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Las consecuencias políticas del 'caso Gürtel'

La Santa Sede dice que el caso de Valencia "es ciertamente feo"

¿Qué le parece al Vaticano que la trama corrupta del Partido Popular, su aliado natural en España, siempre tan atento a los deseos de la jerarquía católica, aprovechara la visita del Papa Benedicto XVI a Valencia en julio de 2006 para dar un jugoso pelotazo? El portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, conoce las noticias que llegan de España, y explica en primer lugar que le resulta "difícil comentarlas, dado que el Vaticano en esos casos [se refiere a los viajes del Papa] se limita a sugerir a los organizadores locales cuestiones de logística y de seguridad".

En todo caso, añade el jesuita Lombardi, "aunque la Santa Sede no participe en la gestión, es importante que todo lo relativo a estos grandes eventos, que implican a diversas empresas y requieren esfuerzos económicos importantes, se hagan siempre con corrección".

¿Está disgustado el Santo Padre por haber visto su nombre asociado a un negocio corrupto? "Es evidente que el Papa no tiene nada que ver en ese asunto. Pero, por principio general, todas las cosas poco claras e incorrectas nos disgustan", responde Lombardi midiendo las palabras. "Pueden suceder, porque son hechos administrativos, pero es un caso ciertamente feo. Los negocios sucios siempre son feos".

La visita de Benedicto XVI a Valencia fue un negocio redondo para la red Gürtel, que facturó por los gastos de la sonorización de los distintos actos más del doble de lo que costaban realmente. La televisión pública autonómica, dirigida por un hombre de Francisco Camps, pagó por ellos 6,4 millones de euros, de los que la red obtuvo 3,3 millones. Esta última cantidad se la repartieron, según la investigación, Teconsa -constructora leonesa sin experiencia en ese tipo de trabajos, que a pesar de ello se hizo con el contrato- y la red que dirigía Francisco Correa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de octubre de 2009