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Entrevista:George Clooney | ENTREVISTA

"He tenido relaciones en las que me he sentido totalmente solo"

Está en todos los sitios y se agradece. Ahora más, con tres nuevas películas. Una de ellas, 'Up in the air', le puede llevar a los Oscar. Estuvimos con él y exhibió, de nuevo, su gran sentido del humor.

Si hay alguien omnipresente en Hollywood, ése es George Clooney. Este año más que nunca. Las fotos llueven desde cualquier festival del mundo. Londres, Venecia, Toronto, Roma. Clooney de esmoquin y estreno, Clooney descamisado y bromista. Pero siempre con estilo. Clooney con la mano rota. El Pupas, que le llaman ya con tanto accidente banal. Clooney del brazo con una última belleza por novia, la presentadora italiana Elisabetta Canalis. Además, está el rostro de ese hombre que nos lo vende todo, café, alcohol, relojes. O el arco que se forma en sus cejas cuando se pone serio, implicado hasta la médula en diferentes campañas humanitarias, especialmente a favor de los refugiados de Darfur. El galán políticamente concienciado incapaz incluso en los momentos de agitado debate de abandonar su pícara sonrisa. Y sobre todo el actor, con tres películas por estrenar que no pueden ser más diferentes. Por un lado, la que probablemente le llevará de nuevo a la ceremonia de los Oscar, Up in the air (estreno en España el próximo viernes), el retrato de un ejecutivo que se pasa el día volando para despedir gente. Por otro, esa sátira que parece increíble aunque está basada en hechos reales, The men who stare at goats, centrada en el deseo del ejército estadounidense de formar una unidad con poderes paranormales. Y como guinda, el Clooney hecho un zorro que protagoniza The fantastic Mr. Fox, película de animación que dirige Wes Anderson y está basada en un cuento infantil de Roal Dahl.

"Hay pocos taquillazos para un héroe de 48 años, aunque se llame Clooney"

"siempre fui el galán maduro, así que ahora que soy viejo estoy cómodo"

"me llamaron traidor por preguntar a bush por la guerra de Irak"

Hijo de la reina de un concurso de belleza y un periodista local, nacido en la pequeña localidad de Augusta, en Kentucky (EE UU), y sobrino de la cantante de jazz Rosemary Clooney. Sonoro en sus bromas y discreto en su vida privada, escasamente se le conocen novias confirmadas a este soltero empedernido. Pero ni tan siquiera los rumores sobre una posible homosexualidad cuajan, porque él es el primero en tomárselos a broma.

No importa dónde coincidas con Clooney; siempre habrá una sonrisa y una broma, y hasta un momento de seriedad aunque al segundo siguiente te haga sentir de nuevo que todo era un chiste. ¿Mecanismo de defensa o ganas de agradar? Su forma de ser. Hasta sus películas tienen ese "sello Clooney" donde él es la estrella, pero se vanagloria de ser sólo un secundario, ensalzando siempre la labor de otros sobre la suya sin que suene a falsa modestia. El héroe que sólo interpreta papeles de antihéroes (su paso por Batman no es más que la excepción que confirma la regla). Filmes dramáticos cada vez más divertidos, de los que a menudo hacen reír por no llorar. Películas infantiles como The fantastic Mr. Fox, pero para adultos. Nada es exactamente lo que parece en el mundo Clooney. Ni tan siquiera su ubicación, hoy en Toronto a punto de volver a Los Ángeles; de paso por Venecia venido desde ese paraíso que es su residencia en el lago Cuomo o en puente aéreo para su último estreno en Londres, de donde se irá horas más tarde a Roma para hacer lo mismo, vender su sonrisa. Éste es el recorrido abreviado que ha hecho posible esta entrevista a un actor que no para. Con casa y productora en Los Ángeles, aunque la mansión de la que siempre habla y el amor que nunca menciona estén en Italia.

