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Greenpeace lleva al Parlamento su rechazo a la nueva dársena y al Guggenheim

El grupo ecologista Greenpeace trasladó ayer al Parlamento vasco el rechazo al nuevo puerto de Pasajes y al proyectado Guggenheim de Urdaibai, que ya expresara en julio en su informe Destrucción a toda costa. Dos representantes de la organización comparecieron ante la Cámara de Vitoria a petición de Aralar para explicar los datos relativos a Euskadi de este estudio que se realizó en el ámbito de toda España. En su intervención destacaron que la comunidad autónoma tiene el porcentaje de protección del litoral más bajo de toda España, sólo el 14,2% de la línea de costa.

Las representantes de Greenpeace alertaron, además, de que el 80% de esos espacios protegidos "corren peligro", y como ejemplo pusieron dos infraestructuras que son polémicas por otros motivos, además de los meramente medioambientales. La portavoz de la ONG, Pilar Marcos, criticó el puerto exterior de Pasajes por la "destrucción" que supondría del monte y de los acantilados de Jaizkibel, así como la construcción de una sucursal del Guggenheim en una reserva de la biosfera como es Urdaibai. Además, alertó de que en la ría que riega este paraje se vierten "sin tratar" las aguas fecales de unos 15.000 habitantes.

Otros de los riesgos que amenazan al litoral vasco, según la organización, son las 1.200 viviendas "de lujo" y el campo de golf que se planea edificar en Bakio, los vertidos de Petronor a la ría de Barbadun o el hecho de que en Zarautz el río Oria reciba el vertido sin depurar de 19 municipios con una población de 60.000 habitantes.

La parlamentaria del PSE Natalia Rojo fue la más dura con las dos portavoces de la organización presentes y reprochó que la ONG "no presente alternativas" para todos los proyectos que denuncian.

TAV "centralizador"

A preguntas de Rojo, la portavoz de Greenpeace Sandra Pizzinato recordó que su organización no apoya el Tren de Alta Velocidad (TAV) porque existen alternativas con menores consumos energéticos mediante trenes convencionales que no superan los 220 kilómetros por hora; pero tampoco se opone frontalmente, siempre que su desarrollo se haga de forma coordinada con el del tren tradicional, cosa que, en su opinión, "no sucede en España".

Pizzinato añadió que el TAV puede crear "un efecto de túnel" y de "centralización", por el cual tan sólo las principales ciudades con estación se beneficiarían del efecto de esta infraestructura sobre el desarrollo económico. Puso el ejemplo de Francia, donde según dijo, la alta velocidad ha redundado en una centralización aún mayor en París.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de octubre de 2009