Crítica:MÚSICA CLÁSICACrítica
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Ingeniería con alma

No podía ser una velada normalita, ni tan siquiera un gran concierto. Tenía que ser algo más, mucho más. Ibermúsica celebraba el concierto-aniversario de sus cuarenta años de existencia, y su fundador, Alfonso Aijón, tenía que ser fiel a sí mismo y a su estilo, esa manera de hacer las cosas que, contra viento y marea, y sin subvenciones públicas, ha conseguido implantar una cultura sinfónica en Madrid -y de rebote en otros lugares- que para sí la quisieran muchas áreas del conocimiento. Así que recaló para la gran fiesta de aniversario la Filarmónica de Berlín, con sir Simon Rattle, y aquí paz y después gloria. Rattle planteó un programa de reconciliación, llamémosle así, combinando en la misma sesión músicas de Wagner y Brahms, con Schönberg de bisagra. Wagner el progresista, Brahms el conservador, para los analistas de la época. Hasta que llegó Schönberg y reivindicó el carácter progresista de Brahms en el libro El estilo y la idea.

FILARMÓNICA DE BERLÍN

Director: sir Simon Rattle.

Wagner: obertura de Los maestros cantores de Núremberg.

Schönberg: Sinfonía de cámara núm. 1, opus 9b.

Brahms: Sinfonía núm. 2 en re mayor, opus 73.

Concierto aniversario 40 años de Ibermúsica. Auditorio Nacional, Madrid, 23 de febrero.

La historia de los valores -incluso los musicales- da muchas vueltas y al final lo que queda es la buena música al margen de los calificativos. La otra se olvida.

La buena música y las buenas interpretaciones. Y en eso de las grandes interpretaciones la Filarmónica de Berlín -la orquesta de Rattle, de Abbado, de Karajan, de Furtwängler...- sienta cátedra. Nadie mejor que ella para reconciliar a lo grandes músicos. Para hacer aún más grande a Brahms, a Wagner, a Schönberg y a quien pongan en los atriles.

Porque la Filarmónica de Berlín es, más que un anhelo, un mecanismo de perfección. Es la máquina sin fallos de hacer música, pero música con alma. Al menos si está dirigida como ayer. Se presentó con un Wagner sosegado, atento al factor humano más que a la parafernalia del espectáculo. Continuó con un Schönberg de lírico expresionismo y acentuado romanticismo tardío. Y remató con una Segunda, de Brahms antológica, vista desde la serenidad, brillante a la vez que contenida, humanista en la medida que un mundo de ayer se pueda volcar en una sensibilidad de hoy. La ejecución técnica fue primorosa y la atmósfera que Rattle transmitió a sus músicos era a la vez de una gran intimidad y de una profunda melancolía. Sin brizna de sentimentalismos innecesarios. Con un justo equilibrio de corazón y cabeza. Los músicos siguieron con extraordinaria precisión las indicaciones de su director y lograron ese ambiente sonoro mágico de las grandes citas, las que están tocadas por la irresistible combinación de historia, sabiduría, mito, reflexión y ternura. La cultura centroeuropea brilló en todo su esplendor.

El éxito, se lo pueden imaginar, fue apoteósico. La Filarmónica de Berlín y Simon Rattle actúan esta tarde en el Auditorio de Zaragoza (que celebra así sus quince años de existencia) con el mismo programa que el pasado 20 de febrero ofrecieron en su sede de Berlín a beneficio de los niños de Haití a través de Unicef. Mitsuko Uchida será la solista del Concierto para piano num. 4, de Beethoven. Antes, los berlineses interpretarán San Francisco Polyphony, de György Ligeti, y como cierre la Segunda sinfonía, de Sibelius. Otro concierto que también promete ser inolvidable.

Sir Simon Rattle, en su concierto ayer con la Filarmónica de Berlín en el Auditorio Nacional.
Sir Simon Rattle, en su concierto ayer con la Filarmónica de Berlín en el Auditorio Nacional.SANTI BURGOS

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 24 de febrero de 2010.

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