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Crítica:FOLCLOR

Contagiosa vivacidad

Lo anotó uno de sus integrantes con esa sorna tan característica (llamémosle retranca) que se estila por tierras galaicas: "Nos congratula presentarles a Sondeseu, la mejor orquesta de folk en toda la Península... además de la única". Algún responsable cultural de las administraciones municipales y autonómicas debería morirse de la envidia y seguir el ejemplo, pero intuimos que no caerá esa breva. Y saldremos perdiendo todos, porque esta orquesta nacida de la escuela de música tradicional de Vigo constituye una de las experiencias sonoras más vivificantes, contagiosas y alentadoras que han pisado la capital. Sin ínfulas: sólo con unas ganas descomunales de transmitir pasión.

Son más de 40 instrumentistas, pero olviden las hechuras clásicas de la orquesta: aquí cortan la pana las zanfonas, arpas célticas, gaitas, violines, requintas, buzukis y una amplísima nómina de pandereteiras. Hablamos, en efecto, de una agrupación en la que la edad media no alcanza el cuarto de siglo, pero que sobre el escenario del Price desparramó talento a borbotones.

Sondeseu Orquestra Folk

Dirección y contrabajo: Rodrigo Romaní. Teatro Circo Price. Ciclo Cantigas do Camiño. Madrid, 1 de mayo. 700 personas (casi lleno).

La orquesta no sólo desbrozó su tercera y más brillante criatura discográfica, Barlovento, sino que invitó a los bailarines de O Fiadeiro, tan brillantes y bisoños como ellos, a que se marcaran unos agarraos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de mayo de 2010