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CARTAS AL DIRECTOR

Reciclaje

Creo que a este paso vamos a necesitar un curso de reciclaje de residuos para cumplir con el deber de buenos ciudadanos. Confieso que me siento cada vez más perdida en este tema a la vista de las excepciones que voy conociendo: no hay que mezclar el vidrio con el cristal; el tapón de las botellas de plástico no hay que depositarlo en los contenedores dispuestos para este fin, como tampoco los envases vacíos de aceite que, según parece, tienen que ir a la bolsa de residuos orgánicos, y eso por no hablar de las bombillas de bajo consumo, que, según dicen, llevan mercurio, por lo que no se pueden tirar en ningún sitio. Yo ya no sé qué es verdad y qué es leyenda urbana y empiezo a recordar con cierta añoranza aquellos tiempos de mi infancia en los que mi madre me mandaba con la cesta a la tienda con botellas vacías a comprar coca-colas, gaseosas o cervezas porque los envases se descontaban del precio del producto y las empresas los reutilizaban tras el proceso de lavado. Francamente, a veces me entran serias dudas sobre los límites entre lo ecológico y los oscuros intereses comerciales disfrazados bajo esta etiqueta y, al reciclar, no tengo claro si estoy colaborando con la salud del medio ambiente o me estoy convirtiendo en mano de obra gratuita para las empresas de reciclaje.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de septiembre de 2009