¿Existe algún momento de respiro para Clooney? Voy a caer por casa, por Los Ángeles, hoy por primera vez en tres meses y medio. Bueno, podría decir que casi por primera vez en más de dos años. Echo de menos a mis amigos, no te creas. Son una parte importante de mi vida. Pero prefiero tomármelo con humor y aprovechar para una reforma. Ya sabes, transformar el piso de estudiante que tenía en la casa de un adulto. ¡Ya no reconozco ni mi casa! Nuevas puertas, cuartos de baños. ¡Como para levantarse a media noche! Acabas en medio de un armario buscando el cuarto de baño. Ha sido una temporada ¿Cómo describirla? Un poco nómada. Pero aprovecho cada momento. Disfruto plenamente de lo que hago y de esta etapa de mi vida en que soy consciente de que puedo trabajar justo en el nivel en el que quiero trabajar, que estoy haciendo lo que quiero. No me lo perdería por nada del mundo. Así que estoy muy contento de pasarme el día de un lado para otro.

¿Incluso si se le acumulan las películas?

He dicho que me gusta lo que hago. No he dicho que me guste lo que hacen con ello. No era mi intención que se estrenaran todas a la vez. Pero debe de ser mi sino, porque ya me pasó cuando Buenas noches y buena suerte y Syriana se estrenaron con un mes de diferencia. En este caso, una es una comedia y la otra no tiene nada cómico. De hecho, Up in the air es bastante triste, aunque la gente se piense que es una comedia. The men who stare at goats es una comedia donde la cabra me roba la película. Bueno, Jeff Bridges también está bien [risas]. Y en The fantastic Mr. Fox quien me roba la película es Bill Murray. Así que ahí lo tienes. Tres estrenos, pero en ninguno de ellos soy el verdadero protagonista; por lo que me puedo dedicar a disfrutar de la interpretación de mis compañeros, de trabajos tan fantásticos como el de Anna Kendrick en Up in the air.

Sin embargo, hace tiempo que dejó de ser un mero actor para tomar parte más activa en sus películas. A medida que te haces mayor te sientes más cómodo con el momento que vives en tu carrera. Está muy claro que ya soy mayor para empezar una de esas franquicias millonarias en las que se apoya el Hollywood actual. Así que prefiero buscar el éxito en otro lado. En filmes con un presupuesto de 18 millones de dólares y 15 millones de dólares de promoción, películas que, una vez recaudados unos 40 millones de dólares en la taquilla, recuperen la inversión. Pequeñas joyas con una historia interesante como la película animada de Wes Anderson, o la que ha dirigido Jason Reitman [Up in the air], o la de Grant Heslov, de la que con orgullo puedo decir que fui productor ejecutivo, The men who stare at goats. Y espero que funcionen. Pero, digámoslo así, mi carrera no depende del éxito de mis cabras. El riesgo es pequeño y yo me doy por contento si me dejan seguir haciendo esto. Cuando no me dejen, tendré que buscarme una franquicia que enterrar. Un Batman que destruir.

Hay otras franquicias como 'Ocean's 11'.

¡Y la exploté al máximo! Oceans 12 y 13 sirvieron para pagarme Syriana, El buen alemán y Buenas noches y buena suerte. Todos estos filmes fueron posibles gracias a esas franquicias y no voy a pedir disculpas. El juego cambia cuando soy yo quien financia el proyecto. A estas alturas me mantengo al margen del sistema lo máximo posible; lo que hago es buscar mis historias, pequeñas, pero rentables. ¡Hay pocos taquillazos para un héroe de 48 años! ¡Aunque se llame Clooney!

Cuando echa la vista atrás, ¿cuáles son las películas que recuerda con más cariño? La primera tiene que ser Out of sight [Un romance muy peligroso], porque fue mi primera buena película, la primera que funcionó y que sigue vigente. No hablo de la taquilla, porque me parece que se hundió con todo el equipo. Quizá sea mejor ejemplo O brother, porque fue un punto de partida en mi carrera. Mis primeros trabajos con los [hermanos] Coen y con [Steven] Soderbergh fueron importantes. Me encantó Buenas noches y buena suerte, pero uno no puede poner su propia película en esta categoría. Michael Clayton, una película sólida y que se mantiene. Up in the air ha sido una experiencia muy especial. Te hablo de las películas que han respondido a lo que trato de hacer, cintas que duren más que su fin de semana de estreno. Supongo que te podría buscar hasta siete u ocho de ellas de las que me siento orgulloso, que no se hicieron por la taquilla ni por los ceros que tenía el cheque y que han tenido vida más allá de su estreno. También tengo una lista igual de larga de filmes apestosos o que no funcionaron, pero de esos no vamos a hablar ahora, ¿verdad?

