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COLUMNA

Excipientes

A veces cuesta considerarlo moralmente aceptable, pero el negocio legal más grande del mundo debe de ser el de la industria farmacéutica. En Galicia hemos solucionado siempre todo con el remedio infalible del aguardiente de hierbas, pero a veces hace falta recurrir a otro tipo de fármacos de menos graduación. Es el caso de la aspirina. En realidad, ese nombre (aspirina) lo tiene registrado la Bayer y debe ser un negoción de padre y muy señor mío. Para lavarse la cara, la industria ha decidido poner en circulación los equivalentes genéricos de muchos medicamentos, entre ellos el ácido acetilsalicílico. Si uno va a la farmacia y, ante la difícil pronunciación del producto en cuestión, pide aspirina, lo que le ponen delante es la marca registrada bávara. Y si uno pide el genérico, le van a decir que no es exactamente igual, que se parece, sí, pero que los excipientes no son los mismos y bla bla blá. Los excipientes, pues, son los que marcan la diferencia entre las marcas. Son algo así como "sustancias terapéuticamente inactivas que se emplean en la composición de los medicamentos para darles masa y facilitar su dosificación y administración". Como la cocacola en los cubatas, vaya. Claro que siempre hay algún cutre que se empeña en pedir agua del grifo para acabar de rellenar el vaso de tubo. Pero, ¡ay!, no es el mismo excipiente. Y como se trata de dar masa a cualquier sustancia, podemos utilizar engrudo, caviar ruso, monedas de un céntimo o perfume del caro, pero siempre serán excipientes. Los sucedáneos han pasado a mejor vida y los excipientes toman su lugar. Al aguardiente de hierbas que le den por el saco.

La población de a pie es "terapéuticamente inactiva"; la chicha está en los despachos

Vivimos en un excitante mundo de excipientes y Galicia no es una excepción. La población de a pie es básicamente una "sustancia terapéuticamente inactiva" y la chicha -la sustancia activa que es el supuesto remedio propiamente dicho- está cómodamente sentada en despachos. Las ciudades gallegas que se apuntaron al Plan E (un excipiente económico) están repletas de zanjas y vallas que acorralan al ciudadano, de tal manera que, si alguien se pone enfermo, no habrá manera de que llegue la ambulancia. Y si no llega la ambulancia, nos moriremos. Y si nos morimos, tampoco llegará el coche fúnebre. Y como no habrá helicópteros para todos, ¿qué hacer con nuestros cuerpos tiesos? Acabaremos como en la India: organizando piras funerarias en los portales, pero eso puede ser peligroso porque en las obras que están a escasos centímetros habrá sustancias inflamables que incendien la ciudad entera. El excipiente demográfico del exceso de población está condenado a formar parte del mobiliario urbano, que ya se empiezan a ver sofás en las aceras dispuestos para acogernos en nuestra nueva condición de momias disecadas. Eso si no se les ocurre antes poner plantas de reciclaje en los parkings en construcción para convertirnos en soylent green, el alimento a base de cadáveres de Cuando el destino nos alcance, la película protagonizada por Charlton Heston y Edward G. Robinson en 1973. Aquí lo que se trata es de tragar.

Con la información superflua con la que se nos bombardea, tenemos excipiente más que suficiente para tragar todo el petróleo del Prestige y los vertidos del Lérez, verdadera sustancia activa oculta entre toneladas de tinta y verborrea. Lo mismo pasa con las comisiones, que son el excipiente imprescindible para que el cargo de turno se trague las recalificaciones o adjudicaciones pertinentes y olvide rápidamente quién le suministró el medicamento, como pasa ahora con los que trataron con Pablo Crespo, el imputado en lo de Gürtel procedente del noroeste. Antes las píldoras eran amargas porque o no tenían excipientes o eran una birria y ni el niño ni el gato querían tragárselas. Ahora nos doran la píldora para ver si tragamos el principio activo que interesa en cada momento.

Comprimidos, cápsulas, grageas, inyectables, cremas y demás pociones mágicas: vivimos rodeados de excipientes. Habrá que volver algún día al aguardiente de hierbas que tiene tanta graduación que ahí no hay excipiente que sobreviva salvo la hierba luisa, que vaya usted a saber porqué se llama así.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de octubre de 2009