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Reportaje:

Los agentes visitan el lugar del crimen 73 años después

La Guardia Civil hace fotografías en una fosa de León de cuatro cráneos con balazos para llevarlas al juzgado

Agentes de la Guardia Civil visitaron ayer el lugar de un crimen cometido hace 73 años. En Quintana de Rueda (León) el equipo de arqueólogos y antropólogos forenses de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica les mostró las pruebas inequívocas de cuatro asesinatos: "Hemos encontrado los cráneos agujereados por impactos de bala y las balas. Seguramente, en el laboratorio, los expertos detectarán alguna fractura en los huesos producto de los golpes. Es lo habitual en estos casos", relató Santiago Macías, vicepresidente de la asociación.

Los agentes fotografiaron los esqueletos que yacían al aire 73 años después de haber sido enterrados y los proyectiles que les habían matado. Todo está ahora en manos de un juzgado de León, que deberá decidir si asume la investigación de este caso que le remitió el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón o si se lo devuelve.

"Cuando se hizo de día aún seguían vivos pero ya no se pudo salvarlos"

Tres de las víctimas murieron sin hijos. Sólo Pulpino peleaba por abrir esta fosa

Tres de las cuatro víctimas -Victorino Tejerino Reyero, Antonio Pérez Reyero y Domingo Largo Rodríguez- eran solteros y no tenían hijos. Sólo Pulpino, hijo de Gumersindo González, ha seguido los trabajos de exhumación con la inquietud del que busca algo que es suyo. "Lo mataron a los 34 años. Yo tenía entonces cinco, una hermana de siete y otra de tres. Pasaba siempre por esta carretera, sabiendo que estaba por aquí, pero hasta que la asociación me ha ayudado no lo he podido sacar", relata.

Pulpino lleva queriendo rescatar el cuerpo de su padre de una fosa anónima toda la vida. "Al principio, nadie en el pueblo quería contarme nada, porque aún tenían miedo, pero al final un hombre me contó que su padre, que trabajaba cerca, vio las luces del camión y oyó los tiros de noche. Cuando se hizo de día y fue al sitio al día siguiente algunos aún seguían vivos. No sé si alguno de ellos sería mi padre, pero ya no pudieron hacer nada por salvarles y les enterraron los propios vecinos".

Gumersindo González era zapatero. Vivía en Santa Olaja de la Acción, un pueblo cercano. Las otras tres víctimas, que murieron sin hijos, eran gente de campo afiliada a sindicatos agrarios. Victorino y Antonio eran primos y naturales del municipio de Prado de la Guzpeña. Domingo Largo Rodríguez era vecino de Taramilla. Es prácticamente todo lo que se sabe de ellos tres, "porque, desgraciadamente, les asesinaron antes de que pudieran formar una familia" y en este caso, no ha habido hijos, como Pulpino, para contar quiénes eran.

En 73 años, Pulpino le ha dado muchas vueltas a lo sucedido. Hoy está convencido de que su padre acabó donde acabó por un enfrentamiento ridículo con un vecino. "Creemos que fueron a por mi padre porque le denunció un vecino con el que se había enfrentado por el regadío. El enfrentamiento había sido de soltero, pero debió de darle igual denunciarle cuando era padre de tres hijos", lamenta.

Pulpino está un poco decepcionado porque entre los objetos personales hallados en la fosa -un par de gemelos, un peine, un mechero...- no ha aparecido el reloj de su padre. "Después he sabido que, además de matarlos, los falangistas les quitaban todo lo que tenían de valor. Me han contado la historia de un hombre del pueblo que tenía una chaqueta muy elegante y cómo un día un falangista apareció con ella puesta. Le había matado".

El equipo de expertos que ha trabajado en esta exhumación, encabezado por el arqueólogo René Pacheco y el antropólogo forense Derek Congram, que ha venido desde Canadá para ayudar a exhumar fosas de la Guerra Civil, recogía ayer los restos hallados para llevarlos al laboratorio. Allí analizarán las lesiones de los huesos y sabrán en qué condiciones murieron. Aunque los cráneos agujereados por impactos de bala revelan ya un dato: los asesinos miraron de frente a sus víctimas antes de matarlos. Uno de los cráneos tiene el orificio de entrada del proyectil sobre los ojos.

Pulpino ya tiene planes para su padre si le confirman que uno de los esqueletos hallados en esta fosa es él. "Lo enterraré en un nicho, con el resto de la familia, y le haremos un funeral". No le dio tiempo a acumular muchos recuerdos de él porque tenía cinco años cuando se lo llevaron, pero cuando piensa en su padre le ve en bicicleta: "Tenía una de carreras preciosa, y ¡entonces nadie tenía bici!".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de agosto de 2009