¿Y qué diría de su primer trabajo en cine, de la primera vez que se vio en pantalla?, ¿a qué categoría pertenece? A la de experiencia terrorífica. Era muy joven y mi voz era más profunda. Fue The return of the killer tomatoes [1988]. Horripilante. El corte de pelo era espantoso y hacía todo lo que no debe hacer un actor. Encima, les pedí a todos mis amigos que vinieran conmigo a verme en el estreno. ¡Y qué me iban a decir! ¡Eran mis amigos! Espero haber mejorado.

¿Cómo ve su evolución como actor?

No soy de ésos a los que les gusta reflexionar mucho sobre el pasado. Además, ni siquiera creo que haya cambiado tanto [risas]. La diferencia quizá es que comencé a trabajar muy joven. A los 21 me mudé a Los Ángeles para ser actor, y lo que he aprendido en estos años es lo que no debo hacer. Como no agotar las escenas hasta el final. Soy de los que piensan que la carrera de cualquier actor atraviesa por tres etapas. Primero está ese momento en el que sobreactúas y todo es grande. Luego alcanzas ese punto en el que deseas que todo sea creíble, así que cada detalle es importante. Y finalmente llega el momento en el que te relajas un poco más y lo mezclas todo; acabas teniendo una opinión más clara de tu personaje en lugar de limitarte a decir sus frases.

¿Influye eso en su elección de proyectos en la actualidad? El proceso es muy sencillo. Leo el guión y escojo las películas que a mí como espectador me gustaría ver. Cada vez disfruto más con las comedias. Especialmente comedias que no lo son, comedias que puedo interpretar en serio. Pero claro que soy consciente de que a lo largo de mi carrera he hecho más de una película que es mejor no ver.

Si dice no tomarse en serio en su carrera, en su vida personal es difícil conseguir dos declaraciones seguidas de Clooney sin que te haga reír utilizándose a sí mismo como motivo de mofa. O a algunos de sus amigos más cercanos. Como Brad Pitt y Matt Damon. Un ejemplo: "Mi éxito fue tan tardío que déjame que me presente. Mi nombre es Brad Pitt [risas]. Bueno, una versión algo más canosa y vieja". El actor se ha ganado a pulso su fama de bromista, aunque a veces sus chistes, incomprendidos, se le han vuelto en contra.

Me parece que a estas alturas la gente ya le ha calado, ya sabe bien quién es y le conoce por sus propios méritos. ¿Como quedarme dormido en mitad de una cena, tal como me pasó ayer mismo? No sé, no tengo grandes señas de identidad. Con los años, me veo cada vez menos fantástico.

¿Van pesando? Los años, digo. Soy viejo, no lo puedo ocultar [risas]. Además, trabajo sin maquillaje y me estoy dando cuenta de que ahora con las cámaras de alta definición se ve todo. Voy a tener que cambiar de costumbres. De todas formas, tengo suerte porque desde el principio de mi carrera me emparejaron con actrices de mi edad o mayores. Siempre fui el galán maduro; así que ahora que soy viejo me siento de lo más cómodo con la situación. Pero tendré que empezar a tomar medidas.

Cuidado con lo que dice porque queda escrito. Tienes toda la razón y no aprendo. Gasto una broma, es traducida una y otra vez y al final no tiene nada que ver con lo que dije al principio. Como la broma que gasté con Julia Roberts en el programa de Oprah Winfrey... Y ahora, ya sabes, ésa de que me he operado los ojos.

¿No le hace eso cada día más cauto con la prensa? ¿Tú crees? No sé, yo no pienso así. Tengo un par de procesos legales contra un par de publicaciones porque saltaron la verja de mi casa para unas fotos. Hay límites en lo que se refiere a la intimidad, y uno es la verja de mi casa. Pero como hijo de periodista, me siento en una gran encrucijada y estoy dispuesto a sacrificar algo de mi intimidad a favor de la libertad de expresión.

Sobre todo cuando le llaman el nuevo Cary Grant. No me voy a quejar. Es agradable. La gente siempre tiene que compararte con algo. Seguro que a Cary Grant le compararon con alguien. Y a John Krasinski le toca ser el nuevo George Clooney [risas].

