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Editorial:

Aprender de los errores

La tragedia de Barajas aconseja cambios urgentes en los organismos de prevención de accidentes

Ayer se cumplió un año del accidente del vuelo de Spanair JK5022 en el que perecieron 154 personas, el más grave de la aviación española en los últimos 26 años. En todos los aeropuertos del país se guardó un minuto de silencio, y en los de Madrid y Las Palmas, destino final del avión que se estrelló en Barajas, se celebraron actos en homenaje a las víctimas. La tragedia aérea de Barajas, causada por una mezcla de errores mecánicos y humanos, debe convertirse en el aldabonazo definitivo para que las autoridades españolas cambien las prácticas en el terreno de la prevención de accidentes aéreos. Lo ocurrido en Madrid no debería volver a repetirse.

La intención del Ministerio de Fomento de que los miembros de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC) pasen a ser elegidos por el Parlamento es una buena iniciativa. Pero de nada servirá si no se les dota de más medios y si los investigadores siguen sin cumplir a rajatabla la normativa internacional. Actualmente, la CIAIAC ignora las recomendaciones internacionales de la OACI, que plantean concluir las investigaciones en un año o, al menos, publicar en ese plazo un informe interino que explique lo que se sabe. Por muy complejo que sea un accidente, estas investigaciones sirven para prevenir siniestros y por eso es bueno que los datos básicos se conozcan cuanto antes. Sin embargo, la CIAIAC no se caracteriza por cumplir esos plazos (prácticamente sólo lo ha hecho en Barajas). Y este deficiente funcionamiento puede afectar a la seguridad aérea. Más de dos años después de un incidente similar al de Barajas, ocurrido en Lanzarote, la comisión sigue sin hacer público lo que ocurrió allí. El borrador del informe sobre aquel suceso, que hoy adelanta EL PAÍS, apunta fallos similares a los de Barajas: la tripulación no puso los flaps y no sonó la alerta de mala configuración en el despegue. Lo dice la compañía aérea del avión (una empresa de vuelos chárter austriaca) y lo dice la Agencia de Seguridad Aérea de EE UU. La CIAIAC española no lo cita en su informe sobre los antecedentes del siniestro de Spanair. Si en un año hubiera tenido listo el informe sobre el incidente de Lanzarote, las previsibles recomendaciones de seguridad habrían llegado antes del accidente del JK5022.

Los familiares de las víctimas reiteraron ayer que el avión nunca debió despegar. A la vista de lo que sucedió, es evidente que tienen razón. Es lógica su indignación. Y más cuando escuchan al ministro de Fomento decir que el accidente "se podría haber evitado" de haber aplicado las medidas de seguridad recomendadas tras el siniestro de Detroit en 1987, de nuevo un MD sin flaps y en el que no sonó la alarma. Está bien que ahora se apliquen. ¿Por qué no antes? ¿Quién es el responsable? ¿Si tan importante es aprender de los errores, cómo puede seguir la CIAIAC acumulando años de retraso en sus investigaciones?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de agosto de 2009