Las universidades vuelven al alambre

La Generalitat no les ha transferido fondos ni en septiembre ni en octubre - La deuda acumulada equivale a lo que reciben las facultades en un año

A un año y medio del día de nunca más las universidades valencianas vuelven por donde solían. La Generalitat incumple sus compromisos. Ha dejado de transferirles el dinero para pagar las nóminas y a los proveedores en septiembre y octubre. Los equipos de gobierno solicitan nuevas pólizas de crédito. Se acercan de manera muy peligrosa al límite legal de endeudamiento. Y de ahí a la "catástrofe" hay un paso, advierte un dirigente académico.

El día de nunca más fue el 19 de mayo de 2008. Aquella mañana los rectores se tragaron un sapo muy grande: aceptaron que el Consell aplazara hasta 2022 la gigante deuda que había ido contrayendo paso a paso en los ejercicios anteriores. Sumados los intereses aquello daba 914 millones de euros. Para que el lector se haga una idea, comenta el gerente de una universidad, la deuda aplazada equivalía al dinero que los cinco campus públicos reciben del Gobierno valenciano en un año. "Eso no lo han hecho con ninguna otra rama de la Administración", añade, "y significa que hemos financiado un año entero a la Generalitat. Es como si el Gobierno dejara de pagarle 9.000 millones a la Generalitat, a ver qué hacían".

"El pecado fue que no pagaron en los años de expansión y ahora no pueden"

Los rectores aceptaron el aplazamiento a cambio de una promesa: la Generalitat no volvería a hacer la trampa en los presupuestos (consignaba menos dinero que el que figuraba en los acuerdos de financiación de las universidades) que estaba en el origen del problema.

"Aquel acuerdo nos dejó al borde del abismo", señala un vicerrector del área económica. Para mitigar la situación, las consejerías de Hacienda y Educación se comprometieron a que de las 12 mensualidades de 2009, la de diciembre les sería adelantada a febrero. Una solución que permitía a las facultades reducir el pago de intereses a lo largo del año.

Todo fue de maravilla hasta agosto. Pero con septiembre llegó el primer incumplimiento. La Generalitat no pagó y les dijo: "Tómense este mes por el adelanto de febrero". Las universidades torcieron el gesto pero no se quejaron. En octubre la Consejería de Economía y Hacienda volvió a fallar. El titular de Educación, Alejandro Font de Mora, ha afirmado que el Consell cumplirá sus compromisos, pero a estas horas su crédito está bajo mínimos.

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¿Qué ha ocurrido? Que la Generalitat ha vuelto a la trampa de siempre. Al elaborar sus presupuestos para 2009, practicó un recorte de 194 millones en los fondos para las universidades. El tijeretazo fue salvado parcialmente por el consejero de Economía, Gerardo Camps, recuperando la cantidad en un anexo. A la hora de la verdad la eficacia de ese anexo se está comprobando nula. Y si nada lo remedia antes de final de año, los impagos del último trimestre volverán a echar a rodar la misma bola de nieve que generó los mencionados 914 millones y el sapo del 19 de mayo de 2008 habrá sido en balde. "El problema es que si durante cuatro años te han generado semejante deuda, el quinto te pueden hundir", afirma un vicerrector.

El Consell insiste en que sus ingresos por los tributos básicos han caído un 19% a causa de la crisis, y que la nueva financiación del Gobierno no llega. "Yo entiendo todas las dificultades, pero tendrán que solucionarlo porque si no vamos a llegar a una solución límite", afirma un gerente. "El pecado de la Generalitat", añade otro dirigente, "es que no pagó en los años de expansión, porque no quisieron o porque decidieron priorizar otras inversiones. Y ahora dicen que no pueden".

Mal momento para hacerse la foto

El nuevo episodio de abandono económico de las universidades amenaza con retrasar aún más la firma del plan plurianual de financiación de las universidades. Y no se trata de un plan cualquiera, sino del primero que llevará la firma del presidente Francisco Camps después de seis anuncios que acabaron en fiasco en otros tantos años que lleva al frente de la Generalitat.

El modelo plurianual, que permite desarrollar estrategias de largo recorrido, nació durante la etapa de Joan Lerma como jefe del Consell. Lo retomó con éxito su sucesor, Eduardo Zaplana. Terminó en 2003 y desde entonces las universidades viven a base de prórrogas anuales y negociaciones frenéticas cada otoño, cuando la Generalitat prepara sus presupuestos.

El nuevo plan está redactado y tiene el visto bueno de los cinco rectores y de los dos departamentos (Educación y Economía) implicados. Supondrá un cambio sustancial porque la financiación por objetivos, que hasta ahora suponía un 20% del total pasará a representar el 80%. Cada universidad tendrá dinero en función de los créditos que matricule, de los artículos publicados en revistas de impacto, de los fondos que capte en convocatorias públicas de I+D, de los contratos que firme con empresas, y de alguna variable más.

Para el 1 de enero el modelo debería estar firmado y en vigor. Pero está previsto que 2010 funcione como año 0. En junio, las universidades remitirán los datos a la Generalitat. Con ellos se calculará cuánto recibirá cada campus en 2011 y la operación se repetirá cada año. Para evitar grandes vaivenes monetarios, se aplicarán "medidas móviles". La revisión se hace tomando periodos distintos según la variable. En formación, cada cuatro años; en sexenios investigadores, cada seis; en artículos científicos, cada tres. En junio de cada año se incluirá el dato más reciente y se borrará el más antiguo de la serie. El punto de partida del modelo serán los fondos que (en teoría) recibirán este año.

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Sobre la firma

Ignacio Zafra

Es redactor de la sección de Sociedad del diario EL PAÍS y está especializado en temas de política educativa. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia y Máster de periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid y EL PAÍS.

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