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Necrológica:

Félix Antonio González, poeta, pintor y periodista

"No quiero que me quede un lienzo sin pintar, ni un folio sin escribir", fueron las palabras de Félix Antonio González al recibir hace poco más de un año la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. A pesar de dolerle incluso "las espaldas del alma", se mostraba incapaz de dejar de trabajar, no quería y decía que no servía para hacer otra cosa. Por eso nunca aparcó su habitual colaboración con el diario El Norte de Castilla y en mayo publicó su último libro, una recopilación de más de 200 artículos. El poeta, pintor y periodista falleció en Valladolid el 29 de septiembre, a los 89 años, víctima de una larga enfermedad.

Nacido en Valladolid en 1921 e hijo del compositor del mismo nombre, creció en un ambiente cultural e intelectual que muy pronto le captaría a través de la música, la poesía y la cultura. A los ocho años pintó un Cristo y escribió su primer soneto, y desde ese momento su padre supo que no podía dejar de estimular su faceta creativa y le empujó por el camino de las artes. "Desde que nací no oí otros nombres que música, pintura y poesía, y los tres dioses que estaban alrededor de mi cuna eran Beethoven, Goya o Góngora", dijo en una entrevista para El Norte de Castilla, publicación que dirigió entre 1963 y 1967.

Firmaba con seudónimos sus célebres ripios en los periódicos

Con sus célebres ripios, críticos e informativos, popularizó en la prensa española los seudónimos con los que firmó en los desaparecidos La hoja del lunes de su ciudad natal (Corebo), Ya (Quijano) o Diario Regional -del que llegó a ser redactor jefe-, y en otros rotativos como El Norte de Castilla (Ansúrez), Abc o incluso Marca. Aunque Félix Antonio González nunca se consideró periodista. En más de una ocasión reconoció que lo suyo era la poesía y la pintura. "Y es verdad. Pero fui periodista y, mientras lo fui, servía al periodismo con todas las fuerzas del alma... Y las del cuerpo, pero, sobre todo, lúcidamente digo que yo no soy periodista; que soy uno que escribe en los periódicos", matiza el prólogo de su último libro, Entre pan y bola. Una recopilación de más de 200 artículos y reflexiones al hilo de la actualidad publicados entre los años ochenta y noventa, y que toma su título de una errata que detectó en una frase que todo buen conocedor del billar a tres bandas, como él era, sabe que la forma correcta es "entre paño y bola".

Discípulo en sus inicios del académico Narciso Alonso Cortés, como poeta publicó, entre otros, los libros de versos Calle de Esgueva, De par en par o Epístola a Francisco Javier Martín Abril. Y, aunque en alguna ocasión aseguró que sus conocidos ripios fueron una obra menor que taparon sus posibilidades de ser considerado como un poeta serio, lo cierto es que fue reconocido con premios como el Ciudad de Barcelona de Poesía Castellana, el Francisco Pino y el Internacional de Poesía del Puerto de Santa María, entre otros. Por sus dotes literarias llegó a ser miembro de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción y de la Academia Castellano-Leonesa de la Poesía desde 2004, en la que entró con un discurso titulado Viejo potro mal domado, un verso autobiográfico de su último poemario Fe de erratas.

Al paisaje castellano dedicó la mayor parte de su obra pictórica, que expuso en más de 60 ocasiones en ciudades como Madrid, Sevilla, Vigo, Zaragoza o Valladolid. Bajo el lema La vida pasa el alambre, el pasado mes de enero inauguró su última retrospectiva en su ciudad natal, que reunió medio centenar de obras creadas por González entre 1979 y 2004.

Una dilatada trayectoria por la que no es de extrañar que recibiera la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en enero de 2008. Momento en el que el entonces ministro de Trabajo, Jesús Caldera, le reconoció "la condición de referente obligado" por sus éxitos con "la rima burlona a pie de la actualidad", por ser un poeta de verdad y porque algunos de sus cuadros cuelgan de prestigiosos espacios culturales, como la biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Aprovechando las palabras del ex ministro Caldera, un currículo impecable digno de ser tallado en mármol.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de octubre de 2009