Reportaje:Mayores

Desenfocados

Si ve mal de cerca, necesita mucha luz o se cansa cuando lee al final del día, es un buen momento para acudir al oftalmólogo. Son los primeros síntomas de presbicia, más conocida como vista cansada, un proceso fisiológico que se manifiesta a partir de los 40 años y alcanza su nivel máximo a los 65. Científicos y empresas investigan en todos los campos para dar cada vez una mejor solución a este trastorno que afecta a unos 1.800 millones de personas en todo el mundo.

La presbicia consiste en la disminución de la acomodación: la capacidad de enfocar objetos situados a diferentes distancias. La parte del ojo que se encarga de realizar esta tarea es el cristalino, una lente transparente situada detrás de la pupila cuya función consiste en enfocar los rayos luminosos para que formen una buena imagen en la retina.

Y ¿cómo se produce el mecanismo de la acomodación? Rafael Barraquer, director médico de la Clínica Barraquer, lo explica así: "El cristalino está sujeto a la pared del ojo por los ligamentos zonulares. Debajo de donde se insertan estos ligamentos está el músculo ciliar, que da toda la vuelta a la pared del ojo y actúa por los estímulos nerviosos del cerebro. Cuando queremos ver de cerca, el cerebro envía una señal nerviosa al músculo ciliar y se contrae. El tejido blando de la pared interna del ojo se acerca al cristalino, el ligamento se destensa y, al quedar liberado, el cristalino se hace más esférico y, por tanto, más potente. Cuando queremos ver de lejos, el cerebro envía una señal que hace que el músculo ciliar se relaje, los ligamentos zonulares se tensan y obliga al cristalino a adoptar una forma más aplanada; disminuye así su poder óptico".

Con el paso de los años, el cristalino pierde flexibilidad y capacidad de adaptación, por lo que empieza a no poder enfocar bien los objetos. La presbicia no se puede prevenir: ni las vitaminas ni el entrenamiento visual han demostrado ser eficaces. Pero resulta muy fácil de diagnosticar. Se suele detectar durante las consultas rutinarias en las que se revisa la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo.

La medicina aún no ha conseguido restaurar el mecanismo neurofisiológico de la acomodación. Así que, de momento, sólo se puede corregir. Cuando se tiene solamente vista cansada, lo más sencillo es utilizar gafas. Para los que, además, son miopes o hipermétropes existen gafas bifocales (que corrigen la presbicia y uno de los dos defectos: o la miopía o la hipermetropía) o progresivas (que permiten una excelente visión cercana, lejana e intermedia). También se pueden utilizar lentes de contacto: las hay bifocales, multifocales o progresivas, y monovisión (una lente corrige la visión de cerca, y otra, la de lejos).

En cuanto a la cirugía, hay dos tipos de intervenciones: con rayo láser y con lentes intraoculares (implantadas quirúrgicamente dentro del ojo). En las operaciones de láser priman aquellas en las que se talla la córnea de un ojo para corregir la visión de cerca, y la del otro, para la de lejos. Pero lo que manda hoy son las lentes intraoculares progresivas.

"El cristalino es una lente transparente protegida por una cápsula, como una lenteja recubierta por su cáscara. Abrimos ese cristalino, lo vaciamos. Dejamos la mayor parte de la cápsula que lo envuelve y colocamos la lente intraocular, que es de un material biodegradable", explica Antonio Piñero, jefe del servicio de oftalmología del hospital Universitario de Valme, de Sevilla, y catedrático de Oftalmología de la Universidad de Sevilla.

La posibilidad de que funcione es muy alta, aunque hay que informar al paciente de la intervención y sus resultados", continúa. Se refiere a que a veces no es posible recuperar una capacidad de enfoque perfecta. Los pacientes pueden tener unas expectativas que, quizá, la operación no pueda cumplir. "Las técnicas que tratan la presbicia producen una falsa acomodación. Generan una pequeña pérdida de calidad visual, disminución de la visión nocturna y la incapacidad de ver de cerca con detalle", apunta Barraquer. Por eso, muchos cirujanos "valoran la posibilidad de operar a partir de 50 años en pacientes con hipermetropía o miopía grande además de presbicia", cuenta Barraquer.

Sin embarbo, cuando se opera a alguien de cataratas, se suele aprovechar hacerlo también de su presbicia, ya que en ambos casos hay que intervenir el cristalino. Si no queda más remedio que abrir, mejor matar dos pájaros de un tiro. "Le operamos la catarata y, de camino, le colocamos la lente multifocal para la vista cansada. El procedimiento es el mismo, pero las lentes para tratar la presbicia cuestan entre 600 y 700 euros, mientras que las que corrigen las cataratas, sólo unos 90. Su precio es muy alto y es muy difícil que lo cubra la Seguridad Social", subraya Piñero.

Existen múltiples estudios de investigación en marcha que tratan de corregir la presbicia. Uno de ellos pretende restaurar la acomodación del ojo, una posibilidad que descubrió en 1981 el profesor Joaquín Barraquer Moner, presidente hoy de la Sociedad Española de Oftalmología, cuando se dio cuenta de que al inyectar un material especial en el cristalino, éste se reformaba.

El objetivo del proyecto, conocido como Phaco ersatz, es recuperar la acomodación reimplantando sólo el contenido del cristalino y conservando el resto de tejidos, incluido todo el saco que lo envuelve. Con esta intención investigan también grupos de científicos de Miami (EE UU), China y Australia, que a su vez comparten los avances en una entidad denominada El Club de la Acomodación. "Lo que se intenta es vaciar el cristalino por un agujerito de menos de un milímetro y rellenarlo con un material artificial que es un gel polimérico, transparente, biocompatible, y que tiene el índice de refracción adecuado. Entonces, se supone que toda la estructura biomecánica del saco del cristalino, que es el que actúa en su contenido y transmite la fuerza del músculo ciliar, se podrá mover igual que el cristalino natural", apunta Rafael Barraquer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 12 de septiembre de 2009.

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