha reconocido al nuevo Gobierno pero sí lo ha invitado a la Cumbre UE-América Latina.

Defender los intereses de América Latina ante la UE requiere traducir la difusa vocación iberoamericana de España en una política de Estado. Uno de sus desafíos sería crear un espacio ibeurolatinoamericano en el que confluyan los sistemas euro-latinoamericanos e iberoamericano. Percibir a América Latina como un socio externo en vez de algo propio ayudaría a construir esa alianza global que prometió Zapatero al decir que "Europa y América Latina juntos son una gran potencia".

Susanne Gratius es investigadora de fundación FRIDE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de mayo de 2010