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COLUMNA

"El experimento 'Núñez Feijóo'

Debemos revisar totalmente la visión que teníamos de Alberto Núñez Feijóo como político, pues al haberlo visto anteriormente como vicepresidente de la Xunta con Fraga lo imaginamos pragmático y con ambición personal pero sin proyecto político propio. Así supusimos que algunas banderas que sacudió en la pasada campaña eran exigencias que le había impuesto la caverna madrileña, como la desprotección de la lengua gallega o la supresión del concurso eólico (decisiones políticas ambas que han resultado desestabilizadoras). Pero no, Núñez Feijóo es un político con personalidad propia y, probablemente viendo que podría situarse en el futuro como candidato por su partido a presidente del Gobierno, está intentando en Galicia un experimento político de calado, más radical que el que lleva a cabo Esperanza Aguirre en Madrid.

"Está intentando un experimento político de calado más radical que el de Esperanza Aguirre

Como ella procede a desmontar el Estado, reduciendo o suprimiendo los servicios públicos y privatizándolos (estas medidas agosteñas de privatización de la sanidad y la educación). Tiende a transformar a la ciudadanía de un país en clientes solitarios, desprotegiendo la sociedad y fomentando un individualismo insolidario en nombre de la libertad personal. A pesar de ostentar patriotismo español, realmente no cree ni entiende el Estado, por eso carece de sentido institucional, usando los gobiernos autonómicos como instrumento de la lucha de partido (no firmando un acuerdo de financiación a pesar de considerarlo bueno).

Ese ultraliberalismo neocon, el ataque a lo público de la derecha moderna, va unido al viejo nacionalismo español: el Estado debe ser una estructura de poder basada en un Madrid y a su alrededor "provincias", muchas ciudades y pueblos; toda comunicación será radial y pasando por la capital. En consecuencia, los intereses económicos, políticos, profesionales, ideológicos radicados en la capital serán los que dominen.

Pero esa receta que comparte con Aguirre aquí va más allá, pues para realizarse entre nosotros ambos principios políticos, el considerar a la ciudadanía como una masa de clientes solitarios y el recobrar el viejo nacionalismo centralista, necesita negar la existencia de Galicia misma como ser colectivo. De ahí viene la obsesión contra el gallego y todo lo que sea propio de Galicia como país (el discurso ante el Consello da Cultura es explícito, pretende desmitificar Galicia).

Y esto lo lleva adelante una generación de políticos de derecha que son personas totalmente de nuestro tiempo, sin complejos. Personas antropológicamente muy distintas de aquellas generaciones de la derecha que hemos conocido antes. De aquella derecha nacida de la Guerra Civil, de virilidad ostentosa como la que representaba Fraga, a esta nueva derecha que sabe difundir la ideología ultraconservadora del nacionalcatolicismo (apoyo a los grupos contrarios a la contracepción y a la ley del aborto) y por su parte tener una vida personal muy libre y desprejuiciada. De la brutalidad machista a una hipocresía calculada.

Y de hecho son enemigos del fraguismo. En Fraga, como en otros gallegos que siendo contrarios al galleguismo sienten de algún modo a Galicia, existía un sentimiento de pertenencia, ese lazo afectivo le llevó de algún modo a buscar un modo de conciliar la existencia de Galicia con la de España, su expresión "administración única" fue su apuesta por la autonomía. Núñez Feijóo, en cambio, no tiene ese sentimiento de pertenencia comunitaria. Carece de empatía con la gente de nuestro país, le falta una visión histórica pues no cree en la historia, sólo en el presente, y descree de la cultura y ritos comunitarios. Es un solitario sin patria y sin fe. Un político muy característico de esta nueva derecha nihilista, para quienes "la realidad" sólo es el mercado, y que sin embargo encubre esa visión tan tétrica de la sociedad con un lenguaje beligerante y animoso, ideológico.

Una derecha que miente con naturalidad, tiene legitimada la "santa desvergüenza", que asienta su dominio sobre el engaño directo o el ocultamiento (este año la Xunta informará sobre los incendios de forma "ordenada"; la directora xeral de Traballo condenada por despido improcedente lo niega). El estilo lo dice todo, de los exabruptos que profería a voces el antecesor hemos pasado a los encubrimientos con cortesía y a media voz. De Fraga a Romay.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de agosto de 2009