Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:UNA HISTORIA DE ESPÍAS

El 'show' de Montgomery

Ignacio Molina fue el mejor espía de Hitler en Gibraltar. Los británicos le tendieron una trampa haciéndole creer que un actor era el general inglés. Él picó el anzuelo... y desorientó a los nazis

Un sencillo nicho del cementerio de Algeciras alberga el cadáver de Ignacio Molina Pérez. Ese nombre, junto con la fecha de su muerte (26 de mayo de 1990), es la única inscripción que tiene la lápida de mármol negro. Nada se dice de su empleo de teniente coronel de la Guardia Civil. Y menos aún, claro, de su pertenencia a los servicios de información militar de Franco. Ni que se convirtió en uno de los mejores colaboradores del Abwehr, el órgano de espionaje nazi, en el Campo de Gibraltar. Ni que era primo carnal del notario Blas Infante Pérez de Vargas, el padre de la patria andaluza, que fue fusilado por falangistas al inicio de la Guerra Civil.

El nombre de Ignacio Molina -ni él ni su primo Blas Infante usaron casi nunca el apellido Vargas- ha saltado ahora a la palestra porque el Gobierno de Londres ha decidido hacer públicos dos abultados cartapacios marcados con el sello de top secret. Se guardan en los Archivos Nacionales con la clave numerada KV2/3123. En uno de los documentos se detalla cómo Molina cayó en una trampa que le tendieron los británicos destinada a engañar a los nazis acerca del lugar del desembarco que supondría el principio del fin de la Segunda Guerra Mundial.

El teniente coronel Molina intentó evitar el fusilamiento de su primo Blas Infante, 'padre de la patria andaluza'

Entre las operaciones disuasorias urdidas por los aliados para dispersar las defensas alemanas en vísperas del Día D, los británicos pusieron en marcha la Operación Copperhead. Ésta consistía en utilizar al actor australiano Meyrick Edward Clifton James, un calco del general Bernard Montgomery, para hacer una ingeniosa maniobra de distracción. El actor, un borrachín captado para la causa por el actor David Niven, se trasladó a tal fin en el avión de Winston Churchill a finales de mayo de 1944 hasta Gibraltar, una zona que se había convertido en un nido de espías.

El sosia de Montgomery fue recibido por el gobernador del Peñón, sir Ralph Eastwood, y se dejó ver ostensiblemente. El entonces comandante Molina había sido casualmente invitado ese día a la sede del Gobierno y observó la escena desde una ventana. Ante las preguntas y el desconcierto del oficial de la Guardia Civil, un ayudante del gobernador le explicó que el general estaba en Gibraltar haciendo escala en su viaje a Argel. Y Molina mordió el anzuelo.

Nada más cruzar a La Línea de la Concepción, los agentes de contraespionaje vieron cómo Molina corría a hacer una llamada telefónica. En el expediente ahora desclasificado consta un informe en el que se hace notar que "el material llegó a Berlín en 20 minutos", es decir, que el espía español transmitió la información de inmediato a los nazis. Los ingleses, de hecho, interceptaron un mensaje codificado enviado desde Madrid a Berlín que decía: "General Montgomery llegó a Gibraltar 26/5. Se reunió con gobernador y general francés desconocido".

Molina adornaría después su propio relato de aquel episodio al comentar a uno de sus confidentes -en realidad un doble agente británico apodado Pantalones- que había estrechado la mano de Montgomery y que le había parecido un hombre "muy simpático" (así consta literalmente, en castellano, en el informe británico).

El ardid, como habían previsto los cerebros de la operación, dio los resultados esperados: contribuyó a convencer al führer Adolf Hitler de que los aliados estaban preparando un ataque desde el Mediterráneo. Otro de los agentes que participó decisivamente en una de aquellas maniobras de distracción fue el espía antifascista Juan Pujol García, un barcelonés que entraría en la historia con el sobrenombre de Garbo. Eso facilitó las cosas para el desembarco de 150.000 soldados aliados en las playas francesas de Normandía el 6 de junio de 1944, un lugar que los alemanes no tenían demasiado guarnecido.

