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Entrevista:KUMI NAIDOO | Director de Greenpeace

"Falta voluntad política para salvar Copenhague"

El activista antiapartheid y por la justicia social Kumi Naidoo (Suráfrica, 1965) asume hoy la dirección de Greenpeace. Es portavoz de la Campaña Internacional contra el Cambio Climático. Su objetivo es ahondar la conexión entre la lucha por el medio ambiente con la defensa de los derechos humanos, afectados todos ellos por el cambio climático.

Pregunta. Llega entre el fiasco de Barcelona y un Copenhague pesimista.

Respuesta. Hay falta de voluntad política y la situación en Estados Unidos hace más difícil conseguir un acuerdo vinculante. Los que hablan de llegar a un pacto político dejan poco lugar al optimismo: otros procesos políticos, no vinculantes, incluso los Objetivos de Desarrollo del Milenio, tienen unos niveles de cumplimiento del 25% o 30%, porque no hay ninguna obligación.

"Los países pobres pagan el precio más brutal por el cambio climático"

P. EE UU dice que necesita tiempo para que Obama negocie con un mandato claro del Senado.

R. No es que el tiempo se agote, es que para muchos está ya agotado, sobre todo en países pobres, los menos responsables por la catástrofe climática que viven. Pagan el precio más brutal por el cambio climático industrial. Obama debe usar su capital político con la ciudadanía y mantener la conversación que ha permitido la reforma sanitaria. No tener a Obama donde lo queríamos en Barcelona no significa que no pueda estar en Copenhague.

P. ¿Y la Unión Europea?

R. La UE se presentaba fuerte cuando Bush estaba en la Casa Blanca porque su posición era patética. La cifra que barajan ahora para adaptación al cambio climático, de 20.000 millones de euros, está lejos de la que los países en desarrollo ven necesaria, de unos 100. Pero hay motivos para el optimismo. Creo que la UE está dispuesta a aportar más. Si la presencia de jefes de Estado es notable puede haber novedades.

P. ¿Qué pasa si no?

R. Si no actuamos, los costes y la inseguridad serán mayores en 10 o 20 años. Con el Katrina, por ejemplo, por no invertir unos millones de euros para elevar los diques en Nueva Orleans el resultado fue la devastación, con muertes y costes de miles de millones. En un panel de la ONU, Tony Blair alertó de que apostar por un tratado óptimo podía arruinar acciones en la dirección correcta. Pero óptimo hubiera sido evitar que las islas del Pacífico, Bangladesh, los agricultores dependientes del agua o el Kilimanjaro no asuman catástrofes ahora.

P. ¿Qué se necesita para salvar Copenhague?

R. Hablamos de retos globales, con demasiados políticos y pocos líderes preparados a renunciar a intereses a corto plazo que digan: "No lo vemos tan claro como nuestros votantes, pero la gente que reconoce los signos ve que afrontamos una catástrofe. Aunque pierda las elecciones, voy a abogar por actuar con los residuos fósiles y cambiar estilos de vida". ¡Si todo el mundo viviera como los países ricos necesitaríamos ocho planetas! Obama, y no sólo él, tiene que estar a la altura, pero como líder. Si hubo voluntad para movilizar billones para salvar bancos responsables de la crisis, una fracción de ese dinero rescataría a la población pobre y al clima.

P. ¿Y los países pobres?

R. Por eso usamos el concepto de justicia climática, porque los menos responsables cargan con las consecuencias. Y la actitud de EE UU no ayuda cuando dicen que China es la mayor emisora de gases de efecto invernadero. Lo es en volumen, pero no per cápita. Por este concepto, el líder es Estados Unidos. Eso no implica que no presionemos a los países en desarrollo para que también cumplan.

P. Como africano, ¿qué opina sobre el plantón de los africanos en Barcelona?

R. En las Naciones Unidas hablamos como ciudadanos de cuarta, ya no de segunda. No tenemos la misma voz, poder militar o económico, ni influencia. Y para muchos fue una sensación de "ya era hora", de enviar un mensaje claro. No de arrogancia, sino de desesperación. Había que decir: "Nuestra realidad era desesperada antes del cambio climático, está empeorando y empeorará. Y decís que cambiemos, pero no podemos si no nos ayudáis a que eludamos vuestros errores".

P. ¿Qué puede hacer el ciudadano en tres semanas?

R. Decir a los políticos "no en mi nombre vas a boicotear un tratado justo". Movilizarse. Sonará ingenuo, pero los políticos actuarán si arriesgan electores. Si no hay acuerdo, los identificaremos y avergonzaremos para que paguen un precio electoral.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de noviembre de 2009