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Tribuna:

Ingeniería contra el envejecimiento

La aplicación de factores de crecimiento disminuye el dolor y la inflamación en artrosis, hombros dolorosos, codos de tenista y tendinitis. Nuestro estilo actual de vida, el aumento de longevidad y el siglo del "bienestar y la belleza" condicionan cambios en las actuales terapias.

Tenemos que asegurar nuestras condiciones físicas con arreglo a mayor actividad en general y, por supuesto deportiva, a edades más avanzadas. La tendencia en la medicina actual es "reparar", "regenerar", lo que forma parte de la denominada ingeniería tisular, muy útil si nos referimos a dolencias hoy tan comunes como el síndrome de hombro doloroso, el codo de tenista y golfista y las artrosis de rodilla y cadera.

Los factores de crecimiento, empleados en primer lugar por odontólogos y traumatólogos y seguidos por los plásticos, son proteínas liberadas de las plaquetas de la sangre del propio paciente, cuyo mecanismo de acción es la de inducir proliferación y diferenciación celular en aquellos tejidos en donde se infiltra.

Su aplicación en tendinopatías degenerativas o roturas parciales de tendones (en el síndrome de hombro doloroso, en el codo de tenista, en las tendinitis rotulianas y aquileas) produce una disminución importante del dolor y de la inflamación desde la primera infiltración.

Los factores de crecimiento tienen también un efecto antiinflamatorio a nivel del cartílago articular y del líquido sinovial y de ahí su empleo cada vez más frecuente en artrosis de rodillas y caderas que no mejoraban hasta ahora con otras alternativas como rehabilitación, infiltraciones, antiinflamatorios, etcétera.

En la práctica clínica se aplican de la siguiente manera: se realiza una extracción normal de sangre en la consulta, ésta se somete a centrifugación y se separa la fracción más rica en plaquetas para infiltrarla en los puntos elegidos y guiados por ecografía.

El paciente puede continuar haciendo su vida normal, aunque si la inyección es en el interior de las articulaciones se aconseja reposo durante 24 horas. Se aplica una infiltración cada 15 días, un total de tres.

Nuestra experiencia de los últimos dos años con factores de crecimiento permite asegurar un resultado de mejoría del dolor en un 70% y de la funcionalidad en un 60%. No hay que volver a infiltrar en ningún caso antes de los seis meses, permaneciendo la mayoría de los pacientes sin síntomas durante más de un año.

Estamos pues en la antesala de las terapias de cultivo celular y de células embrionarias.

Esta nueva prevención se une a los excelentes resultados obtenidos en los cinco últimos años con la técnica de ondas de choque empleada para afecciones crónicas de tendones, sobre todo en tendinopatías calcificantes y síndromes dolorosos a nivel de hombro, codo, cadera, rodillas y pies.

Dicha técnica se ha consolidado como alternativa rápida y eficaz (se aplican por término medio tres sesiones en un intervalo de una semana entre ellas) y en muchos casos se ha evitado la cirugía. El porcentaje de éxito se acerca al 85%. El tratamiento no requiere ninguna preparación previa, el paciente continua haciendo vida normal y posibilita una rápida incorporación a la actividad deportiva.

Los factores de crecimiento y las ondas forman parte de un abanico de nuevas posibilidades terapéuticas que nos permite hacer frente a nuestro actual ritmo de vida sin recuperaciones largas y complicadas, difícilmente compaginables con la actividad laboral y nos ayuda física y mentalmente a estar en forma.

Karin Freitag es médico de familia, licenciada en cirugía y máster en Reumatología por la Universidad Complutense de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de abril de 2010