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Análisis:

Los patriotas

El CIS nos ha informado de que la desconfianza en la clase política es una de las máximas preocupaciones de los españoles. Me atrevo a afirmar que, por una vez, resultaba innecesario sondear a la población de manera oficial: basta con que un grupo de españoles se reúna en torno a una mesa para que el título de la tertulia sea, "¿qué hemos hecho nosotros para merecer esto?". Hace unos días el Financial Times hablaba de la urgente necesidad que tenía el Gobierno español, si es que quería sacarnos de la crisis, de contar con el compromiso y la lealtad de las comunidades autónomas, de una acción conjunta sin fisuras dado que de los casi tres millones de funcionarios españoles sólo un 22% trabajan para el Gobierno central.

La vida nos enseña a que a las personas hay que conocerlas, políticos incluidos, por lo que hacen y no por lo que dicen que son. Poco me importa a mí, francamente, que Esperanza Aguirre haya decidido desde hace tiempo mostrarse como una defensora jacarandosa de las esencias de lo español. Mucho toro y mucha defensa de la historia común de nuestra España y cuando llega la hora de arrimar el hombro en lo económico, que es lo que verdaderamente vertebra el presente, la presidenta con veleidades populistas Palin se pone en jarras y dice que en lo que respecta a "su" Comunidad promoverá una rebelión pacífica contra la subida del IVA. Es irónico que aquellos que llevan años alertando de palabra sobre la debilidad del Estado sean los más activos en la insumisión a cualquier medida del Gobierno central que consideren ajena a su ideario.

La Comunidad de la señora Aguirre es tan suya como mía, como de usted; es por tanto inaceptable que abandere la desobediencia contra una medida con la que la mitad de los votantes de su Comunidad pueden estar de acuerdo. Ay, los patriotas, qué escasos andan de patriotismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de marzo de 2010