Tampoco está mal ser George Clooney, ¿no?

¿Al margen del problema con el alcohol? [risas]. No, no hay nada malo en ser George Clooney; y si lo hubiera, no me pondría a contarlo, porque nadie quiere oír las quejas de alguien que se gana bien la vida y disfruta de la fama. La verdad es que disfruto de la vida muchísimo, tengo una maravillosa casa en Italia y amigos maravillosos. Así que puedo tolerar los contratiempos.

Más ahora que está acompañado... Llevo no sé cuánto tiempo sin hablar de mis acompañantes o de mi vida privada y no quiero parecer brusco, pero simplemente no quiero hablar de ello. Sólo te diré que, como le pasa a todo el mundo, he tenido relaciones en las que me he sentido totalmente solo. Mis experiencias no se diferencian de las del resto de la gente. Simplemente, se airean más.

Quizá haya una diferencia fundamental. Que sus relaciones sean más numerosas. Como todos. Siempre he mantenido una estrecha relación con mi madre [risas]. Y con mi padre mis relaciones fueron tensas cuando tenía 20 años, como ocurre entre muchos padres e hijos. Mis amigos son gran parte de mi vida. Del resto, digamos que en la actualidad vuelo con Alitalia [risas]. Y cuento con un buen copiloto [risas].

¿De dónde nace su amor por Italia?

Es como preguntarme por qué trabajo tanto. Me gusta. Es lo que hago. No tengo hijos y toda mi atención se va al trabajo. Por eso, cuando me tomo unas vacaciones, me gusta rodearme de mis amigos. Y por suerte cuento con la casa más bella que he podido encontrar. Y está en Italia.

¿Cómo la encontró?

Fue hace siete años. Pertenecía a la familia Heinz. La verdad es que nunca supe a qué atenerme, porque la compra vino con una de esas frases de película tipo 'te voy a hacer una oferta que no puedes rechazar'. Fue una operación financiera fantástica. Y entonces pensaba que eso es lo que iba a ser, una operación financiera fantástica, porque hasta ese momento nunca me había ido de vacaciones. Aquí o allá, pero siempre trabajando, incluso cuando viajaba. Pero resultó ser más que una gran operación financiera. No me entiendas mal, porque lo fue y mi villa vale mucho más dinero del que pagué. Pero cuando me quedé allí la primera vez, me di cuenta de que era un lugar perfecto para recargar las pilas, para estar con mis amigos, con mi familia. Por allí han pasado Walter Cronkite, Al Gore, Guy Ritchie, Matt Damon, toneladas de gente en lo que ya es mi versión de las tertulias del Algonquin [famosa tertulia neoyorquina], 10 o 15 personas compartiendo la misma mesa y unas historias de lo más interesantes. Es la verdadera felicidad. Además de la comida, porque ya sé que sonará a tópico, pero los estadounidenses vivimos para trabajar y los italianos trabajan para vivir. Puedo decirlo con conocimiento de causa: antes de vivir en Italia nunca había comido como Dios manda. Porque comer de pie no es comer. Sentarte a una mesa y hacer comidas de dos horas y media, ¡eso sí es comer! Por no hablar de las mujeres italianas [risas]. Vamos, que mi casa en Italia es la mejor decisión que he tomado en mi vida.

¿Le sería imposible vivir sin estos lujos? Parte de mi mecanismo de supervivencia de los últimos 15 años es que todavía hago cola a la hora del almuerzo. No intento colarme. Al revés, me pongo el último, porque así sé que nos darán un poco más de tiempo para comer en los rodajes. Sí, claro que vuelo en jet privados si puedo, pero porque no es agradable que te saquen la foto con el hilillo de baba mientras duermes. Pero también utilizo aerolíneas comerciales. El único lujo del que no podría prescindir es de mi villa italiana.