El episodio del falso Montgomery es quizá el más llamativo de los protagonizados por Cosmos, como denominaban los agentes ingleses al comandante Molina. Pero hubo mucho más que eso. "Está probado que Molina es el principal agente de la extensa organización secreta nazi en España y Marruecos", se afirma en uno de los informes secretos. Las anotaciones que componen el dossier elaborado a lo largo de años sobre él indican bien a las claras que lo tenían vigilado día y noche. Los agentes del contraespionaje llegaron a controlar durante varios meses a qué hora entraba en Gibraltar y a qué hora salía; con quién hablaba; los bares a los que iba; que su esposa se llamaba Ramona López Riquelme; los hijos que tenía... Lo sabían todo sobre él.

Los británicos siguieron controlándole incluso después de la Guerra Mundial. Así se enteraron -y así hicieron constar en sus partes escritos- que uno de los hermanos del espía español, el notario y jurídico militar Rodrigo Molina, había sido asesinado en julio de 1946 por disparos del teniente coronel José María Ruano Ruiz. Al sepelio acudió el todo Madrid, bajo la presidencia del ministro de Justicia, el falangista Raimundo Fernández-Cuesta, y el general Francisco Franco Salgado-Araújo en representación de su primo el Generalísimo.

Los británicos tenían sometido a estricto control a los espías alemanes y a los españoles que colaboraban con ellos. En diciembre de 1941, los ingleses habían logrado descifrar la clave interna usada por el Abwehr para sus comunicaciones de radio con sus delegaciones en los países neutrales. Desde febrero de 1942 pudo ser descifrada además la clave especial GGG, utilizada exclusivamente para las comunicaciones entre Gibraltar y Berlín vía Madrid. El encargado de ese seguimiento era el jefe de la "sección España y Portugal" del servicio secreto británico MI6, que era nada más y nada menos que Kim Philby, el que con el correr de los años llegaría a ser el más famoso topo del KGB soviético en el Reino Unido.

Ignacio Molina Pérez de Vargas, hijo de José Molina Gil e Isabel Pérez de Vargas Romo, había nacido el 31 de julio de 1897 en Casares (Málaga), el mismo pueblo donde vio la luz su primo Blas Infante. Se preparó en la escuela de los maristas de Toledo para su ingreso en la Academia de Infantería, de donde salió con el grado de alférez en junio de 1919. Fue destinado a Algeciras y más tarde "prestó servicio con motivo de los sucesos revolucionarios" protagonizados a finales de 1934 por fuerzas de izquierda en Asturias.

Integrado ya en el cuerpo de Carabineros, "el 18 de julio de 1936 este capitán [Molina] se adhirió al Glorioso Movimiento Militar salvador de España, iniciado en dicha fecha por nuestro Ejército", según consta en su expediente profesional, que se conserva en el Archivo General Militar de Segovia. En septiembre de 1937 fue destinado al Servicio de Información Militar (SIM), creado por el general Franco, a las órdenes directas del gobernador militar del Campo de Gibraltar.

Durante la Guerra Civil, según aseguran miembros de su familia, salvó de la muerte a varios anarquistas valiéndose de sus influencias. "Pero no pudo hacer lo mismo con su primo Blas Infante, aunque lo intentó, pese a estar en posiciones ideológicas dispares", recalca hoy su pariente Alberto Pérez de Vargas Luque, catedrático y director del colegio universitario Cardenal Cisneros de Madrid.

A partir de esa fecha, Molina empezó a forjarse la carrera de espía con notable brillantez. Tras estallar la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en uno de los mejores y más eficaces confidentes al servicio de la Alemania de Hitler. "Él siempre fue un hombre muy recto y muy disciplinado, aunque muy mujeriego. Lo que hiciera, seguro que lo hizo cumpliendo órdenes", proclama un familiar que pide el anonimato.

