Reportaje:

La máquina del millón de euros está 'desempleada'

La Universidad de A Coruña no da plaza al geólogo que sabe cómo usar el medidor de edad de las rocas

La ley que tiene al mundo del fútbol revuelto se aprobó hace seis años para atraer a España profesionales extranjeros de prestigio. Sus redactores probablemente pensaban en investigadores punteros que aportasen riqueza y conocimiento al país. Excepto porque es español, la definición coincide con el perfil de Daniel Fernández Mosquera, un geólogo capaz de ayudar al diseño de una máquina prácticamente única en el mundo que encabeza una investigación que, simplificando mucho, sirve para datar la fecha de los suelos. Mientras políticos y empresarios del fútbol se pelean por la llamada ley Beckham, que sube el IRPF de los millonarios, Mosquera no puede tributar, ni al 24% ni al 43%. Se ha quedado en el paro. Su periodo como investigador en la Universidad de A Coruña terminó, no le han ofrecido ninguna fórmula para consolidar su plaza y la máquina que mide la antigüedad de las rocas, que sólo él sabe usar y ha costado alrededor de un millón de euros, se ha quedado sin nadie que la aproveche.

Daniel Fernández lleva diez años investigando en su materia

No es que tenga un mecanismo extremadamente complejo. "Con un par de instrucciones, hasta un mono puede manejar cualquier aparato", bromea. Lo que sucede es que no hay nadie que, como él, lleve estudiando y perfeccionando 10 años su utilidad. "No es una cosa que se aprenda en un centro; se enseña de maestros a pupilos. Sólo hay ocho parecidas en el mundo", explica.

¿Y qué hace la máquina? El espectrómetro de masas de gases nobles "sirve para determinar la concentración isotópica de un material tras su interacción con rayos cósmicos". Para quien no sepa qué rayos es la concentración isotópica, se puede decir que la máquina hace algo parecido a las pruebas del carbono-14 que datan la antigüedad de los restos orgánicos, pero con las rocas. Mientras que con el primer método se miden átomos de carbono para determinar la fecha de un resto, la máquina hace lo mismo con los de neón o xenón en las superficies.

¿Y para qué sirve conocer la antigüedad de los suelos? La finalidad es determinar el pasado del planeta. Esto de por sí ya entraña un valor científico, pero también tiene aplicaciones totalmente pragmáticas como, por ejemplo, conocer la estabilidad de un suelo para emplazar una central nuclear. Cuando se quedó sin trabajo, Mosquera estaba liderando un proyecto con la Universidad de California y el CEREGE, centro francés de geociencias, uno de los más importantes de Europa.

Conociendo todos estos antecedentes, lo que parece difícil es explicar por qué la Universidad de A Coruña no le ha dado continuidad. Una portavoz de la institución resume que el investigador acababa de terminar un contrato de cinco años. Es posible que, cuando se demuestra la excelencia en este periodo, el científico consolide una plaza de profesor, pero en la Universidad de A Coruña no hay Geología. Por eso no ha podido optar a un puesto. Según esta portavoz, la posibilidad que le queda es aspirar a otros contratos para investigadores, que prorrogan los cinco años previos y duran otros tres. En ese caso, sus investigaciones volverían a truncarse en poco tiempo. "Estamos hartos de escuchar a los políticos hablar de cambio de modelo productivo y de la apuesta por la investigación y el desarrollo y nos encontramos un caso como el mío, que no es único", lamenta Mosquera.

A pesar de todo, espera que todo se resuelva. Desde que su historia apareció en La Voz de Galicia la semana pasada, el geólogo ha notado una gran respuesta ciudadana. "Me consta que el vicerrector de profesorado está buscando una solución", asegura. Mientras, la máquina del millón de euros está como él: en paro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 10 de noviembre de 2009.

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