Tanto hablar de lujos, es fácil caer en la trampa de pensar que Clooney no es más que otra estrella, todo brillo y poca sustancia. De nuevo el actor hará poco para cambiar esta opinión errónea aunque sus acciones siempre muestran la otra cara de Clooney, concienciado y comprometido. No se trata de fanfarronear de lo que hace. Más bien de predicar con el ejemplo. Y de dirigir ese chorro de luz que le ha caído encima por ser George Clooney hacia otros en los que nadie se fijaría nunca. De nuevo les da las gracias a sus padres. "Es difícil hablar de estos temas sin quedar como un completo arrogante, pero a mí me criaron con la idea de que hay que cuidar de aquellos que no pueden cuidar de sí mismos, que no tienen voz para dejarse oír. Unas veces lo conseguiré y otras fracasaré estrepitosamente. Pero al menos habré hecho el esfuerzo. Es algo que me enseñaron mis padres y no digo que sin esfuerzo, porque recuerdo que en navidades, aunque no tuviéramos mucho, siempre nos daban algo de dinero para comprar regalos para desconocidos. Esa costumbre me enfadaba de niño, pero he de reconocer que me enseñó a prestar atención a las necesidades de otros.

¿Cómo está en la actualidad la situación en Darfur? Más de 2,5 millones de personas permanecen en campos de refugiados en la frontera con Chad y su situación no mejora. Incluso va a peor porque las tensiones van a explotar en la región. Lo que queremos es llevarlos a casa. Pero es esa crisis y muchas otras. Escogí los campos de refugiados de Darfur porque uno tiene que enfocar sus energías y saber hablar del tema. No seré un experto, pero conozco la situación. Hay otras formas de ayudar. Y son muchos los que lo han hecho antes que yo. Audrey Hepburn, Brad [Pitt] y Angie [Jolie], Bono. Disfrutamos de una atención excesiva, un brillo que te puede quemar si no sabes redirigirlo hacia otros fines.

¿Cree que ahora el cine se enfoca a hacer lo que no hacen otros? Los políticos dejaron de hacerlo hace tiempo.

Pero el público parece salir huyendo de cualquier película que parezca concienciada.

Uno no puede dedicarse a soltarle el sermón al público. Por eso pienso que la comedia es la mejor forma de tratar estos temas. De ahí el éxito de Tres reyes. Por reírse de lo absurdo. The men who stares at goats es una metáfora de lo que hemos hecho en Guantánamo. Y lo malo es que es cierto, que por buscar formas pacíficas de evitar la guerra aprendieron a torturar a la gente con la canción del dinosaurio Barney [un tema para niños]. Lo mismo me pasa con Up in the air. Son las películas que más disfruto.

Su voz también se ha dejado oír en política. Y por hacerlo me han llamado traidor. Por preguntar a mi Gobierno la necesidad de enviar 150.000 chavales a Irak. Ahora resulta que se habían equivocado. Demasiado tarde para muchos de ellos.

Veo que hay algo que le hace perder ese humor Clooney que tanto le caracteriza. La ignorancia me enfurece. Y eso es lo que desde hace años nos quieren vender los conservadores. Argumentos ridículos contra la reforma del sistema sanitario, sobre la guerra, contra Obama. Vivimos una continua guerra contra la ignorancia, y la verdad es que no sé si la estamos ganando. Hemos perdido mucho. Ése es el legado que nos ha dejado el señor Bush. Lo que más disfruto del cine es que me da un foro artístico para reflejar el mundo en el que vivimos. Bueno, y para disfrutar del humor en medio de las situaciones más dramáticas.

El hombretón que dormía en el armario

George Timothy Clooney

nació en 1961 en el Estado de Kentucky (EE UU). Desde que tenía cinco años, su padre, periodista, le invitaba a los estudios de televisión en los que trabajaba como presentador de un magazine. Lo intentó casi todo; la universidad y el béisbol se le dieron fatal. En 1982 decidió mudarse a Los Ángeles, donde durmió durante meses en el armario del piso de un amigo hasta que encontró papelitos que le dieran de comer. La culpa fue de su primo, Miguel Ferrer, que le enchufó en una película, y entonces le atacó el gusanillo. (En la foto, en la serie Roseanne, en 1989).

Ha sido proclamado el hombre más sexy del mundo por la revista People. Saltó a la fama por su papel en la teleserie Urgencias; desde allí ha llegado a papeles de enjundia como en Syriana, que le valió un oscar, y Buenas noches y buena suerte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de enero de 2010

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