En el libro La guerra secreta de Franco (editorial Crítica), el historiador Manuel Ros Agudo escribe: "Molina había entrado en relación con el servicio de información alemán en septiembre de 1938, cuando, siendo miembro del SIM en Algeciras, el capitán de corbeta Gustav Leissner le encargó recoger informaciones sobre los preparativos británicos en Gibraltar con ocasión de la crisis de los Sudetes".

El espionaje británico sostenía que, en julio de 1942, Molina "dio orden a un teniente de Carabineros de no disparar en la noche del 13 al 14 de julio si se veían objetos extraños flotando en la superficie". Esa noche, saboteadores italianos habían puesto cargas explosivas en los buques británicos Baron Kinnaird, Shuna, Baron Douglas y Empire Snipe, causándoles graves daños. El MI5 inglés aseguraba que Molina facilitó pases en 1943 a unos italianos ocultos a bordo del Olterra "para que pudieran realizar sus movimientos [de sabotaje en aguas gibraltareñas] sin ser molestados".

Tales actividades hicieron que el Gobierno de Londres le prohibiera entrar en Gibraltar desde septiembre de 1944, a la vez que solicitó al general Franco que alejase del Peñón a ese mando de la Guardia Civil (el cuerpo de Carabineros había sido absorbido en 1940 por este instituto armado). En un informe para el general Carlos Asensio Cabanillas, ministro del Ejército, el acusado desmentía las 24 acusaciones de los británicos... Y la investigación interna concluyó manteniéndole en Algeciras.

Los ingleses, al ver que sus quejas no surtían efecto y que Molina seguía actuando en el Campo de Gibraltar, le declararon persona non grata. Entre el enfado y la desesperación de seguir teniendo tan cerca a alguien tan molesto, planearon meterle en un avión y llevarlo a Inglaterra para interrogarle. Pero el superespía Kim Philby rechazó de plano el proyecto al creer que el Foreign Office no lo respaldaría.

La Kriegsorganisationen-Spanien llegó a ser una de las redes más sólidas montadas por los nazis en el extranjero. Uno de sus objetivos era el control de los barcos aliados que atravesaban el estrecho de Gibraltar. Este entramado, sin duda, contó con el apoyo de Franco, pese a la pretendida neutralidad de España en la Segunda Guerra Mundial. "Los casos del coronel Eleuterio Sánchez Rubio [destinado en La Línea al servicio del Alto Estado Mayor] y del comandante Molina indican que el apoyo iba dirigido desde arriba", afirma el historiador Manuel Ros.

Molina fue estrecho colaborador y amigo del general Fernando Barrón, gobernador del Campo de Gibraltar y jefe del Alto Estado Mayor, así como del general Eduardo Sáenz de Buruaga, capitán general de Sevilla y más tarde director de la Guardia Civil. También se relacionó con el banquero Juan March, que en su día había financiado el golpe de Franco contra la República. Según algunos de sus familiares, tuvo fácil acceso a Carmen Polo, la esposa del dictador, así como a otros personajes del franquismo.

Era "malo de los pies a la cabeza", concluye hiperbólicamente el autor de uno de los informes británicos que ahora han dejado de ser secretos. Ante semejante calificativo, uno de sus familiares replica tajante: "Era un hombre bueno. No era de la Gestapo ni tuvo nada que ver con la Gestapo. Y, de hecho, él ayudó a un grupo de niños judíos que pasaron por Gibraltar huyendo de Alemania y otros países". La misma persona asegura que Molina jamás fue condecorado por los nazis, desmintiendo así lo que consta en los expedientes del MI5 británico.

El veterano agente secreto se jubiló con el grado de teniente coronel de la Guardia Civil, sin esperar a un posible ascenso a coronel. Siendo octogenario, según su familia, se mostró contrario al golpe del Estado protagonizado en el Congreso de los Diputados por Antonio Tejero el 23-F de 1981.

Un familiar afirma que "tres veces quisieron hacerle alcalde de Algeciras... y tres veces rehusó el cargo", durante el franquismo. Desde mayo de 1990, sus restos reposan en un nicho del cementerio de esa ciudad gaditana. La misma que fue testigo de buena parte de su carrera militar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de marzo de 2010