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Crítica:

Penumbra en 3D

Recuperar la supuesta película de culto de los ochenta Furia de titanes para, pocas horas después, vivir el estreno de su nueva versión, de título exacto, dirigida en este 2010 por el francés Louis Leterrier, lleva a una conclusión clara: si las dos continúan siendo recordadas algún día, será por aspectos ciertamente colaterales.

La primera, por ser el último trabajo del mítico técnico de efectos especiales Ray Harryhausen, especializado en la técnica del stop-motion (captura de movimiento fotograma a fotograma); la segunda, por ser una de las primeras producciones en 3D que se intentan aprovechar del efecto pos-Avatar. Sin embargo, tras ver ambas, da la impresión de que una llegó algo tarde y la otra llega demasiado pronto: la de 1981, de añejo envoltorio y narración plúmbea, ha envejecido fatal y sólo es un acartonado producto con el encanto de las secuencias per-geñadas por Harryhausen, empequeñecido comercialmente (que no artísticamente) tras la aparición, cuatro años antes, de las galaxias de George Lucas; y esta de 2010, aún más pedregosa en su historia, porque sin los 200 millones de euros de presupuesto de Avatar no se advierten en modo alguno las presuntas maravillas de la nueva dimensión.

FURIA DE TITANES

Dirección: Louis Leterrier.

Intérpretes: Sam Worthington,

Liam Neeson, Ralph Fiennes,

Alexa Davalos, Mads Mikkelsen.

Género: aventura. EE UU, 2010. Duración: 110 minutos.

Así, en los planos generales con variados personajes, al tener estos diferente brillo según estén cerca o lejos, más que causar sensación de fondo, lo que parece es que cada uno sea de un tamaño distinto. Y, para colmo, la alarmante falta de luz en las secuencias diurnas [prueben a quitarse las gafitas en algún momento] provoca la impresión de que, más que con unas gafas para ver en 3D, hemos entrado al cine con gafas de sol.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 31 de marzo de 2010